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El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

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El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Viserys Targaryen el Vie Ago 04, 2017 8:24 pm

El sol se estaba poniendo y la noche comenzaría a imperar en Desembarco del Rey muy pronto, y en especial en la Fortaleza Roja. Las celebraciones por su día del nombre habían terminado y Viserys sabía que más pronto que tarde, terminaría zarpando rumbo a Rocadragón. Esperaba que el maestre Unwin se hubiese encargado de todo en su ausencia, y deseaba que, por alguna de esas maravillas de la vida, el Príncipe Aegon hubiera muerto. Los niños tenían muertes súbitas y todas esas cosas... ¿Tanto le costaba al Desconocido llevarse a ese renacuajo? Pero no importaba, sus súplicas a los dioses habían caído en oídos sordos, la mayoría de las veces ¿por qué en esa ocasión tendría que ser distinto?

Se encontraba en una de las galerías de la Fortaleza Roja, observando al horizonte por una de las ventanas, mirando el amplio mar que se extendía ante él y que, debido a las luces de la tarde y al reflejo del cielo sobre el agua, también se veía enrojecido.
"Un mar de sangre... Que curioso." pensó Viserys, divertido.
Necesitaba un último encuentro antes de zarpar a la fortaleza que, por derecho, le correspondía al legítimo heredero del Trono de Hierro. Aún no sabía cuando lo haría, pero la fecha seguramente estaba cercana. Como era su costumbre, sus infalibles espadas estaban junto a él. Sus ojos lilas seguían clavados en el ir y venir de las olas. Recordaba que hace algunos años, en ese lugar, había pasado algo de cierta importancia... Algo con una persona en particular. Cerró los ojos y entonces murmuró a sus seguidores:
- Traed aquí a lady Lynesse Hightower. Y luego desapareced. Quiero hablar a solas con ella.
Los sobrinos de la Mano del Rey asintieron al unísono y se retiraron.

Ahora solo, Viserys continuó observando la lejanía... Había visto a Lynesse en la fiesta, pero apenas había hablado con ella. La mujer no se había acercado a donde se encontraba y él tampoco a ella, ocupado con los invitados y con el lío que hubo con lord Lannister, sin mencionar que no habría sido correcto considerando la presencia de su prometida.
El Príncipe se llevó una mano a los labios, delinéandolos ligeramente con sus dedos... ¿Cuánto tiempo había pasado? Recordaba que había sido en ese punto exacto donde a había besado a la dominense, por vez primera. Luego y hasta que Lyn abandonó Desembarco, le siguieron muchos besos más y situaciones más... subidas de tono, pero que no habían llegado a feliz conclusión, principalmente porque ambos eran conscientes de que era una locura.
¿Cuánto tiempo había pasado sin verla? ¿Habría cambiado en algo? Desde la última vez, había habido una masacre en el Dominio, masacre que implicó a ciertos miembros de la Casa Hightower, gracias a la actual Mano del Rey y señor del Dominio. No, dudaba que los señores de Antigua le guardasen afecto al Trono de Hierro, en especial si seguían apoyando a lord Florent.

- Majestad.- escuchó la gruesa voz del alto ser Imry y se giró un poco, para ver a sus espadas... Detrás de ellos estaba Lynesse.
Viserys los miró de arriba abajo e hizo un leve gesto con la mano, para indicarles que se retirasen, cosa que cumplieron al instante, dejándolos solos. Soltó un suspiro muy suave y luego miró a la mujer, haciéndole una seña con la cabeza para que se acercara. Una vez estuvo a su lado, Viserys miró de nuevo hacia el horizonte.
- Para comenzar... Ahórrate las posibles formalidades que estés a punto de soltarme, Lynesse. Sabes que conmigo no las necesitas cuando estamos solos. - se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos sobre el alféizar de la ventana y aún con sus ojos lilas mirando la enorme extensión de agua frente a él. - No recuerdo que tu primo, el señor de Antigua, ni tú hayáis venido a presentar vuestros respetos a la mesa durante la celebración. De él, no me importa. Que se lo coman los cuervos.- se encogió de hombros y agregó: - Pero... ¿de ti? Debo decir que es algo... decepcionante.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Lynesse Hightower el Vie Ago 04, 2017 10:51 pm

Era extraño… extraño y curioso a la vez el volver a caminar los secretos senderos que en algún momento había considerado su hogar y que ahora tan sólo parecía un recuerdo perdido en la bruma del tiempo… y sin embargo no era tanto lo que había pasado si lo pensaba en días, o incluso en años, más no podía evitar sentir como que había pasado una eternidad… o quizás era tan sólo que demasiadas cosas habían ocurrido en poco tiempo: el asesinato de su hermana, su cuñado y sobrinos, la rebelión que se había alzado y apagado como si fuese una llama a la que un par de dedos hubiesen aplastado, el aparente cambio de bando de algunos, y las siempre presentes viejas lealtades.

No podía evitar preguntarse cómo se sentiría Arthur Dayne tras todo lo que había pasado, y, de la misma manera, no podía llegar a precisar el cambio operado en Viserys, aún cuando había podido intuir que algo en él había cambiado. ¿Se había vuelto más cauto? ¿O tan sólo era más desconfiado? ¿Realmente se sentiría atraído por el corderito que le habían puesto de prometida? ¿Él, justamente? No, los Dragones comen cordero, no los aman. Algo de acuerdo a su manera de pensar no acababa de cerrarle, aunque tal vez pudiera ser que en efecto se sintiera atraído por el contraste… pero ¿hasta cuándo? ¿Cuánto faltaría para que la fiel Priscilla acabara exactamente igual que Rhaella? Porque Viserys no había dejado de ser hijo de su padre, aún cuando ella sabía perfectamente que albergaba bondad en su forma de ser.

