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Black and red sails (Priscila Belmore)

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Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Vie Ago 04, 2017 7:49 pm

Era la tarde del día siguiente a la celebración del día del nombre del Príncipe Viserys. Había tenido varias actividades más por la mañana... Incluyendo aquel extraño pero reconfortante encuentro con Cersei Lannister por la mañana en el bosque de dioses de la Fortaleza.
Almorzó acompañado de Imry y Erren, su padre y lady Diana, tratando de borrarse las imágenes de lo sucedido en la foresta sagrada de su cabeza, aunque era notorio que le costaba hacerlo.
Tenía que distraerse con algo, tenía que evitar pensar en los occidentales y en la leona. Ya se había quitado el talismán que lord Lannister le había regalado. Compartía el escepticismo de su esposa en el aspecto de que sirviese para evitar enfermedades así que no le veía objeto a llevarlo las veinticuatro horas puesto.
Una vez hubo terminado de comer y descansado un rato, ordenó a Imry Florent que fuese a buscar a su prometida. Recordaba haberle prometido un paseo por el puerto y ese era un momento tan bueno como cualquier otro para llevarlo adelante.

Ya estaba en el patio, con un carruaje dispuesto y bien preparado. Vestía una túnica de seda negra con algunos detalles en hilo rojo en torno a los puños y el cuello y alrededor de su cuello portaba un colgante con un dije en forma de dragón, trabajado en plata. Cuando vio llegar a su espada juramentada, acompañado de su prometida, sonrió de manera amplia y abrió la puerta del carro para que ella entrase. Subió a coninuación y, con un seco golpe de parte de su mano contra la madera, el conductor supo que debía ponerse en marcha.
Pronto el carro empezó a traquetear. La luz que se colaba por las pequeñas ventanas no era mucha, pero era suficiente como para que pudiesen verse las caras sin mayor dificultad.
Miraba a lady Belmore y aún recordaba la vergüenza que había pasado cuando fue coronada Reina del Amor y la Belleza por Caron. No, no porque no se lo mereciera. La hija de la Viuda Blanca era muy bella sin dudas... El problema era otro ¿cómo es que aquel maldito tormenteño podía haberse tomado el atrevimiento de coronar a la prometida del príncipe? Recordaba haber abandonado las gradas hecho una furia, sin siquiera dirigirle una palabra a ella o a nadie luego de las formalidades de rigor.
Pero... ¿debía pedir disculpas por aquella actitud? Era un dragón, el dragón no se disculpaba con nadie. Simplemente le sonrió. Si ella sabía interpretar gestos sabía que eso era todo lo que podría conseguir a modo de disculpas. Extendió una mano y tomó una de las de ella entre las suyas propias:
- ¿Disfrutásteis de la fiesta de ayer, mi señora? ¿Descansásteis bien durante la noche? Espero que vuestros aposentos hayan sido de vuestro agrado.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Vie Ago 04, 2017 8:37 pm

Daba gracias a la comodidad del lecho porque, de lo contrario, no creía que hubiera sido capaz de recuperarse de todas las emociones vividas el día anterior. Se encontraba en sus aposentos concentrada en una nueva labor de costura cuando alguien llamó a su puerta. La doncella que la acompañada fue la encargada de abrir, descubriendo a uno de los Florent en el pasillo. Lady Priscila abandonó lo que estaba haciendo para recibir al muchacho y escuchar el mensaje que tenía para ella. La sonrisa que apareció en los labios de la joven del Valle dejó claro que llevaba esperando la invitación desde que hablara con Viserys sobre su deseo de ir a dar un paseo por el puerto. También podían aprovechar para que el príncipe viera su barco en persona, si es que no lo había hecho ya. —Decidle a su alteza que bajaré enseguida. —pidió antes de volver a cerrar la puerta y pedirle a la muchacha que la acompañaba ayuda para prepararse.

El vestido que había escogido aquel día era de un suave color púrpura, decorado con los más hermosos brocados hechos con hilo de plata. Priscila poseía una figura que muchas podrían llegar a envidiar, pero siempre vestía con el máximo decoro, dejando la mínima porción de piel al descubierto. En esa ocasión no iba a ser diferente y a pesar de que la prenda realzaba las curvas de su joven cuerpo, poseía un escote cerrado que solo permitía intuir lo generoso de su busto. Se puso, además, una capa que abrochó con el emblema familiar. Lleva el cabello suelto, en aquellos hermosos bucles que ayudaban a potenciar su aire angelical. Con las mejillas encendidas de modo natural por las ganas de reencontrarse con su prometido y sus ojos claros brillando con la ilusión de la más pura inocencia, abandonó sus aposentos.

