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El rugido entre las sombras

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El rugido entre las sombras

Mensaje por Athen Banefort el Sáb Jul 29, 2017 3:23 am

Ojos avellana se postraron sobre el horizonte, a lo largo de la costa se podía apreciar el magnánimo diseño de la ciudad más grande de todo Occidente. Un color pálido, marmolado, adorna cada una de las edificaciones y su esplendor, ni un detalle roído, ningún rastro de los múltiples ataques que ha sufrido a través de la historia, todos causados por la envidia y la avaricia puesto que aunque en tamaño es menor a Antigua o a Desembarco del Rey, en cuestión de riquezas y bellezas no es sino la joya más blanca de todo Oriente. El frenar de su caballo solo indicaba el interés que tenía por apreciar tan hermosa vista, y como no, Fuerte Desolación era sin lugar a dudas una alcazaba de imponente infrastructura, sin embargo lúgubre y militarista, en cambio ésta ciudad correspondía a una magnificencia cultural, económica, social e histórica, algo digno de un nombre para las memorias, algo que para su gusto era más adecuado al linaje que planeaba crear.

- ¿Mi señor? - Su fiel capitán de la guardia personal se postraba a su lado, curioso del porque detenían su avance, aunque realmente tenía una vaga idea ya que conocía bien la pretensiones de su líder, una de las principales razones por las que le seguía, aun así debía sacarlo de las nubes puesto que su encuentro era justamente con la nueva cabecilla de la familia Lannister a quienes habían jurado lealtad, el único apellido que realmente tenía un valor fuera de lo material para Athen.

- ¿Que hace que una familia decida abandonar tan impresionante puerto para tomar una aislada fortaleza, Dercin? - Cuestionó el caballero encapuchado. Su serio y altivo semblante se veía aun más intimidante debido a su negra pero elegante vestimenta, adornada por la más pura de la joyería de plata uniendo la camisola, y formando su hombrera derecha para forjar la siniestra silueta del encapuchado intentando tomar la mano del alma más cercana. Athen Banefort era temido por su astucia y su habilidad de combate que en su conjunto lo hacían tan temible como el mito del encapuchado, una figura espectral que podía incluso atormentar a los primeros hombres. Era, a ojos de todo poniente, la sombra del León que se había encargado de proteger su grandeza como el más fiel seguidor de Tywin Lannister. Sus ojos finalmente encararon a su seguidor quien por un momento titubeo, ¿Era una trampa?.

- Poder, Dercin, es lo que mueve al mundo. Tener una ciudad tan grandiosa como esta, Antigua, Desembarco del Rey o inclusive Puerto Blanco, demuestra grandeza, tal vez, pero... Tener una fortaleza que a través de la historia no ha sido atravesada por enemigos, esa ilusión de omnipotencia, de ser inquebrantables, eso es algo que realmente da una señal clara de poder. ¿No lo habías notado? ninguna de las grandes casa tiene como residencia una ciudad, sino una fortaleza. El Rey necesita de las grandes casas para ser fuerte, por ello el domina una ciudad, él, por si solo, es débil. El poder no está en la corona... está en la cabeza que lleva esa corona. No lo olvides nunca Dercin, o terminarás ocupando un puesto sin saber su significado - Estaba emocionado por el encuentro, de lo contrario no se habría detenido a compartir ese pedazo de su mente, le estaba dejando en claro a su capitán que venía para instruir y no para recibir órdenes ni mucho menos. Si bien la mujer a la que venía a ver era Cersei Lannister, la nueva regente de la gran casa a la que servía, era una chiquilla que no tenía la experiencia necesaria y estaba en sus manos el demostrar que aun tenía mucho que crecer si estaba dispuesta a portar la melena dorada de su familia.

- !Abran los portones! - El grito del guardia anunciaba la llegada de la comitiva del "Pacificador" un pequeño grupo de no más de 50 solados que se encargaba de evitar que los bandidos molestaran a su señor, aunque claro, con las historias que le rondaban solo un idiota lo hubiera intentado.

Finalmente, la sombra y la leona se encontrarían.
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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Cersei Lannister el Sáb Jul 29, 2017 4:14 am

El rugido entre las sombras

Las caminatas solitarias a la orilla del puerto eran ya un recuerdo de otra vida; la ciudad no era segura para los últimos Lannister de Roca Casterly, al casarse Cersei habría tenido que dejar el hogar que pensó no extrañar nunca  y que ahora -cuando su soledad se hacía más abrasadora- añoraba con tanto fervor.

Llegó un cuervo para usted, mi señora. —El viejo maestre de Lannisport tardó en llegar hasta ella; la edad empezaba a cobrarle la factura. Otrora Cersei le hubiera arrancado el papiro de las manos, exigente, ahora sólo se limitó a sonreírle mientras esperaba. Poco a poco se estaba convirtiendo en lo que tanto detestaba: una débil mujer. Las lágrimas cada vez eran más frecuentes y por las noches no dormía a razón de las pesadillas que la quebraban una y otra vez.

Cuando el maestre le entregó la carta ésta la leyó; era de Lord Banefort anunciándole su llegada a Lannisport. Releyó tres veces, no encontró indicios de sus motivos y eso la inquietó. ¿Qué llevaba a un hombre a viajar con la enfermedad a la puerta del castillo? Sus sentidos se pusieron alerta, su mente trabajaba y lo único coherente que podía maquilar era que la situación fuese peor de lo que creía.