Caminaba perdida entre las rosas, aquellas que indefectiblemente le hacían recordar el tiempo que había pasado más de una vez junto a su hermana en Altojardín, y la nostalgia -como una puñalada que se mantuviera siempre presente- le robó un suspiro mientras sus dedos rozaban los pétalos de la flor más blanca que había podido encontrar.

De repente una voz resonó cerca suyo, y debido a la sorpresa acabó lastimándose un dedo con una espina. ‘Su alteza la espera’, le informaron, y por un momento se preguntó para qué podría quererla Aerys; no es que Lynesse tuviera por costumbre amedrentarse, más cuando le aclararon que no se trataba del rey sino de su hijo sintió cómo los músculos de su espalda se relajaban.

-Debo ir a mi cuarto en busca de algo. Si gustáis podéis acompañarme, de lo contrario por favor indicadme dónde está el Príncipe y me acercaré hasta el lugar que me digáis -comentó. Los hombres -al parecer de la casa Florent, por lo que pudo observar (detalle que no pudo sino acentuar los latidos de la herida en el dedo)- se negaron a dejarla marchar sola y la siguieron hasta sus aposentos, aguardaron que cogiera lo que necesitaba y la llevaron al lugar dispuesto por el Joven Dragón.

El alto guardia iba a anunciarla apenas se asomaron a la galería, más un gesto de ella logró frenarlo. Lo vio parado contra la ventana delineándose los labios con sus dedos y algo en ella se removió. ‘El recuerdo no es sólo mío’, se dijo, y no pudo menos que sonreír, no importaba ya cuánto se dijera que amaba al cordero, el Dragón aún anhelaba a la Torre que antaño lo albergara, una que había sabido ser el Faro que le indicara la vuelta al hogar…

Lo vio agacharse contra la ventana: plata contra el rojo del cielo y del mar. ‘Los Ocho no incluyen a tu padre’, pensó en un acto de pura rebeldía, ‘Los Ocho te incluyen a ti’, se dijo, aunque no fuera jamás a asumirlo en palabras.

Sin embargo, el alto guardia rompió el encanto de la escena llamándolo. ‘Majestad’, dijo simplemente, y de repente la abstracción y la magia quedaron por un momento de lado.

Estaba molesto, sí, no hacía falta demasiado para darse cuenta y Lynesse había aprendido a leerlo hacía tiempo atrás. Pero… ¿estaba molesto con ella o con todos los demás? ¿Y si lo estaba con ella… por qué era? ¿habría siquiera una pizca de celos en su alma? ¿O la había relegado a ser tan sólo un recuerdo?

Si sus presunciones no eran erradas, Viserys nunca había sido bueno compartiendo lo que consideraba suyo, una importante razón por la cual solía pescarlo a veces mirándolo mal si Rhaegar la miraba. ¿Toleraría mejor la idea de que estuviese prometida a Robert Baratheon que cuando niño pensaba que había algo con su hermano?

Se acercó a él, tras su seña. Contrariamente a lo que él habría supuesto de haber podido hacerlo no se habría disculpado, en cambio podría haberle regalado una caricia, una que ahora tenía vedada por la muralla del compromiso… aunque quizás habría valido aclarar que tenía más que ver con el suyo que con el de ella. ¿Estaría él dispuesto a romper los votos? ¿O al final de cuentas también en eso sería hijo de su padre?

-Me alegra oírte decir eso, Viserys -le dijo, retomando el tono en que se hablaban antaño. ¿Asumiría aunque más no fuera para ella lo mucho que había extrañado su presencia? ¿Había sido consciente de ello el tiempo en que habían estado alejados? Se había mantenido entretenida, jugando con las piezas del tablero pero… ¿habría alguna vez un oponente tan letal y al mismo tiempo tan deseable como él? Pensó en Robert Baratheon, su venado prometido mientras miraba al mar, y volvió la vista a los alilados ojos del Dragón y supo que sin importar cuánto tratase de conformarse no había manera de comparar.

-¿Me extrañaste acaso? -le dijo, coqueta y divertida, sonriéndole con aire angelical.- Parecías bastante... entretenido… o así pareció… ¿Disfrutaste el baile, Viserys? ¿Te ha gustado la fiesta? ¿Hubieses preferido que fuera a saludarte en ese momento? -le preguntó con toda malicia e intención, aún con su aire de inocencia.- Lo más probable es que no te hayas acordado de mi ni por un momento desde que nos vimos por última vez… -agregó con un suspiro de dolor.- Y sin embargo yo te he tenido presente todo el tiempo... -acotó luego en un susuro audible, casi como al pasar.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Viserys Targaryen el Sáb Ago 05, 2017 2:42 am

La voz de lady Lynesse era dulce, suave, intoxicante. Le hacía recordar a ciertas historias que corrían acerca de Lys. Se decía que en aquella Ciudad Libre, de legendaria belleza, el veneno era moneda corriente y que uno podía encontrar la muerte allí con mucha facilidad, aunque en ocasiones la muerte era indolora, casi dulce, por la misma calidad de las sustancias letales que se producían allí. La voz de Lynesse podía arrastrar de la misma manera a cualquier hombre de voluntad débil: podía llevarlo a su muerte. Una muerte sin duda dulce, pero muerte al fin.
Preguntó si la extrañaba... ¡Habráse visto! ¿Cómo tenía el valor de hacerle semejante pregunta a un príncipe?
Pero si. No quería reconocerlo, pero era la verdad. La había extrañado. Y por eso mismo le dolía que no se hubiera acercado a saludarlo en el banquete.