La sonrisa se acentuó cuando, al llegar al patio, se encontró a Viserys. Habían pasado horas antes de que hubiera podido dejar de apreciar el hormigueo que se había instalado en su cuerpo por el simple hecho de haber bailado con el. —Alteza. —lo saludó con una cortés reverencia, atreviéndose a mirarle a los ojos y regalarle una nueva y amplia sonrisa. Agradeció el detalle caballeroso de dejar que subiera primero al carro. A pesar de lo agradable de la noche y del baile, todavía recordaba el modo en que el príncipe había reaccionado cuando ella fue coronada como Reina del Amor y la Belleza. En su pura inocencia, Priscila no veía nada de malo en un detalle como aquel, pero parecía que Viserys era de una opinión completamente diferente. Permitió que tomase su mano, sonrojándose de manera irremediable y volviendo a sentir aquel agradable e intenso hormigueo allá donde sus pieles podían tocarse. Priscila nunca había estado a solas con un hombre, por lo que detalles como aquel eran de suma importancia para ella. —La fiesta fue magnífica, mi príncipe. —respondió. Para una persona que apenas conocía nada del mundo, todo era demasiado novedoso. Priscila apenas había tenido una pequeña demostración de lo que era el llamado Juego de Tronos, pero prefería quedarse con lo bueno. —¿Vos disfrutasteis de vuestro día? ¿Habéis descansado bien? —preguntó. —No podría tener quejas de mis aposentos. Creo que es el lecho más cómodo en el que he dormido jamás. —aseguró sin un ápice de duda.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Vie Ago 04, 2017 9:59 pm

Estaba contento de saber que su prometida había disfrutado tanto de la fiesta como de los aposentos. Era muy bueno saberlo.
Entonces, ella le preguntó si había disfrutado de la fiesta y si había descansado bien... ¿Qué podía responderle? Era obvio que el banquete había sido fantástico, por lo menos en lo que a comida y bebida se refería. El Trono de Hierro no había escatimado en gastos.
Pero no olvidaba que la cena había sido realmente tensa. Y mucho menos la acción de lord Lannister que amenazó con teñir las festividades de sangre. Si no hubiera sido por lady Diana que apaciguó a Aerys a tiempo... Suspiró y asintió con la cabeza:
- Disfruté de mi día... Dentro de lo posible, por supuesto. No me esperaba que fuera tan problemático. Lord Erik terminó haciendo algo muy peligroso. Debo deciros que tenéis una madre única, mi señora. Lady Diana se desempeñó de manera excelente para evitar que las cosas vayan a mayores. Algún día incluso debería hacerse un brindis en honor a ella, la verdad.- si... si no fuera por la Viuda Blanca, Aerys habría metido la pata en proporciones reales y la posición de los Targaryen a los ojos del reino, estaría mucho peor. Luego, cuando con respecto a si había descansado bien, se encogió de hombros y le dijo: - Descansé todo lo que pude. Mi sueño es bastante... ligero. Y paso buena parte de las noches en vela. Pero descansé bien ésta noche. - debía agradecerle eso a los dioses, por lo menos en su sueño había tenido una noche de paz. Reclinó mejor su espalda contra el respaldo en el carro mientras mantenía sus brazos cruzados a la altura de su pecho, mirándola. - Me alegro mucho que hayáis disfrutado de vuestros aposentos.

Dicho eso, continuó observándola, profundamente... Si. Era una digna Reina del Amor y la Belleza, no cabía ninguna duda. Si él hubiera participado en el torneo y lo hubiera ganado... Habría sido la mejor opción, objetivamente, a coronar. Al menos de las mujeres presentes en las gradas. Pero ella era suya. Suya para todas las cosas de ese estilo. Suya para coronar y complacer. Suya para pasar el tiempo con ella como lo desease, para hacerle lo que quisiese.
Sus ojos lilas siguieron mirándola en profundidad y entonces le dijo:
- Calculo que sabéis adónde nos dirigimos... Os ofrecí un paseo por el puerto y cumpliré con mi oferta. Además, estoy muy interesado en ver por fin el verdadero regalo que me habéis dado. No me alcanzará la vida para agradeceros ese gesto. - recordaba la gran impresión que se había llevado con la noticia que le dio lady Belmore con respecto a cual sería era su presente para él.- ¿Puedo saber qué fue lo que os llevó a elegir tal objeto, tan grande y magnífico como obsequio?- quería saber que había impulsado a Priscila, como se le había ocurrido la idea... ¿Acaso había sido una sugerencia de lady Diana o, por el contrario, se le había ocurrido a ella? Quería saber absolutamente todo lo posible sobre como funcionaba lady Belmore... ¿Acaso Priscila estaba consciente del error que había cometido lord Caron al coronarla Reina del Amor y la Belleza a ella? Lo dudaba. Si seguía las palabras de Diana, Priscila era demasiado bondadosa e inocente. No le diría nada, al menos de momento, quería saber si ella por lo menos tenía curiosidad y mente inquisitiva como para preguntarle al respecto por propia voluntad. Después de todo estaban solos, en confianza.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Vie Ago 04, 2017 11:58 pm

