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Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

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Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Diana Belmore el Sáb Jul 01, 2017 8:01 pm

Aquella mañana en particular el cielo estaba despejado. Diana había sido lo suficientemente inteligente para pedirle a Aerys el permiso de elegir su habitación. Estaba en la misma ala en la cual dormía cuando era pupila de los Targaryen. Le gustaba porque daba al mar y no a Desembarco del Rey, el aire marino disminuía  el olor a mierda de la ciudad. Ese era uno de los ítems en su lista de tareas. Obligaría a los consejeros a que eliminara el olor de la ciudad. Era una vergüenza para el Reino que su capital oliera tan mal.

Tenía las manos apoyadas en la formación de piedra que fungía de varanda en la terraza y sus ojos violetas observaban con cuidada atención el desarrollo del puerto. En la lejanía era poco lo que se apreciaba pero ella inspiraba para llenarse los pulmones del aire matutino, del nuevo día que estaba por venir. Su vida nunca había sido mejor, estaba de nuevo con Aerys sin el estorbo de Rhaella, su hija sería posiblemente la futura reina y su hijo era el Señor del Valle. Aún había cabos por atar pero por lo pronto era feliz.

-Mi señora…- Llamó una de sus doncellas haciendo una profunda reverencia y sin verle a la cara. Diana giró suavemente la cabeza antes de asentir dándole permiso a hablar. La muchacha que apenas le había visto por el rabillo del ojo procedió -Está todo listo- Indicó, manteniendose en aquella posición -Perfecto. No lo molesten, primero entraré yo- Si algo sabía la Viuda Blanca era de cuidar a sus parejas. Más cuando se trataba del Rey de Poniente. Las atenciones que hacían el 95% de aquellos que le seguían eran basadas en temor, Diana, por el contrario, se guiaba por otros sentimientos.

Movió su cuerpo con la gracia que le era propia, aquella desarrollada en años de experiencia en la corte. La mujer tenía muy bien entendido cómo debía comportarse una dama, una madre, una esposa y una espía. Todas habilidades que le eran inherentes.  El destello de su vestido plateado y lila cegó a la doncella mientras Diana pasaba por su lado ignorandola deliberadamente mientras un guardia real abría la puerta. La Querida del Rey asintió en agradecimiento y salió al pasillo que bullía de energía, aunque los suspiros y susurros murieron en cuanto vieron su soberbia figura. Aquello le encantó pero su rostro no demostró ninguna expresión.

Devolvió los saludos con un gesto casi cálido y se fue directamente hacia los aposentos de Aerys, quien según lo notificado, ya estaba despierto. Esperó a que fuese anunciada y le dieran permiso de entrar. Cuando lo hizo, sonrió con gracia -Mi Rey- Dijo mientras se inclinaba con fervor ante él buscando su mirada -Si os apetece, he preparado un desayuno para que compartamos juntos. Hace un día espléndido y me encantaría compartirlo con vos, aunque reconozco que teneis tareas más importantes que prestarme atención- Explicó en un suave tono de voz y aún en reverencia.





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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Aerys II Targaryen el Dom Jul 02, 2017 9:37 pm

Los ojos le ardían al Rey de Poniente cuando el día comenzó a exigir su despertar. El castillo comenzaba a llenarse de bullicio y los rumores de la ciudad llegaban como ecos ahogados a sus oídos, de modo que poco a poco no tuvo más opción.

Sus músculos se resistían al esfuerzo de incorporarse, y los últimos meses habían drenado de energía a su cuerpo, más su espíritu se encontraba radiando energía.
Después de tanto tiempo de ver enemigos en las sombras, por fin había podido ponerles un rastro y un nombre. Ya no eran espíritus acosadores, sino cadáveres de enemigos y traidores que adornaban el suelo donde el Rey se alzaba.