El dragón bufó, algo hastiado. Giró un poco su rostro para ver a la dama del Dominio, con una ceja ligeramente arqueada... ¿Cómo era que lady Lynesse podía comportarse así? Siempre se iba a preguntar como lo lograba. Como conseguía ejercer un dominio tan magnético sobre él. Estaba entre las pocas mujeres que podrían hacerle perder realmente la cabeza... Aunque gracias a los consejos de lady Diana, Viserys se tomaba todo con mucha más calma y de manera más fría y calculadora. Desconfiaba prácticamente de las intenciones de todos... Y de aquellos que eran sus más cercanos o habían sabido serlo, particularmente.
Viserys no era imbécil. Sabía que los Hightower habían sido especialmente perjudicados con el cambio de poder en el Dominio y que probablemente tuviesen cierta rabia ante la Corona. Después de todo, Alester era la Mano del Rey y había sido quien probó la traición de los Tyrell ante Aerys. Sin pruebas de lo contrario, lo único que el dragón podía hacer era quemar enteramente a las rosas y poner al zorro en lugar de ellas. Probablemente por eso fue que los Hightower decidieron no acercarse a la mesa real en primer lugar.

Viserys giró un poco la cabeza, mirando largamente a Lynesse con sus ojos lilas.
- ¿Con qué derecho crees que no pensé en ti, Lynesse? - inquirió. Él también se había sentido algo perturbado con la destrucción en el Dominio, más no de los Tyrell, sino de los Hightower a los que Alester había tomado como objetivo. Y si se había perturbado un poco, no fue por la crueldad de los métodos, o por lo expeditivos que fueran, después de todo, si en verdad eran traidores como Alester aseguraba y había probado, no merecían misericordia... Sino por Lyn. Seguramente ella habría sufrido mucho. - Te vi en la fiesta. Pero decidí no acercarme... Después de todo, apuesto que un dragón no sería bien recibido entre las torres y ya estuve hasta la coronilla de insultos velados en mi día del nombre. No necesitaba enfrentarme a más hipocresía esa noche, muchas gracias. - se quedó en silencio aún observando el mar, escuchando el relajante y reconfortante sonido de las olas. Siempre le había gustado. Miró a Lynesse y le dijo:
- ¿Tú pensaste en mí? Me sorprende que me lo digas... ¿Puedo saber qué fue lo que pensaste? - se giró, porunos instantes dándole la espalda al mar y apoyando la espalda contra el marco de la ventana, cruzándose de brazos mientras la seguía mirando a los ojos.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Lynesse Hightower el Sáb Ago 05, 2017 3:45 am

‘Con el de saber que te comprometiste mucho antes que yo quitándome la posibilidad de una eternidad a tu lado’, pensó, y sin embargo tan sólo fue un suspiro lo que salió de su boca, imperceptible pero extrañamente sincero.

-¿Lo hiciste, entonces? -dijo con tono anhelante. ¿Qué posibilidades había de que él hubiese pasado siquiera una tarde preocupado por ella, o incluso sin preocuparse, que la hubiese pensado. Aunque soliera mostrarse como si fuera de piedra ella más de una noche había dedicado a recordarlo… y es que aunque hubiese querido sacárselo de la piel no dejaba de tenerlo grabado en la memoria, implícito en el recuerdo de un primer beso que se convirtió en un torrente y que -de haber tenido la posiblidad- podría haberse vuelto mucho más… pero quedó truncado. ¿Por qué? Porque ella tenía que volver a casa y porque él no la había sabido esperar. ‘Maldito Baelor, ni para morir fue oportuno’.

‘Es el juego de Tronos, ¿qué esperabas?’, se reprendió a sí misma. Quizás ahora en su interior él se debatía con respecto a si debía o no tratarla, si su presencia ante su persona era algo grato o debía despreciarla por haber sido pariente de traidores, por aún serlo aunque estuvieran todos muertos, hasta los niños. ¿Le habrían dado pena sus sobrinos, o el saber que habían asesinado cruelmente a su hermana? ¿O en cambio pensaría que no es más que otro acto de justicia, esa clase de justicia que aseguran la vida de unos por encima de la de otros, independientemente de si es o no justa? ¿Qué veía cuando la miraba? ¿A un enemigo? ¿A un amor de la infancia? ¿A una simple y joven mujer anhelante de una promesa que no iba a darle? ¿A la comerciante que venía a ofrecerle aquello que tenía para asegurarse su venganza? ¿Y qué veía a ella al mirarlo? Irónicamente, a diferencia de lo que pasaba cuando veía a Rhaegar, no era el acceso a la Corona lo que advertía al perderse en sus ojos lilas, sino al hombre, al margen de que al fin de cuentas la pudiese portar.

Rhaegar la había fascinado con su dulzura pero más aún por las expectativas de colmar sus ambiciones. Viserys en cambio había sido para ella mucho mucho más que sólo eso… Más aún, casi podía decirse a sí misma que hubiese entregado… ¿todo...? por perderse en sus alilados ojos, por hacerlo su hombre, por saberse su mujer. Y sin embargo ambos habían elegido a alguien más. ¿Quién era él ahora para exigirle algo? Tan sólo su futuro rey.