Sobra decir que en el Valle no solían disfrutar de aquel tipo de fiestas tan elegantes y multitudinarias. Para Priscila, encontrarse en la capital de los Siete Reinos era uno de los eventos más importantes acaecidos en su vida. Poco o nada conocía del mundo más allá de su hogar y comenzaba a comprender que había muchas otras cosas en el mundo. Debía reconocer que allí no sentía la comodidad y la calma que la embargaba en el Nido, aunque eso tenía más que ver con ella que con el hecho de que no encontrará el lugar agradable. Era demasiado diferente a todo lo que conocía. Todavía debía decidir si era bueno o malo.

Es una gran mujer. Muy fuerte. —aseguró. En poco se parecían ellas dos, más allá de los rasgos que compartían. Lady Diana había visto muchas cosas que Priscila todavía ignoraba; es más, la joven Lady Belmore todavía poseía esa inocencia infantil que hacía que se fiara de todo el mundo sin reservas. Priscila seguía convencida de las buenas intenciones de la gente, creyendo que no todo podía ser tan turbio y oscuro. Ella era la luz, era esa calidez que lo envolvía todo. —¿Tenéis problemas para dormir, alteza? —preguntó. Cada vez que la rubia muchacha cuestionaba algo podía apreciarse que lo hacía de corazón, verdaderamente interesada en recibir una respuesta honesta.

Los ojos violeta del príncipe la estudiaban de un modo demasiado intenso que, lejos de hacer que se sintiera incómoda, lograba que sus mejillas fueran tornándose de un rojizo cada vez más intenso. Le gustaría saber qué ideas daban vueltas en su cabeza, si es que estaba pensando en algo en particular. —Os merecíais un gran regalo, alteza. Espero que os guste, de verdad. —deseó. La pequeña maqueta era un réplica exacta de lo que encontrarían en el puerto. —Madre me ayudó a decidir lo que sería mejor. Entre las opciones que se nos ocurrieron, la idea del barco me pareció la más adecuada. —reconoció. Priscila se había sentido algo intimidada, por lo que agradeció enormemente poder contar con la colaboración de su madre a la hora de escoger el regalo.

¿Podría preguntaros algo, mi príncipe? —Se aventuró a permitir que sus ojos claros se encontraran directamente con los de él. —Ayer, cuando terminaron las justas, pareciais molesto. ¿Hice algo que os ofendiera? —Esa era la única explicación que la inocente mente de la muchacha podía imaginar. Priscila ni siquiera cayó en la cuenta de que lo que había molestado al príncipe había sido el atrevimiento de Lord Caron al coronarla tras vencer a Erik Lannister en su último enfrentamiento.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Sáb Ago 05, 2017 5:20 am

Si, era completamente indudable que Diana era una gran mujer, fuerte y decidida, lo cual hacía aún más misterioso para Viserys como es que sus hijos no habían sacado, aparentemente, ni un ápice de su decisión y poder. Asintió, de manera casi ausente a sus palabras con respecto de su madre y cuando preguntó si tenía problemas para dormir, el muchacho se encogió de hombros:
- Algunas noches.- respondió y agregó: - Mis sueños generalmente no son... muy tranquilos que digamos. Y mucho menos teniendo en cuenta los últimos eventos.- la muerte de su madre lo había afectado particularmente y era algo que no hablaría normalmente con nadie en profundidad. Muchos de sus malos sueños tenían que ver directamente con eso. Otros... otros sencillamente no tenían demasiada explicación.
Ah, así que el regalo había sido idea de Diana también, o al menos sugerencia. Se lo imaginaba. Miró a la muchacha a los ojos y le dedicó una sonrisa muy leve para decirle:
- Si es una versión natural de la maqueta, me encantará. Tengo que encontrar alguna buena forma de agradecérselo...- una chispa de picardía apareció en sus ojos de color lila. Estaba seguro que ya había encontrado la forma de agradecerlo. Agregó: - Después de todo, un mero gracias no basta para tales molestias que os habéis tomado.