Los salvajes del norte, las mierdecillas piratas, los deshonrosos de los Ríos y la traidora de su esposa. Todos habían muerto de hambre, bajo su espada, o en el lodo.
Desde hacía un mes todo se había tranquilizado. Las batallas se habían detenido, todos los nuevos señores y lords le habían jurado lealtad, y su cabeza estaba ligera como una pluma.
Aunque la traición de su esposa fue una sorpresa, no podía evitar alegrarse de que ella ya no fuera parte del panorama.
La noche de la ejecución de Rhaella, cuando la cabeza del rey por fin descansaba en su lecho, una visión acudió a él en busca de refugio e iluminación.
En su visión se encontraba una imagen añeja, o aún más, de él mismo otorgándole su corona a un Viserys adulto, en su plenitud, con la altura de un rey y el cuerpo de un guerrero. Los cabellos de ambos brillaban a la luz de un fuego morado que titilaba pícaro a su alrededor. Viserys tomaba la corona de manos de su padre, y guiaba una sombra gigantesca sobre Poniente.

Aerys había traducido sin ayudas de nadie lo que ese sueño significaba, y cada día despertaba sonriendo, sin importar cuan cansado se encontrara.

Al día siguiente había convocado a Diana Belmore al palacio, su antigua amante, a quien había otorgado el deber de reemplazar a los Arryn, debía ahora abocarse a consentirlo a él.

-Muy bien, haganla pasar.- Solo un pantalón suave cubría el cuerpo del rey, alguna otra cosa habría herido su frágil piel.

-Muy querida… - Aerys no la llamaba así por formalidad, realmente, desde que su vida se hallaba libre de la culpa de haber lastimado a su esposa, y de que ella no lo amara realmente, por fin podía llegar a sentir algo por alguien. Un sentimiento frágil, tierno y delicado como una copa de cristal, o más bien, necesitado de cuidado como un recién nacido.
Un sentimiento que de recibir un solo mal trato, podía terminar en el infierno ardiendo en Poniente.

-Que bueno verla… Mi mente requería de algo más que el recuerdo bullicioso de los salvajes siendo calcinados… -

Una pequeña risa escapó de su boca, porque sí, en el fondo, aún era el mismo Aerys.



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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Diana Belmore el Miér Jul 05, 2017 9:56 am

Su rostro se mantuvo impasible mientras su mirada se encontraba con la de Aerys, aquel que había sido su gran amor juvenil y que en algún momento de su vida, cuando tuvo una vaga inocencia creyó que sería su esposo; pero al verlo tan perdido de salud, por culpa del embate de las guerras y aquel maldito secuestro le dolió. Pero no lo mostró, por el contrario, sus labios se curvaron en una sonrisa grácil escuchando su comentario.

-Quiero creer que, aunque placenteros, mi voz le causa mayor gracia, mi rey- Le dijo acercándose y dejándole un beso en la mejilla con cierta intimidad que compartía pero tampoco quería imponerse demasiado. Bien conocía que aunque el Aerys del que ella se había enamorado estaba ahí, en algún lado; las traiciones de sus súbditos, de la misma Rhaella y su descendencia habían causado estragos en el joven que ella había conocido con lo cual podía reaccionar de maneras muy diferentes a cada cosa que hacía. Cerró los ojos con suavidad al hacerlo, dibujando una sonrisa mucho más cálida  y pasando una mano por su hombro con mucha delicadeza para regalarle una caricia.

-Si no es de mucha molestia, he pedido a la servidumbre que nos preparara un desayuno ¿Os gustaría que los hiciera pasar para poder comer juntos? - Cuestionó acercándose hacia el balcón para correr un poco más las cortinas y abrir los ventanales, esperando que así la brisa marina de la ciudad que le pertenecía le renovara tanto como lo hacía con ella -Es un magnífico día. Un día ejemplar- Indicó con una sonrisa, volviendose con una gracia femenina y coqueta hacia Aerys aunque sus ojos brillaban con la inteligencia de quien viene con un plan.