-Sólo que tú nunca fuiste un Dragón cualquiera, Viserys… y no habría Torre que pudiera negarte el derecho al acceso, no si hubieses deseado acercarte… y no porque fueses un Targaryen o el hijo del rey, o al menos no sólo por eso, pensé que lo sabías… por lo visto me equivoqué -agregó, desviando la mirada hacia el mar. ¿Tan poco la conocía que pensaba que tan sólo recibiría hipocresía de ella o que dejaría que su primo o alguien lo hiriese en su presencia? ¿Tanto había cambiado? ¿Tan profunda era la influencia de la titiritera blanca que lo había transformado en desconfiado y paranoico, que lo llevaba a ver enemigos incluso en donde siempre hubo (al menos) amistad? Sintió rabia en parte, rabia de saber que alguien más podía meter en su cabeza susurros que a la larga pudieran ponerlo en contra de ella. E incluso sintió más que sólo rabia… Y odió a Baelor nuevamente con más intensidad por no haber aceptado la idea de comprometerla tampoco con él. Era evidente que la Belmore los manipulaba… y le dio asco y pena pensar en que los hilos blancos pudieran llegar a atarlo tanto como a Aerys, aunque claro… ya estaba atado, ya tenía a su lado un cordero con bastón de pastor arriándole los tobillos para que baile a su son.- La muerte de mi hermana y mis sobrinos no fue ordenada por tu mano que yo sepa ¿o sí? -le dijo mirándolo en parte con desafío, en parte con tristeza.- No… no fue tu decisión, ambos sabemos quién lo hizo… y el por qué -agregó, en una clara alusión al Florent- y es un por qué que va más allá de lo evidente -Los Florent, después de todo, llevaban siglos de esperar el momento de vengarse de los Tyrell por haber sido sucesores en el mando de Altojardín. E incluso si no fuese por eso, era evidente que el nuevo Señor había estado esperando durante mucho tiempo la jugada que le permitiese aferrarse al trono con uñas y dientes, porque el poder a la larga se vuelve una adicción.

-¿Y con qué derecho crees que no podría haber pensado en ti, Viserys? -le dijo, empleando su propia expresión para atacarlo.- A veces es difícil olvidar ciertas cosas… ¿no crees? O a ciertas personas… ¿Te has mirado al espejo últimamente? -agregó sonriéndole, dándole a entender que si lo hacía sabría que no era una imagen especialmente fácil de borrar, no con esos ojos que derretían e invitaban a quemar desde el cuerpo hasta el espíritu, no con esos labios que aún podía sentir recorriéndola, no con esas manos cálidas, o con esa alma perversa y al mismo tiempo hermosa que tenía. No… definitivamente no era una imagen fácil de olvidar. ¿Podría él alguna vez opinar lo mismo de ella? ¿Podría alguien hacerlo más allá de su belleza física?- ¿Y por qué no habría de decírtelo? No es tampoco que nos veamos tan seguido como para negarme a confesarte lo evidente ¿no crees? -le preguntó aunque supuso que no entendería aún sus palabras, quizás.- Mira si no he pensado en tí que aún recuerdo la vez que me dijiste que la gente sólo sabía regalar cosas, no partes de sí mismas, y que los regalos que verdaderamente más valorabas eran esos que venían de uno mismo… -le dijo, mirando hacia el mar, y suspiró. Más luego volvió la mirada hacia él y continuó hablando mientras sentía que se ahogaba en el mar de sus ojos, uno tan parecido al mar carmesí que que se reflejaba en ellos, uno en el que se hubiese muerto y renacido mil veces para volver a morir.- ¿Y qué te han regalado en estos días? Sólo cosas. Cosas compradas pensando en tí, es cierto, pero cosas al fin, cosas hechas por otros, cosas fastuosas o pequeñas, de aquí o del otro lado del mar… pero siempre cosas, no trozos de alma, no suspiros atados con hilos de oro ni lágrimas convertidas en seda y plata. Sin embargo muchas noches tus palabras seguían persiguiéndome, aún en la distancia, y en la soledad de mi cuarto a la luz de la Luna el recuerdo de un dragón plateado al que hubiese querido iluminarle el camino para que hubiese podido llegado a buscarme a mi torre siguió acosándome, tanto que mis dedos no pudieran evitar bordarlo una y otra y otra vez… -agregó, sonrojándose ahora, y bajó la mirada, inocente, azorada por lo que estaba sin querer confesándole. ¿Había pensado llegar tan lejos? ¿Se le había ocurrido en algún momento contemplar la posibilidad de acabar abriéndose de esa forma ante él? Y aunque quería arrepentirse le resultaba tan natural… tan adecuado… tan magnético, tan como debía ser, como tendría que haber sido la última vez que lo había visto que no tendría que haber sido la última vez.- Así que este es tu regalo, Viserys… Algo humilde por supuesto, como deben ser los fragmentos del alma, pero algo mío, ya lo ves. Iba a dártelo en la fiesta pero me alegro de no haberlo hecho, no podríamos haber hablado como ahora... -le dijo, ofreciéndole la caja que tenía entre las manos, una caja dorada en cuyo interior dormía, cubierto por un pañuelo de plata un dragón de hilos de oro y ojos de amatista enrollado en un eslabón de cadena de maestre, un eslabón combinado que al mismo tiempo representaba la sabiduría y la habilidad para pelear o defender. Con el tiempo Lynesse había logrado destacarse por sus trabajos de aguja y aquel no era sino su mejor obra después de todo, porque era de las pocas que no sólo estaba hecha con gusto sino además con el corazón.- ¿Realmente dudas que pude haberte pensado? -le preguntó, anhelante, nostálgica, y alzó sin darse cuenta una mano como para acariciarlo pero se frenó a medio camino y llevó sus dedos a sus propios labios, delinéandolos como antes él hiciera.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Viserys Targaryen el Dom Ago 06, 2017 3:43 am

Las palabras que Lynesse le decía con respecto a los Hightower tenían sentido. Lord Alester Florent no había sido su Mano y él no había tenido ni voz ni voto en la destrucción de los Tyrell y parte de los señores de Antigua. Al igual que no había tenido ni voz ni voto en la muerte de Rhaegar y en muchos otros hitos que a muchos no se les olvidaban fácilmente... y, lo raro, es que por esos hitos Viserys se sentía casi tan odiado como si fuera Aerys en pinta y, aunque tuviese ciertos rasgos del Rey Loco, (después de todo no dejaba de ser su hijo, tal y como Rhaegar lo había sido) no era Aerys ni tenía intención de serlo.
Aunque creía perfectamente que Lyn podría haber evitado que su señor primo le hiciese pasar un mal momento al príncipe, el Targaryen prefería ahorrarle cualquier posible molestia o momento incómodo a la chica Hightower.
- No desconfío de ti, Lyn.- señaló, suspirando y añadió: - Y sé que, si alguien de tu familia quisiera decir algo contra mí, probablemente lo frenarías. Pero decidí ahorrarte el mal momento.