Y entonces, ella le preguntó al respecto de lo del torneo. Bien, bien. Por lo menos era inquisitiva en ese aspecto, aunque hizo una mueca en la boca cuando supuso que había sido algo que ella hizo lo que lo había ofendido. Negó enfáticamente con la cabeza y respondió:
- ¡Para nada, mi señora! No fue ninguna acción vuestra la que encendió mi ira...- Priscila era demasiado inocente como para darse cuenta de cual había sido el error allí, y de quien. Se tomaría un tiempo para explicarlo, aunque no fuese muy bueno ni paciente para las explicaciones, pero quería que ella comenzase a entender como se debían comportar los súbditos ante un príncipe. - Fue la de Caron, mi señora.- suspiró y continuó: - Mirad, comprendo que el tormenteño os haya coronado. Sois una verdadera belleza y cualquier hombre que se precie de serlo, os tomaría como una opción válida para coronar... Solo que no sois una opción válida. Estáis prometida y no a cualquier hombre, sino a un príncipe, a la sangre de la familia real. ¡Y lo hizo justo ante mis ojos! - Viserys estaba más indignado por eso, quizá de lo que debería, pero no podía evitarlo. ¿Cómo tuvo tal atrevimiento? Bufó un poco, exasperado por el recuerdo de la corona de flores sobre la cabeza de lady Belmore. - Debería haber elegido a cualquier otra mujer de las gradas, pero no a vos. Fue una burla a la familia real y, en particular a mí. Y en mi día del nombre. - al tomarla de la mano como la tenía, tiró un poco de ella y la atrajo hacia él. Y la sentó sobre sus rodillas, mirándola a los ojos. Estaban en el carro y las ventanas eran insignificantes, nadie los vería. - ¿Comprendéis ahora la razón de mi enojo? Nadie debe burlarse del dragón de esa manera, mi señora.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Sáb Ago 05, 2017 6:52 am

No creía que hubiera mayores diferencias que las que separaban a madre e hija a pesar de poseer tantos rasgos físicos comunes. Priscila todavía conservaba la inocencia infantil, la bondad innata, que el resto del mundo había ido perdiendo. Lo más importante, todavía tenía esperanza. Todavía confiaba en las intenciones de la gente, algo que, estando donde estaba, podía llegar a causarle problemas. Desembarco no era el Nido, algo que ella todavía no parecía comprender. Había crecido muy protegida de modo que poseía una distorsionada imagen del mundo.

Se atrevió, en un claro acto de valentía, a tomar una de sus manos cuando reconoció tener ciertos problemas a la hora de conciliar el sueño. —Es normal, mi príncipe. —susurró. Había sido una temporada complicada para todo Poniente. El gesto tímido se volvió más cariñoso cuando Priscila reunió el valor suficiente como para acariciar su mano. —Quiero que sepáis que si alguna vez necesitáis hablar, podréis contar conmigo. —ofreció en voz muy baja, como si se tratara del mayor de los secretos y no pudieran ser escuchados por nadie.

Lady Diana había ayudado a la hora de escoger el regalo para el príncipe puesto que de haber quedado enteramente en manos de la muchacha Belmore estaba segura de que habría terminado entregando algo mucho más humilde que, sin duda, no habría estado a la altura de la situación. También estaba segura de que habría preferido hacerlo ella misma, mientras que sólo había sido capaz de adornar con su hermosa caligrafía la maqueta para escribir el nombre del príncipe. —No ha sido ninguna molestia, alteza. —respondió en voz baja. El brillo pícaro en los ojos del príncipe acentuó el rubor de sus mejillas. Eran detalles como aquel los que diferenciaban la genuina inocencia de Priscila de aquella que otras intentaban fingir con mayor o menor éxito. —Saber que os ha gustado es más que suficiente. —dijo. Volvió a dirigir su mirada a él y sonrió de aquel modo puro y radiante.