-Mi querido…- Susurro finalmente buscando un asiento cerca de él para hablarle con dulzura -El Día del Nombre del príncipe Viserys se acerca… ¿Te gustaría que celebraramos por todo lo alto? Os lo mereceis… Habeis replegado a toda la escoria de Poniente, sois nuestros gloriosos regentes y el pueblo debe ver el poder de la casa Targaryen. Y no os preocupeis, os juro que me encargaré de cada detalle para que no os preocupen con nimiedades- Indicó Diana y en su voz se denotaba cierta emoción, después de todo, las damas de Poniente debían ser excelentes anfitrionas y aunque ella misma no quería cerrarse en torno a ese estúpido adjetivo, únicamente, sabía que la reunión de los vasallos les permitiría saber en qué situación estaba cada reino y conocer qué era lo que ocurría.

De alguna manera, Diana se encontraba extasiada y no sólo por estar donde estaba políticamente hablando, tampoco porque sus hijos estuviesen asegurados (con pequeños cabos por atar, pero bien); sino porque estaba justo al lado de Aerys.




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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Aerys II Targaryen el Dom Jul 09, 2017 9:50 pm

La respuesta de Diana rescató una sonrisa del rostro demacrado del rey. Su piel se tensó mientras sus músculos recordaban aquel fugaz sentimiento.
Cualquier otra persona vería en Aerys solo locura y fuego, pero aunque ver el rostro en pánico de sus vasallos era la diversión diaria del rey, también le fascinaba el.hecho de que Diana veía también el gran rey que era, y lo poderoso de su nombre.
Posó su mano sobre el rostro de la mujer cuando está le besó, un intercambio que tenían desde que la había convocado a su lado, y al alejarse acarició el cuello suave de la mujer. Era ya una mujer grande, enviudada y madre de dos, pero Diana Celtigar, como Aerys la había conocido, seguía siendo una de las mujeres más bellas de Poniente.


Más que eso mi Lado, más que eso.-


Usando gran parte de sus fuerzas, el Rey se puso de pie, dejando que la tela de sus pantalones se estirara, al igual que la piel de su pecho. Aún se observaban en él ciertas marcas, producto de enfermedades que no le daban tregua. Sin embargo tras la muerte de su hermana, el Rey solía comentar todo el tiempo lo bien que su cuerpo se sentía últimamente, y con esas insinuaciones y muchas más, el Rey le hacía saber a todos que se alegraba de la muerte de su esposa, la traidora, y que no quería que nadie la recordara.

Camino hacia una esquina de la recamara, donde un pedestal lapislázuli sostenía un cuenco dorado, decorado como un dragón dormida.
Al acercarse se inclinó y observó que su interior ya había sido volcada agua cristalina y fresca. Observó su reflejo en la superficie paciente, solo cortado por las especias que en el fondo del cuenco mataban enfermedades, según allegados al Rey.
Mientras se echaba el agua en el rostro, dejaba que lo demás mojara su pecho enfermo y débil.
Estaba respondiéndole a Diana al terminar de lavarse, cuando de pronto un haz de luz cruzó la habitación con velocidad asesina, y se detuvo frente a sus pies.
La taquicardia que aquello le produjo demoró su respuesta, pero al volver en sí, la rugió a la mujer que la cerrará.


¡¡Cierra eso mujer!! -


Se quedó allí, quieto y frágil frente al miedo que el exterior le provocaba. La luz es vida, y la vida es muerte para el Rey, el Rey de los enfermos y las torturas. Aerys, el terror de Poniente, quien se quiebra frente a un rayo de sol.



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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Diana Belmore el Sáb Jul 15, 2017 3:35 pm

Una sonrisa suave se deslizó en los labios de Diana pensando que cuando se convirtiera en Reina, le daría a  Aerys todo lo que había buscado en la maldita dragona. Sería ella la que traería paz al Reino, porque Aerys era un Rey Digno, que había sido mal aconsejado, que se había vuelto paranoico pero ahora...Con todos los traidores caídos debía cumplir su deber como Rey y mantener a su pueblo. El susurro de la falda de su vestido se vio sólo  opacado por la caminata de Aerys, Diana lo siguió con la mirada notando que, según ella,  caminaba mejor. Él no paraba de decir que se sentía mucho mejor con cada día que amanecía y ella se atribuía todo el mérito y extendía los rumores de aquella mejora, apuntándola solo a ella.