Luego escuchó todas las palabras que le dijo... ¿Le había expresado eso a ella en algún momento? ¿Lo de los regalos? Probablemente, porque era lo que pensaba. Aunque a la larga ya se había acostumbrado a que la gente, en líneas generales sencillamente regalara cosas que compraban y no cosas que realmente pertenecieran a ellos, como a él le hubiera gustado. Así funcionaba el mundo, después de todo, y pedir que funcionase de otra manera, probablemente habría sido pedir demasiado.
Pero las palabras de lady Hightower le llamaron ampliamente la atención, al igual que la caja que le ofrecía... ¿Qué sería lo que Lynesse le había preparado?
Con cuidado, tomó el recipiente y lo descubrió lentamente, abriéndolo... Se quedó sorprendido al ver el precioso contenido que tenía. Un regalo que, confiaba y sabía, estaba íntegramente hecho por las manos de la rubia que tenía frente a él.
El dragón bordado en hilo de oro y con ojos de amatista era demasiado bello. Una verdadera y magnífica obra de arte... ¿Cuánto tiempo habría invertido Lynesse en aquel trabajo? Se ruborizó un poco, aunque no sabía que era lo que más le afectaba, si el regalo o las palabras que le estaba dirigiendo. Su mente racional y aquellas enseñanzas que Diana Belmore le había inculcado le indicaban que todo eso no era más que pura adulación de su parte. Que no debía creerle ni media palabra.
Pero la otra parte, el Viserys que conocía desde pequeño a Lynesse le indicaba otra cosa. Le indicaba que debía creer, que debía confiar.

Sus ojos lila miraron largamente el pequeño dragón en tela dorada que se encontraba enrollado al eslabón de maestre. Un fulgor de conmoción atravesó su mirada por un fugaz instante. Tragó saliva...
Y finalmente, cerró la caja, para después mirar otra vez a Lynesse, con una sonrisa muy leve:
- Es... un obsequio precioso, Lynesse. No deberías haberte molestado...- luego le miró y se acercó a ella, para agradecerle dándole un beso aunque, inicialmente en la mejilla. Aunque se muriese de ganas de besarle la boca, tenía que seguir manteniendo el decoro... Además muchas de las cosas que había dicho lo habían descolocado, como mínimo. La intensidad de las palabras era demasiado grande como para que pudiera digerirlas así como así. Sin embargo, se sentía reconfortado por el regalo, por sus palabras y por su presencia y, por unos instantes, Viserys se permitió ser él mismo y no el príncipe que se esperaba fuera.
Acarició lentamente la espalda de Lynesse, en una caricia que ella conocía muy bien, que le había dado en ocasiones anteriores y que, generalmente, terminaba con él apretándole suavemente las nalgas y nalguéandola... Y no fue la excepción esa vez. La apretó en la zona y luego dio un golpe rápido, seco, ligero y lleno de la confianza de antaño, para indicarle que el vínculo que sentia hacia ella no se había roto, o por lo menos, que no se había roto del todo.
Separó su mano nuevamente y la miró a los ojos:
- Si lo planteas así, te creo. - le dijo, con una amplia sonrisa en los labios y agregó: - Éste probablemente figure entre los mejores regalos que me pudieran haber dado... Por su lado ya tengo varios que figuran entre los peores. Entre ellos un libro que me regaló Stannis Baratheon, con muy grandes descripciones en extenso de Aegon IV, el Indigno... No tengo que ser un genio ni nada parecido para darme cuenta del mensaje... ¿Cómo se atreve? Entre eso y la idiotez de Caron de coronar como Reina del Amor y la Belleza a mi prometida, entre todas las mujeres disponibles en el torneo... ¿Es que los tormenteños no tienen un ápice de cabeza?
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Lynesse Hightower el Dom Ago 06, 2017 7:03 am

-Me alegro que te gustara, mi Príncipe -le dijo con una sonrisa de complacencia y satisfacción en el rostro. No podía menos que sentirse orgullosa del trabajo hecho y, si bien es cierto que su vanidad no era poca, en este caso -como en otros- tenía su justa razón el alimentarla: pocas mujeres había en Poniente que pudieran competir con la habilidad de sus dedos para el tejido o el bordado; y puesto que los cotilleos corrían más fáciles mientras se cosía, solía hacerlo acompañada por distintas damas de la zona o las siempre bien dispuestas novicias, que entre risas y susurros la informaban de lo posible y hasta de lo imposible, así sabía desde lo que ocurría en el septo y en la Ciudadela, en el propio Faro o en Poniente en general, al menos en lo que a ‘noticias generales’ se trataba, para otra clase de noticias tenía métodos más refinados.

Vio el destello de alegría en los ojos ajenos y no pudo menos que corresponderle. Irónicamente, en un mundo plagado de farsas como era su existencia, el deseo de que le agradase el regalo y las intenciones con que lo había hecho no eran sino verdad, una que esperaba que él pudiese ver incluso más allá de las palabras.

Se ruborizó al escuchar su agradecimiento y más aún al sentir sus labios en sus mejillas… y no pudo evitar preguntarse si sería demasiado incorrecto correr el rostro hasta lograr que le diera un beso de verdad. ¿La despreciaría si lo obligaba a hacerlo? Aunque quizás intentarlo compensaría cualquier signo posterior de odio. Sin embargo tan sólo se movió lo suficiente como para que acabara en la comisura de los labios. Cerró los ojos, saboreando el momento que irónicamente fue tan íntimo para ella como la primera vez que la había besado en ese mismo lugar. ¿Lo recordaría él tan vívidamente? ¿Volvería con frecuencia ese rincón de la Fortaleza aunque más no fuera en pensamiento o a todos los otros momentos robados que habían tenido durante el tiempo previo a la muerte de Rhaella?