Llevaba repasando mentalmente los hechos acaecidos en las justas desde el día anterior. Por la noche, en el banquete, Viserys no había parecido molesto con ella, pero lo único que se le ocurría era haber hecho algo para ofenderlo. Le miró, aliviada, cuando aseguró que no había sido culpa suya. Poco a poco, las palabras del príncipe ayudaron a que comprendiera cuál había sido la ofensa que lo había puesto de tan mal humor. No fue capaz de oponerse al repentino acercamiento y cuando quiso darse cuenta se encontraba sentada sobre sus rodillas. —Lamento mucho haber participado en tal ofensa, mi príncipe. —susurró. De manera consciente o inconsciente, directa o indirecta, lo había hecho. —Si llego a saber que era eso lo que sucedía, habría rechazado la corona sin dudar. —aseguró. Continuaba siendo una niña para casi todo y como la mayoría de las mujeres, alguna vez había ansiado ser vista como la más hermosa a pesar de no ser lo más importante para ella.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Dom Ago 06, 2017 6:41 pm

- No.- señaló el príncipe, llevando un dedo a los labios de Priscila cuando ésta le profirió aquellas últimas palabras: - No quiero oír que os disculpéis por algo de lo cual no sois responsable, milady. Ya os dije, no tenéis la culpa de las idioteces que puedan hacer los otros hombres.- y era verdad, o al menos así él lo apreciaba. Priscila había tenido poco que ver con la coronación, al menos en su voluntad. Volvió a reclinar la espalda hacia atrás, dirigiéndole una sonrisa muy leve para después posar las manos en las piernas de ella, acariciando como quien no quiere la cosa, los muslos por encima de la tela del vestido. Era como la persona que saborea el momento, que saborea y prueba el tener algo que le gusta, antes de tomar plena posesión de ello. Le gustaban la simpleza e inocencia de Priscila, pero mucho se temía que, antes que termine el año, buena parte de la misma habría desaparecido. Diana Belmore había decidido sacarla de la protección de los muros del Valle... Y el precio a pagar por salir de una protección como esa, era ese: la pérdida de la inocencia. Más le valía disfrutar de esos últimos momentos que tuviera con ella. - Sois una futura reina, no tenéis que disculparos por todo.- le dio un beso rápido, muy fugaz en las mejillas... pero peligrosamente cerca de la comisura de los labios.

Luego alejó su rostro otra vez... Y el carro se detuvo. Viserys acercó su rostro a la ventana, habían llegado al puerto. Sonrió ampliamente y abrió la puerta, bajando él primero para ayudar a la Belmore a descender y entonces se puso a caminar por el lugar, tomando de la mano a su prometida.
Bullía de actividad, como era natural en el puerto de la ciudad más grande de los Siete Reinos. Había pescadores que iban y venían; estibadores que cargaban y descargaban navíos mercantes; pordioseros que pedían limosna e incluso podía verse alguna que otra puta que ofrecía sus servicios a los marineros luego de un largo viaje por altamar. Había una mezcla extraña y particular de aromas, desde los de las comidas de las tabernas cercanas al puerto, hasta los más desagradables del pescado que se había podrido en los tenderetes de los pescadores.
Llegaron por fin hasta la zona más alejada y protegida del puerto. Los muelles de ese sector estaban fuertemente defendidos por soldados que portaban la capa dorada de la Guardia de la Ciudad, así también como por hombres de capas negras ribeteadas en rojo, símbolo de la guardia de la Casa Targaryen. Al ver acercarse al príncipe y su prometida, los guardianes de ese sector se pusieron en posición de firmes y luego hicieron una rápida y cortés reverencia, casi al unísono. Viserys sonrió e hizo un gesto leve con una mano para que se irguiesen de nuevo.
Avanzó por los muelles y entonces vio el navío... Y se quedó maravillado: si, era exactamente igual que la maqueta que le había regalado, pero en tamaño natural. Era una impresionante galera, muy elegante y que tenía una cabeza de dragón rugiente tallada en el mascarón de proa.Las velas estaban arriadas, pero si confiaba en la maqueta, eran negras con imágenes de dragones bordadas en tela púrpura. Era una embarcación tan magnífica que deseaba besar en la boca profundamente a Priscila en ese momento.
- Es... maravilloso, lady Belmore.- expresó, con gratitud. Se acercó hasta la escalerilla, casi como un niño entusiasmado con un nuevo juguete y, aún manteniendo a su prometida tomada de la mano, subió casi a lo saltos por ella hasta llegar a la cubierta. Todo estaba magníficamente trabajado: los palos, los tablones del suelo, las bordas... Aunque estaba vacío. Pero, por supuesto, ya se encargaría de llenarlo con una tripulación leal. - ¿Pasamos a ver los camarotes, milady? - preguntó, con una sonrisa amplísima en su rostro.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Dom Ago 06, 2017 7:01 pm