El grito que pegó Aerys la dejó congelada en el momento, apretó y clavó las uñas en las cortinas al correrlas manteniendo el rostro sereno. Odiaba que le gritaran,  nadie lo hacía porque ella era muy superior a todos los demás. A todos a excepción de Aerys. Aquello la llenó de frustración por una milésima de segundo, sabía perfectamente que no debía demostrar nada -Por supuesto, mi Rey- Señaló y se giró hacia él con una sonrisa, inclinándose en una leve reverencia para asegurarle que todo estaba en orden y le complacería en lo que deseara.

-Si os apetece, haré que coloquen unas cortinas mucho más oscuras. Será más agradable durante el día- Expresó notando la diferencia palpable respecto a las reacciones con los rayos del sol. Tras ello cambió el tema, haciendolo de nuevo respecto al cumpleaños de Viserys… Y más adelante la boda de los chiquillos, debían concretar ese pequeño detalle cuanto antes.  Mientras le dejaba asearse fue a buscar un jubón suave de color negro, con bordado en rojo en las mangas y en el cuello, así como el blasón de su casa en el lado izquierdo. Era de una preciosa calidad. La mujer acarició con suavidad la forma del dragón y se mostró pensativa por primera vez ese día.

-Aerys, cariño. El dragón debe tener tres cabezas-
Susurró volviendo su vista hacia él mientras le acercaba el jubón acariciando con suavidad las cabezas de los dragones -¿Es Aegon una de ellas?- Frunció el ceño, ciertamente extrañada -¿Y Rhaenys? Porque es evidente que vuestro hijo Viserys es la segunda, pero a las leyes de Poniente el pequeñajo dorniense es el heredero. El heredero de su padre, el traidor- Explicó, se humedeció los labios -¿Por qué no aprovecháis el torneo y cumpleaños del príncipe Viserys para nombrarlo vuestro hered…- Dejó la frase en silencio un momento mientras observaba  las profundas orbes violetas de Aerys, luego negó con la cabeza -Los dornienses lo tomarán como otra afrenta y dejarán de proteger la frontera sur de los piratas…Tenemos que deshacernos de la piratería ¿Qué está haciendo Lord Alester al respecto?- Soltó un suspiro exasperado  -Malditas costras. Hay que quemarlos a todos- Dijo deseando, con todo su corazón, que volvieran a tener dragones. Todo sería más fácil. Y aunque había tenido un arrebato evidente, cerró los ojos un momento y respiró tranquilizándose. Abrió el jubón para empezar a ponérselo con cuidado.




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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Aerys II Targaryen el Dom Jul 16, 2017 5:05 pm

De todas sus amantes, Diana siempre había sido su favorita. El hecho de que hubiera crecido con su familia, y que llevara sangre valyrio en sus venas solo la volvían más y más adecuada para ser su amante. Claro que todo eso terminó cuando Aerys se vio en la necesidad de hacer un voto para poder tener un hijo que viviera lo suficiente.
Pero ahora que tenía a Viserys y que Rhaella había muerto, el Rey se encontraba libre para volver a tomar a la mujer que quisiera. Y durante estos primeros meses había sido Diana.
Aerys tenía en vista varias doncellas para tomar, pero la forma en que Diana lo idolatraba lo mantuvo cautivado por meses.

Como en el momento en el que le gritó. Estaba preparado para acercarse a ella y degollar la bajo sospecha de traición, pero su respuesta y su actitud generaban confusión en el dragón interior de Aerys.
Un soplo furioso escaló por su garganta mientras ella se inclinaba. Dócil y obediente. Eso le gustaba al rey.