Se preguntó si su confesión caería en oídos sordos pero al sentir la mano ajena acariciándole la espalda supo que a pesar de todo no había sido un sin sentido. Tal vez en las noches de Rocadragón él pudiera recordarlas… y tal vez, sólo tal vez, pudieran hacer mella en su corazón.

-Ojalá… -dijo en un susurro perdido entre un suspiro, suave junto a su oído mientras acariciaba con su rostro el de Viserys. ‘Ojalá tuvieras el valor de besarme...’, era tan sólo uno de todos los ojalá que en ese momento plagaban su mente, un montón de promesas que en un pasado no tan distante parecían reales y que ahora tan sólo habían quedado en el aire.

¿Quién había decidido su compromiso con Priscilla? ¿Realmente la amaba? ¿Había sido la atracción por la niña – cordero tan grande como para olvidar todo lo que habían tenido? ¿O es que acaso su imprudencia y su duelo habían llevado a dejar un lugar desocupado que alguien más había sabido llenar?

Sonrió al sentir como antaño aquella nalgada, aún era Viserys, su Viserys, aún cuando tuviera los hilos de la titiritera blanca atándolo, y por un sólo momento sintió la luz de la esperanza brillando aún como un faro.

-Deberías creerlo porque yo lo digo -le dijo juguetona como cuando eran niños, empleando una vez más las palabras que alguna vez fueron de él, y su sonrisa más bella brilló en su rostro en consonancia con la suya, y la sonrisa se convirtió en una franca risa -casi una carcajada- cuando escuchó la referencia al despliegue de incompetencia mostrada por el Baratheon.- No, no te enojes conmigo, no puedo evitarlo -se defendió incluso antes de que dijese nada- ¿en serio ha sido tan absurdo? ¡Y yo que pensé siempre que Stannis era el hermano sensato! -agregó entre risas.- Lo siento Viserys si no fueses tú quien lo dice y si no tuvieses ese ceño tan fruncido al decirlo -le dijo y acarició con su dedo la frente ajena para rematar el gesto deslizándolo por su mejilla hacia su mentón- casi podría haber creído que estás jugando. Y pobre el Caron… supongo que no fue su culpa: todos temen a la peste lo suficiente como para no querer acercarse a la Lannister y claramente no estaba yo -le dijo dándose aires pero en tono de juego, sólo buscando hacerlo reír.- Y no, supongo que no se destacan por tener cabeza, de lo contrario Robert Baratheon no habría tenido que acabar la guerra matando a la misma que antes había querido rescatar -agregó.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Viserys Targaryen el Miér Ago 09, 2017 9:48 pm

- Si tuviera que creer en todo lo que me dijeran cada una de las personas que escucho por día y en cada vez que me han dicho que puedo confiar en dichas personas, creo que el tesoro de Rocadragón sería aún más grande que el de Roca Casterly.- observó Viserys.
Y era cierto, el Príncipe Targaryen no se fiaba. ¿Cómo fiarse? Que tuviera afinidad hacia lady Belmore no implicaba que Viserys confiara sobremanera en la Querida del Rey. Lord Alester, uno de los señores más respetados del consejo, la mismísima Mano del Rey y nuevo Señor del Dominio luego de la caída de los Tyrell tampoco le inspiraba la suficiente confianza como para entregar su vida con los ojos cerrados ni mucho menos... Y quizá... Quizá en el pasado se habría entregado de esa manera a Lynesse. Pero había aprendido a ser más cauto y a desconfiar de las intenciones de todos, particularmente de aquellos que decían ser los más cercanos a él.
Diana estaba cerca suyo por su compromiso con Priscila. Alester podía llegar a mostrarse cercano a él por la supuesta lealtad a su padre y por su dominio sobre las regiones que antes le pertenecieron a los Tyrell, obtenido por obra y gracia de Aerys. No confiaba siquiera en su mismo padre que, por cierto, aún no lo había nombrado oficialmente heredero como él deseaba... ¿Por qué debería entonces entregarse de esa manera a la Hightower? No hizo ninguna observación más con respecto al asunto de la confianza y pasó a escuchar sus siguientes palabras.

Frunció el ceño ante la risa que ella soltó, una risa que interpretó como claramente burlona. La miró a los ojos, en silencio, para nada divertido ante lo que a ella le parecía tan gracioso. Lo que sucedió con Caron y con Stannis no lo olvidaría fácilmente. Así como tampoco olvidaría el hecho de que Robert Baratheon le hubiera entregado aquella capa.
- Los tormenteños se pasan de listos.- señaló el Príncipe, con las cejas fruncidas. - No esperaba que lord Robert asistiese a la fiesta, y mucho menos que me hiciese el hermoso regalo que me hizo. Aparentemente, quiere demostrar que la casa del Venado olvidó todas sus pretensiones sobre la corona con la muerte de Lyanna Stark.- se mantuvo en silencio, recordando aquella capa negra con el dragón tricéfalo de los Targaryen en cuero rojo cosido sobre ella. ¿Había sido un regalo sincero? No detectó ningún doble sentido en ello, a diferencia del libro regalado por el hermano del señor y actual regente de Aguasdulces en nombre del rey Aerys. Pero eso le causaba todavía más desconfianza que la actitud del Consejero de Edictos. - Robert Baratheon quiere hacer creer que está en términos amistosos con la corona y que olvidó lo sucedido durante su Rebelión. Ignoro lo que mi padre piense al respecto y poco me importa. Fue excesivamente clemente con los Venados. Pero yo no confío en el Señor de las Tormentas. - suspiró, otra vez mirando al mar. - Habría que ser idiota para confiar en alguien que se alza en armas contra su rey por una tontería como el capricho por una mujer.- sus ojos lila se perdieron otra vez en las aguas.- Pero todo fue culpa de Rhaegar...- reflexionó.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Lynesse Hightower el Miér Ago 09, 2017 10:35 pm