Priscila jamás había pasado demasiado tiempo en compañía masculina, más allá de sus hermanos, Darren sobre todo, los sirvientes y los soldados al servicio del Valle. Por eso mismo cada acercamiento del príncipe, por mínimo que éste fuera, conseguía que sus mejillas no perdieran el rubor rosado que parecía caracterizarlas. Sus ojos se clavaron en los de él cuando Viserys silenció sus palabras, posando un dedo sobre sus labios. Él parecía moverse con total naturalidad, seguramente más que acostumbrado a la compañía femenina y Priscila carecía de esa soltura. No se sentía incómoda, puesto que de lo contrario se lo haría saber, pero tampoco era algo a lo que estuviera acostumbrada. No supo qué hizo que logró desconcentrarla más, si el hecho de que mencionara su futuro como reina —algo que, creyera o no, no era algo que hubiese anhelado— o aquel beso rápido tan cerca de sus labios.

El carruaje no tardó mucho más en detenerse. —Gracias. —murmuró, tomando su mano para ayudarse a bajar. Sus ojos claros lo recorrieron todo, fijándose en cada pequeño detalle y notando, una vez más, lo diferente que Desembarco era del Nido. Sobra decir que, hasta el momento, Priscila jamás había visto una prostituta, ni había sido testigo de una pobreza tan extrema. Se recordó a sí misma que en su próximo paseo por el puerto debería llevar algo para aquellas pobres gentes, pensando en maneras de poder mitigar su sufrimiento de un modo u otro.

Viserys la guiaba, sin soltar su mano, y Priscila seguía sus pasos sin detenerse. La joven doncella rubia respondió al saludo de los guardias con un leve movimiento de cabeza y una sonrisa encantadora. Ver la expresión de Viserys cuando se encontraron frente al barco le hizo saber que los quebraderos de cabeza y el retraso en su viaje había merecido la pena más que de sobra. El modo relajado y casi infantil en el que el joven reaccionó provocó una alegre y encantadora carcajada en la muchacha que no dudó en seguirle. —Sí, claro, es vuestro barco, podemos ir donde deseéis. —La nave estaba completamente vacía, salvo por la presencia del príncipe y su prometida. —¿Cuándo partiremos a Rocadragón, alteza? —preguntó mientras descendían las escaleras que llevaban a la zona de camarotes. Pasaron de largo por las estancias destinadas a la tripulación con varios camastros para que los hombres compartieran el lugar.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Miér Ago 09, 2017 10:05 pm

El joven príncipe entró hasta la zona de los camarotes, asegurándose de estar acompañado por Priscila detrás y entonces abrió la puerta de aquel que sería el principal y que en teoría le correspondería a él. Era un lugar bastante amplio. Obviamente, no estaba plenamente amoblado y decorado, pero no importaba. Cuando pusieran el navío en condiciones, eso se resolvería. Pero la litera parecía bastante cómoda. Se sentó al borde de la misma, probando el mullido colchón colocado allí y le sonrió con amplitud. Si, de hecho, era muy cómodo. Pasar la noche así probablemente sería muy relajante.

Entonces ella le preguntó cuándo zarparían a Rocadragón. La pregunta tomó algo desprevenido al príncipe, sin embargo también esperaba con anhelo ese día. No era que Desembarco le desagradase, pero es que Rocadragón era su sitio natural. Su asentamiento. El lugar donde él, como legítimo heredero de los Siete Reinos, dijesen lo que dijesen los demás, gobernaba e imponía su autoridad. Aegon y Rhaenys, sus despreciables sobrinos, solamente eran unos bebés. Y ya encontraría la manera más adecuada de lidiar con ellos, estaba seguro. El único heredero válido para el Trono de Hierro era aquel que no había tenido nada que ver con la conspiración de su hermano mayor. Se preguntaba como es que había gente que todavía culpaba a Aerys: Elia de Dorne había muerto por su propio pie, nadie la mató. Rhaegar fue asesinado en juicio por combate, derecho que asistía a todos los hombres de parte de los dioses, por Robert Baratheon... ¿Y aún así, se culpaba a Aerys Targaryen? ¿Al Rey? Él era el gobernante de los Siete Reinos, le gustase a quien le gustase y la única manera de que eso cambiase era con su muerte. Las conspiraciones y rebeliones debían ser aplastadas al más mínimo atisbo. Se preguntaba cuántos de los críticos de Aerys reaccionarían de distinta forma encontrándose en su posición... ¿Acaso serían reyes magnánimos que buscarían negociar como idiotas con gente que quería derrocarlo? Bah... ¡Que los perdedores aceptasen la derrota con honor, por todos los cielos! Apostaron, y perdieron.