El siguiente silencio fue tan delicado como incómodo mientras Aerys se terminaba de lavar y con la indiferencia digna de un rey ignoraba a su amante.
Ya no confiaba en nadie, pues sabía que todos eran traidores al final. Su propia esposa y su hijo le habían enseñado eso, pero esta verdad había traído paz a su mente, pues la sombra de la traición ya no estaba oculta, eran todos los que lo rodeaban, todos los que de lejos lo vigilaban, todos.

Aerys levantó sus brazos junto a su cuerpo, esperando de Diana la de vestirlo. Si quería estar a su lado, debía saber sus deberes, y hasta dónde podía llegar, o él se lo demostraría.

-No.-

No dijo más. El rey no se justifica ante nadie. Pero fue fascinante verla desvariar respecto al estado actual de su posición, después de todo, parte de la razón por la que la había convocado a su lado, era porque quería la información que no llegaba a sus oídos, esa información que se pierde entre los señores y su consejo. Y Diana iba a ser quien se la consiguiera.

- No necesito que me.digas cuantas cabezas tiene el dragón.-

Se giró hacia ella para quedar cara a cara. Por un momento se mantuvo en silencio, con su mirada hundida en los ojos de la mujer, amenazando y a la vez rogándole. La mano izquierda del rey escaló como una araña por el vestido, hasta la mandíbula de la dama, donde se cerró justo antes de lo que le provocaría dolor. No era necesario, pero el Rey quería que lo observará fijamente y sus palabras se grabarán con fuego en su mente.

- Yo soy el dragón. Y mis herederos lo serán cuando y como yo lo diga.-

Claro que no se refería solo a Viserys, ni a los hijos de Rhaegar el traidor. Sino también a los hijos bastardos que tenía con mujeres dignas de cargar su semilla. Eran cuatro los bastardos, el plan de emergencia del Rey. Aquellos cuyos nombres solo dos personas sabían.


- Lord Alester es MI mano por si lo olvidas mi querida. Y está haciendo lo que yo le digo que haga-

Terminó su frase con un beso robado en los labios de la mujer. La beso al tiempo que soltaba su rostro, y siguió besándola un rato más. No eran los labios de su hermana, ni tampoco los de una vasalla común, eran los que él había elegido, una mujer digna de disfrutar la compañía del dragón, y de cargar su semilla como en el pasado. Esto provocaba que el calor de sus labios y la dulzura de su boca fueran el vicio del rey.
Pero hablaba demasiado, y eso le causaba muchas desconfianza.

- Seguís hablando Lady Celtigar, pero vuestro rey está hambriento, y ahora mismo vuestros deseos de conocer cómo se maneja mi reino no es parte de MIS deseos.-

Era su querida, sí. Le fascinaba su comportamiento, sí. Escuchaba sus palabras con atención, como solía hacerlo con Rhaella hace muchos años, sí. Después de todo, par él seguía siendo Diana Celtigar, pues nunca había conocido otro que no fuera él, nunca lo había abandonado.

Podía tratarla bien, pero no. Todo lo que quedaba en Aerys era una cáscara de odio y miedos. Ella creía que podía rescatar en él algo de su pasado, tal vez seguía viéndolo como el joven valiente y deseoso de vivir que en algún tiempo fue.
Pero si ella no lo lograba, que le pasaría al reino que le importaba menos que la mierda en la mañana.

- Ahora comamos, mi querida. Y cuéntame quiénes se presentan al cumpleaños de mi hijo. Y con quiénes vale la pena perder mi tiempo.-

La llevó hasta mesa que habían colocado y la sentó en una silla, tratándola como la dama que era. Pero antes de sentarse en su silla se inclinó junto a su oído.

-Y también... sonríe para tu Rey-

Eso era lo que me le gustaba de Diana. Acostumbrado al rostro de terror de Rhaella, la sonrisa de la Celtigar cuando lo acompañaba era una de esas cosas que de perderlas, el Rey loco que quemó a sus enemigos el sello de su casa en el pecho, aquel que torturó a lords y señores, sería un bello recuerdo.