Sintió como el grato momento se le escapaba como arena entre los dedos. A cada paso Viserys parecía volver a subir la guardia, a resguardarse tras el muro de hielo que había construido incluso más alto que el propio Muro del Norte. ¿Había sido la muerte de Rhaegar lo que había generado semejante transformación? ¿O eran las experiencias transcurridas durante esos dos años de su lejanía y que ella desconocía? ¿O el simple hecho de tener a un loco como padre? ¿Qué tan consciente era del riesgo en que su vida constantemente estaba? ¿Y la certeza de que el hijo de su hermano aún vivía le socavaría también el ánimo al dudar de si sería considerado heredero el pequeño o él en su lugar? ¿Qué tan lejos estaría dispuesto a llegar por verse en el Trono de Hierro?

El ceño fruncido se acentuó en su rostro y automáticamente se dio cuenta que había cometido un error. No era de él claramente de quien se estaba burlando, sino de la impericia y la inutilidad de aquellos que se decían ahora fieles vasallos pero que habían sido rebeldes en su momento… ¿y todavía lo eran? Aún no le quedaba claro. Por un tiempo pensó que los hechos habían apagado los ánimos de los Baratheon, más algunos hechos y la charla sostenida con Robert tiempo atrás le dieron la pauta de que aún tenían los ánimos caldeados y el regalo de Stannis respaldaba aquello: una pieza en el tablero jugada con claro disimulo, un enemigo entre las huestes del Rey, un vasallo capaz de tener poder oculto a través de los edictos. ¿Qué tanto podía murmurar al oído de la Mano y del Rey? ¿Y cuándo podía llegar a saber el nuevo Lord de Aguasdulces con respecto a las implicaciones de Alester en lo que había ocurrido a los Tyrell? ¿Qué lo había llevado a arriesgarse de manera tan estúpida? Definitivamente tendría que averiguarlo…

-No espero que me creas porque sí, Viserys, tan sólo fue… -pero no importaba seguir aclarándolo, no conduciría a ningún lado. Si no podía recordar que él mismo solía decirle aquello de nada valía que ella siguiera rememorando inútilmente el pasado. De seguro ni siquiera había recordado la vez que le había hablado sobre su percepción de los regalos. Suspiró, ligeramente frustrada, o quizás era mezcla de desazón y tristeza. Un muro y un río donde antes había una pradera cubierta de flores. A cada paso le parecía más tangible… De haber sido otra quizás hasta hubiesen tratado de saltarle las lágrimas por la decepción pero ella ya había llorado bastante en su momento y de nada o poco le había servido: su hermano no la había casado con ninguno de los dos hombres que le había pedido que lo hiciera. ¿No era irónico? Ahora que era dueña de su destino y podía elegir él ya había elegido a otra… Y por segunda vez se encontraba en el mismo lugar, parada metafóricamente en el mismo sitio exactamente que cuando se enteró del compromiso entre Rhaegar y Elia, o incluso -para qué decir lo contrario- de la huida de Rhaegar con Lyanna Stark. ¿De qué servía ser la mujer más hermosa de Poniente si al fin de cuentas nunca suscitaba las pasiones correctas en los hombres que deseaba? De repente tuvo ganas de alejarse… no quería seguir siendo insultada por la desidia de alguien a quien ahora le daba igual. Que se quedase con su bella niña inocente, ya encontraría ella su destino por su cuenta -o quizás después de todo ya lo había encontrado ¿o no?-.

Más aunque su ego herido la impelía a retirarse el afecto que había sentido por aquel joven de pelo plateado seguía atándola a ese rincón junto a la ventana. No, él ya no la amaba si es que lo había hecho alguna vez… pero ella no podía apagar sus sentimientos así como no se apaga la llama del Faro.

-Asumo que yo tampoco -dijo con humildad, lejos ya el gesto risueño y la alegría del momento previo, transcurrido con él.- Pensé que no vendría… pero hasta donde sé no guarda ‘pretensiones para la Corona’… su única pretensión era matar a Rhaegar y lo ha hecho, que además tuviese que matar a Lyanna fue otra cuestión. A lo sumo supongo que guardará alguna clase de rencor para con tu padre, pero no contigo… -fue todo lo que agregó a lo dicho por él.- Robert Baratheon a su manera es demasiado estúpido e impulsivo como para planificar darte un regalo que tenga oculta una daga. Si te ha regalado algo de tu gusto ha sido para demostrarte su favor al margen de lo que pueda pensar de tu padre. Quizás no todos piensan que debas pagar el precio por las acciones de otros -afirmó en tono reflexivo. No estaba segura de cuál era la movida que guardaban bajo la manga los hermanos pero claramente no era en absoluto inocente. Sin embargo no dejó que sus pensamientos traicionaran su rostro y se mantuvo impertérrita, hablando en tono que sonaba plenamente honesto, mirándolo a los ojos sin duda que brillase en su mirada alguna.