Se puso de pie y se acercó hasta la joven Belmore, con una sonrisa muy amplia en los labios. Trataba de no acordarse de los eventos de la Rebelión con ella frente a él, pero sabía que los perdedores podrían ponerla en peligro. Los mismos que dudaban y conspiraban contra Aerys, seguramente conspiraban contra él. ¡Contra él que era el verdadero heredero de Poniente y no el hijo de un traidor! ¡Esos malditos deberían ser quemados completamente! ¡Deberían sentir la furia del dragón en todo su esplendor!
Pero Viserys simplemente mostraba una brillante sonrisa en sus labios. El pensamiento de todos sus potenciales enemigos muertos y destruidos lo había puesto de un humor excelente, aún más de lo que estaba antes de entrar al navío y eso ya era decir.
Acarició las mejillas de la vallense con sus manos y le pidió, con una sonrisa muy amplia en sus ojos:
- Quiero que cerréis los ojos, milady. Confiad en mí.- tenía una idea de como agradecerle el gran regalo que había resultado ser el barco y la observaba con una sonrisa sincera.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Miér Ago 09, 2017 10:26 pm

No había esperado que su próximo destino, al abandonar Desembarco del Rey, fuera a ser Rocadragón. Lo cierto era que tampoco había sopesado demasiado las posibilidades existentes. Había imaginado que permanecería en la capital o que volvería al Valle al terminar las celebraciones en honor del príncipe, pero parecía haberse equivocado y viajaría con él en unos días. Viserys no respondió a su pregunta y Priscila no insistió, consciente de que llegado el momento ya le informaría de su partida. Debía reconocer que estaba algo ansiosa por conocer la fortaleza de Rocadragón, lugar que solo podía imaginar basándose en lo que había leído en los libros o visto en diversas ilustraciones.

Siguió los pasos de Viserys por el barco, recorriendo la galera que habían bautizado con el nombre del príncipe, hasta llegar al camarote principal, aquel que sería ocupado por él durante los viajes. A pesar de que la decoración era escasa, se notaba que los materiales empleados eran los mejores y que los detalles estaban muy cuidados. Ya tendría ocasión Viserys de adecuarlo a sus gustos. Ella se mantuvo de pie, mirando a su alrededor, mientras el joven Targaryen se sentaba sobre la cama, aparentemente probando la comodidad de ésta.

Viserys parecía feliz, exultante, y un hecho tan simple como aquel hizo que Priscila esbozar una amplia y encantadora sonrisa. Se acercó a ella, tomando el rostro de la muchacha entre sus manos, gesto que ocasionó que las mejillas de la doncella Belmore se sonrojaran. Agachó la mirada y cuando volvió a alzarla en su dirección, sus ojos le miraban con timidez. La joven del Valle parecía incapaz de borrar la sonrisa de sus labios. Obedientemente cerró los ojos como respuesta a su petición. Priscila confiaba de un modo ciego e incondicional y eso no iba a cambiar, sobre todo tratándose de su prometido. La incertidumbre de no ver, de no saber, provocaba en ella un extraño hormigueo, aunque eso puede que fuera provocado por el hecho de sentir el tacto del príncipe en sus mejillas.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Viserys Targaryen el Dom Ago 13, 2017 11:56 pm

A Viserys le agradó, y le agradó muchísimo que Priscila obedeciese sus deseos y cerrase los ojos ante su orden. Perfecto. Eso era precisamente lo que quería, fe y confianza ciega en él. Eso necesitaba. Lo necesitaba como el mismo aire que respiraba. Luego de tantas dudas, de tanto rechazo... ¡Lo que deseaba era alguien que confiara en él sin pedirle nada a cambio! ¡Sin esperar gestos de magnanimidad grande! Todavía recordaba las palabras que Diana Belmore le dirigió antes de la fiesta y su vehemente defensa a los traidores Tyrell... ¿Y si ella también era una traidora?