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Re: Esto es lo que se debe hacer, doncellas - Aerys

Mensaje por Diana Belmore el Dom Jul 16, 2017 9:07 pm

La respuesta fría de Aerys le dijo que estaba enojado. Por supuesto, acostumbrado a la docilidad de Rhaella, a su enfermizo rostro sin devolverle la mirada, Aerys creía que Diana actuaría como ella. Pues estaba equivocado. Fue entonces cuando la dama se dio cuenta de que caminaba sobre hielo muy quebradizo y que las más peligrosas cartas del mazo de su vida estaban allí, al alcance de una palabra. Si Aerys esperaba que Diana se volviera a inclinar estaba equivocado, le sostuvo la mirada con severidad. Por si al Rey Targaryen se le olvidaba, la sangre de la vieja Valyria también corría por sus venas. Su rostro se mantuvo sereno pero firme pese al gesto de Aerys de tomarle así de la mandíbula.

-No dije lo contrario, mi Rey. Dije que sería idóneo el torneo- Advirtió, no obstante, la forma en la que Aerys había formulado aquella frase le hizo un nudo en el estómago. La imagen sagrada de Darren y Priscila voló  a su mente. Su hijo estaba protegido por el Valle pero aún así su poderío no era tan sólido como se esperaba. Durante siglos los pueblos del Valle confiaron su protección en las águilas, Darren debía demostrar que era suficientemente hombre para hacer lo mismo. Hacer crecer el Valle, recuperarlo de la guerra, tal como ella había hecho con Rapsodia.

“Pues deberías vigilarlo más y no comerte todas sus mentiras”. Lo pensó, pero no lo dijo. Su lengua venenosa debía cuidarse un poco más si quería que su cabeza estuviera sobre sus hombros -¿Lo hace?- Le preguntó y esta vez su tono de voz fue de alerta,pero sobre todo diferente porque la entonación de sus sílabas fue en alto valyrio. La lengua de los dragones, la tierra que hace más de cinco mil años atrás había creado los linajes que ahora los habían llevado hasta ese punto. Era delicioso poder hablar con alguien que entendiera la lengua de los dragones. No esperó respuesta porque sus labios se encontraron con los de él, Diana cerró los ojos y le devolvió el beso mientras arreglaba los últimos detalles del jubón a ciegas y, aún así, a la perfección. Al separarse, su mirada violeta brillaba mientras se posaba en la de Aerys. Odiaba cómo podía besarla de esa manera y luego hablarle de “Lady” y protocolos. No obstante, ella entendió la indirecta y movió la cabeza mientras hacía una reverencia pequeña -Como vuestra majestad ordene-

Fue a dar la orden de que ingresaran con el desayuno, las bandejas ingresaron con la misma premura con la que los sirvientes salieron. Diana sirvió vino con cuidado, dejando los vinos de El Rejo para el Rey y bebiendo el que venía de Dorne. Se sentó y sonrió de lado ante la orden de Aerys, continuó hablandole en alto valyrio -Lo único que hago es serviros- Musitó y le sonrió de manera brillante. Se sirvió de una servilleta antes de elegir algo de fruta y pensar en lo que había oído o le habían comentado -Prácticamente toda la nobleza de Poniente acude a vuestro llamado, mi Rey… Pero hay algo que quiero comentaros…- Expresó con una sonrisa sardónica sacando de su bolsillo un pañuelo bordado -Es un presente de Lady Royce, Ysilla es su nombre, la única dama de la casa Royce; quien me ha escrito para un encuentro familiar… Ya conocerás su intervención durante los sucesos del valle, querido- Expresó y con la uña de su dedo índice aruñó el bordado -Pero por sobre todas las cosas, ha pasado por encima de Darren...Me ha escrito a mí directamente- Dijo, antes de soltar un suspiro exasperado - Eso no le dará más poderío a Darren, es una tontería. No va a casarse con nuestro hijo- Agarró el pañuelo y lo tiró al otro lado de la mesa, al piso.

OFF: Valyrio - Lengua común




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