-Quizás en eso tengas razón -afirmó tras escuchar su comentario- pero ¿qué harías tú si matasen a Priscilla o si se la robaran? ¿No me has dicho acaso que te has fastidiado porque el Caron coronó a tu prometida? ¿Temes que Priscilla se enamore de Caron así como Lyanna lo hizo de Rhaegar? -le preguntó mirando no hacia las aguas sino a su rostro, atenta a los gestos. Consideraba importante detectar cualquier clase de reacción que pudiera translucirse en ellos.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Viserys Targaryen el Lun Ago 14, 2017 12:37 am

Y ahí estaba de vuelta, lo mismo que Diana Belmore le había dicho... Que un hijo no debía ser juzgado por los pecados de su padre. Aparentemente lady Lynesse pensaba de la misma forma y era tan ingenua como para creer que Robert Baratheon lo perdonaría por lo hecho por Aerys. Viserys dudaba plenamente de eso. En el caso de que lord Baratheon volviera a alzarse y triunfara, dudaba que su posición o su vida estuvieran aseguradas. Siempre era mejor dar el primer golpe uno mismo antes que recibirlo. Si se golpeaba con la suficiente fuerza, quizá no sería necesaria una segunda oportunidad...
Y, por otra parte, ¿cómo conocía lady Hightower tanto acerca de las intenciones de Robert? Eso debía ser algo interesante. ¿Acaso era cercana al Señor de las Tormentas? Le resultaba de lo más extraño.
- ¿Cómo es que sabes tanto acerca de lord Robert?- preguntó, con sincera curiosidad. - No creía que serías tan cercana a él como para conocer o no sus intenciones. Pensé que tendrías una opinión algo más... neutral al respecto.

Entonces escuchó su pregunta acerca de la coronación de Priscila por parte de Caron. Aquello seguía clavado en su mente como una dolorosa espina, no porque el tormenteño la hubiese elegido a ella, sino por la acción en sí. Había sido una falta de respeto al Trono de Hierro.
- ¿No te das cuenta, verdad? A pesar de toda tu inteligencia, no ves lo evidente, Lynesse.- Viserys suspiró. Seguía queriendo a Lynesse, a pesar de que la desconfianza lo invadiera, no solo ella, sino por todos. Por todos los que se acercaban a él de una manera o de otra.- No es por Priscila. Conozco muy poco de esa chica, de momento, como para molestarme por eso y, mucho menos, ir a la guerra por ella. Lo que me molestó es el hecho, Lyn.- Lyn. Nuevamente la volvía a llamar Lyn, como lo había hecho en el pasado. - El hecho de que Caron haya sido lo suficientemente descarado como para coronar a la prometida del Príncipe. ¡Es un desafío al Trono de Hierro! Busca problemas para las Tormentas y calculo que los ha encontrado.- todavía recordaba cuando Aerys lo mandó a llamar, la noche anterior, junto a Barbara. Prefería sencillamente no acordarse de ello. Miró a la Hightower y en voz baja le dijo: - Pero comprendo a Rhaegar. No del todo, pero si en cierta manera... Tal vez si haya mujeres por las que valdría la pena luchar. - una sonrisa muy suave asomó en sus labios... Y sus mejillas se sonrojaron, desvió la mirada y sencillamente volvió a observar al horizonte, a las aguas que iban y venían.
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Re: El Dragón y la Torre [Lynesse Hightower]

Mensaje por Lynesse Hightower el Jue Ago 17, 2017 5:48 am

-He tenido suficiente tiempo libre como para tratar de entender por qué ocurrieron las cosas como lo hicieron… es todo -dijo, ligeramente evasiva.- Siempre me ha gustado el sitrang… y en Antigua no he tenido con quién jugarlo, así que he tratado de entender cómo se mueven las piezas por sí mismas -acotó, críptica, y desvió la mirada nuevamente hacia el mar. En cierta forma estaba siendo honesta: había transcurrido largos períodos escarbando entre las miles de voces que resonaban en las sombras en la búsqueda de aquello que le diera la pauta con respecto a cómo acabaría aquella maldita guerra, en qué forma participarían aquellos cuyos movimientos no podían intuirse a primera vista… y sin embargo no había podido prever la muerte de su hermana, convencida de que seguramente podría detectar a tiempo cualquier indicio de peligro hacia los Tyrell. Le había fallado. Les había fallado. Trató de alejar la idea de su mente y recién entonces reparó en que había estado mordiéndose el labio. Percibió un dejo de sabor a sangre en la boca.

Sonrió de nuevo relajando el gesto, obligándose a no dejar caer la máscara y volvió la mirada hacia él. -Entiendo… -dijo. La idea de cómo el príncipe se había tomado aquello le importaba a la estratega en ella pero la certeza de que no se había mostrado en exceso posesivo con respecto a Priscilla por Priscilla misma le interesaba a la mujer. ¿Entonces no la amaba aún? ¿O ya estaba perdido? ¿Y por qué volvía a hacerse las mismas estúpidas preguntas? ‘¿A quién demonios le importa si la ama o no?’, se reprendió y se respondió sin solución de continuidad: ‘a ti, para saber cómo reaccionará si haces lo que podrías’.

‘Lyn’. Volvía a llamarla de nuevo de aquella forma, pero ahora era ella la que había vuelto a subir el Muro: se había abierto a él y sin embargo…

-Pues parece que el fuego les ha chamuscado el cerebro… a ambos… -afirmó, aunque una parte de ella no podía menos que admirar el valor de los dos al provocar tan descaradamente al dragón. ¿Estarían tratando de probar qué tan lejos era capaz de llegar la influencia de Diana Belmore? ¿O querían poner a prueba a Viserys para comprobar si sería o no igual que el padre? Tal vez se trataba por sobre todo de esto último: ¿qué tanto sería capaz de aguantar?.- ...o por el contrario que quieren saber si el hijo será igual que el padre o si por el contrario será como el hermano, la gente necesita comprobar a quién entregar su lealtad antes de darla... -agregó.

Captó lo que le dijo en el susurro y no fue capaz de acabar la frase, perdiendo el hilo de sus pensamientos. El sonrojo, la mirada, la evasiva… Por un instante se vanaglorió pensando que lo decía por ella pero ¿sería así? ¿acaso estaba jugando ahora con su vanidad? Siempre había sido bueno seduciéndola ¿cómo saber si en definitiva esta no sería tan sólo otra estrategia?

- ¿Tú crees…? -le preguntó y sonrió, apoyándose en la ventana para mirar al mar siguiendo su mirada.
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