¡No! ¡La Viuda Blanca era la Querida del Rey! ¡No era una traidora y jamás lo sería! ¡Debía estar seguro de ello! Desechó con facilidad esos pensamientos y decidió centrarse únicamente en Priscila. A su merced, con los ojos cerrados. Simplemente confiando.
Y entonces lo hizo: acercó su rostro al ajeno y la besó. El beso fue largo, profundo, dulce. Muy intenso. Su lengua jugó largamente en el interior de su boca, mientras sus manos acariciaban con lentitud cada costado de su cuerpo... Le habría encantado hacerla suya en ese preciso instante, pero sabía que debía contener sus ansias. Pero no su deseo de besarla. La besó como si su vida dependiera de ello, a modo de recompensa por el barco y simplemente porque eso era lo que quería. Los labios de su prometida lo tentaban y lo hacían con demasiada intensidad como para ignorarlos así como así. La boca de la chica Belmore sabía espectacularmente bien. Y lo excitaba. Encendía el fuego del dragón en su interior... Sentía que su temperatura se elevaba.

Tomó a la muchacha de la cintura y la atrajo mejor a él, mientras aún la besaba sin parar. Sus manos recorrieron su espalda suavemente, mientras seguía con aquel contacto de sus labios y sus lenguas. Su miembro se puso erecto en cuestión de instantes ante todo eso, pero se controló... Y por fin, retrocedió un poco, tomando aire. Tenía los labios enrojecidos y algo hinchados por la vehemencia y el deseo impreso en aquel delicioso beso.
- Gracias por el barco, milady.- le guiñó un ojo y luego agregó: - En cuanto a Rocadragón, aún no lo sé, pero me encargaré de que todo este dispuesto para zarpar cuanto antes sea posible... Eso siempre y cuando deseéis estar en una fortaleza a solas conmigo.- una sonrisa muy amplia apareció en sus labios, intrigándose por la respuesta que podía llegar a darle ella, en especial luego de lo que había sucedido hace instantes.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

Mensaje por Priscila Belmore el Lun Ago 14, 2017 12:20 am

Sus contactos con el género masculino hasta el momento habían sido más que limitados. Jamás había estado con un hombre a solas a no ser que éste fuera de su familia o un miembro de la guardia del Valle y, en el segundo caso, siempre por pura necesidad. Puede que por culpa de una inocencia exagerada, no se había imaginado las intenciones del príncipe antes de obedecer a una petición tan simple que ni siquiera había despertado las sospechas de la doncella rubia. Sobra decir que tampoco la habían besado antes.

El cálido aliento de Viserys fue el único aviso que tuvo antes de que sus labios sellaran los de ella. Al principio pareció incapaz de moverse, permitiendo que él llevara la iniciativa, probablemente porque era una situación demasiado abrumadora para ella. Al cabo de unos instantes sus labios imitaron los movimientos ajenos y su lengua se unió, con timidez, al baile que había iniciado la del príncipe. Sus manos habían permanecido completamente quieras a ambos lados de su cuerpo pese a que Viserys ya se había encargado de acercarla a él y de recorrer su figura. Finalmente, la mano derecha de Priscila ascendió por su brazo, muy despacio, hasta detenerse en su nuca. Por primera vez, también, hundió los dedos en el dorado cabello del chico enredándose en él con su habitual delicadeza.

Cuando Viserys se apartó le miró con las mejillas encendidas y la sorpresa impresa en sus ojos, como si hasta ese momento no hubiera sido consciente de lo que acababa de suceder. Había sido agradable, muy agradable, eso debía reconocerlo, pero no sabía si era adecuado. ¿Los dioses se molestarían con ellos por tomarse tales libertades antes de haberse unido en matrimonio? De un modo inconsciente, acarició sus propios labios con las yemas de los dedos. ¿Cómo era posible que se hubiera dejado llevar de tal modo? Ella no era así. Supuso que Viserys tenía un poder sobre ella mucho mayor de lo que cabría esperar. —De nada, alteza. —susurró. Viserys habló entonces del viaje que emprenderían pronto, a pesar de no haber una fecha definida para ello. Sus mejillas ardían y agachó la mirada con timidez nada más escuchar a su prometido mencionar la intimidad de la que podrían disfrutar en la fortaleza de Rocadragón. —Supongo que la ausencia de distracciones servirá para que podamos conocernos mejor antes de la boda. ¿No creéis? —preguntó. Lo que en boca de cualquier otra podía haber sonado como una invitación a algo más, una insinuación, en el caso de Priscila era simplemente eso, su manera de expresar el deseo de conocer mejor al que sería su futuro marido.
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Re: Black and red sails (Priscila Belmore)

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