Maestre, por favor avísele al servicio que tendremos visitas. Y dígale... —Se detuvo, si le pedía otra cosa a aquél hombre se quedaría sin maestre en la ciudad más rápido de lo que ella misma iría a dar sus órdenes. —Olvídelo, ya lo haré yo. Gracias. —Le sonrió una vez más, se había colocado una máscara de amabilidad para ocultar su propia fragilidad; la gentileza y bondad nunca fue habitual en ella y era lógico que el maestre desconfiara. No sólo le sonrió, sino que sujetó de su brazo y avanzó a su paso hasta las puertas. Después partió a disponer de los preparativos, según su carta, a Lord Benefort le acompañaban al menos cincuenta personas más.

Cuando la comitiva invitada llegó, Cersei dispuso la mejor habitación disponible para Lord Athen y en la mesa colocó pan y sal, además de una canasta con frutos y tartas saladas dispuesta para su invitado.

Bienvenido sea a Lannisport, Lord Benefort. Espero que su viaje haya ocurrido sin incidentes. —Le hizo una reverencia a modo de bienvenida. —Por favor, tome asiento y cuénteme cómo lo tratan Los Siete. —Tomó asiento en la cabecera de la mesa, mientras le sonreía -por enésima vez- a su invitado.

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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Athen Banefort el Dom Jul 30, 2017 1:12 am

Su entrada a la ciudad no pasó desapercibida. La gente se acercaba, contenida por los famosos guardianes del puerto, los lanceros de Lannisport que eran reconocidos como centinelas al nivel de las capas doradas del rey, quienes habían formado un camino llamativo pero espacioso para el señor de Fuerte Desolación a manera de que su transitar por la calle principal fuese de lo más sencillo hasta llegar a la pequeña ciudadela donde la Leona debería estarle esperando gracias a que el cuervo había sido mandado poco antes de su salida.

- Mi señora le espera - Musitó uno de los míticos guardianes mientras que recibía al negro caballo de guerra pesado que llevaba a Lord Banefort, un animal que por si solo parecía ser suficiente para aplastar a una escuadra debido a su tamaño y la potencia de sus músculos, sin lugar a duda un ejemplar magnifico. De igual forma el resto de su comitiva desmontaba para adentrarse a la edificación por lo que no hubo necesidad de que el Lord tuviera que esperar, simplemente hizo un gesto de aprobación y dejó que los soldados le mostraran el camino hasta la sala principal del recinto.

- Lady Cersei Lannisport, el nombre que se predica merecedor del título de la mujer más bella de poniente - Saludó a la fémina, sus ojos clavados en ella como afiladas estacas, midiéndola desde el inicio con un gesto sonriente que denotaba cierta calidez pero a la vez dejaba en claro la firmeza con la que se movía por el mundo. Se acercó un poco y con un dejo de delicada educación tomó la mano de la chica y le dio un tierno beso, suave, más de lo que uno esperaría de un caballero con tal temible renombre. Sin duda sus negras vestimentas parecían ser solo una marca de fúnebre e intimidante elegancia. ya que algo en su manera de hablar y actuar daba un toque suave pero claro.... la muerte era así, suave y temible - Debo admitir, mi lady, que el hecho de que solo se diga entre lenguas y no sea ya título oficial demuestra la baja calidad de la gente que nos rodea - Continuó con un halago, pero que no venía como una cortesía ni mucho menos, hasta él tenía que admitir que la hija de su viejo amigo era solo equiparable con las bastas riquezas de la casa que representaba, tan brillante como el oro. No obstante para ser la nueva regente no se necesitaba solo de un rostro perfecto, él había llegado para asegurarse de que detrás de tan brillante máscara hubiera la mentalidad de los leones.

Caminó hacia donde se supuso sería su asiento, con rápido recorrido de sus orbes pudo analizar las opciones alimenticias, todo se veía bien sin embargo a él le gustaba comer después de tocar los temas importantes pera evitar las distracciones innecesarias, a cambio optó por tomar una copa, ya llena, de vino que automáticamente llevó hasta su rostro, admirando el tono con sus ojos y el hedor de sus especias, no era muy difícil adivinar que se trataba de una reserva del dominio, más que nada por la escases de especias fuertes y el liviano tono del mismo - Dejando a un lado las trivialidades... ¿Tiene alguna idea a que he venido? - Cuestionó el hombre llevando la copa a sus labios para dar un ligero sorbo, lo suficiente para poder apreciar las notas adulzadas del mismo, esos gestos florales tan típico de las zonas sureñas. Sin duda su degustación daría tiempo a la rubia de contestar adecuadamente a la inquisitiva.
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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Cersei Lannister el Dom Jul 30, 2017 3:58 am

El rugido entre las sombras

El hombre que tenía ante ella mucho distaba del de su imaginación... en su memoria sólo existían los relatos que se contaban entre el alcohol y las paredes de una fortaleza; para ser un hombre de apariencia amable a Cersei se le antojó más bien letal. Le agradó. Tenía el porte del hombre poderoso que no necesita intimidar para causar respeto; se percató de su mirada -que se le antojaba afilada y aguda- y ella no hizo otra cosa mas que devolvérsela, esta vez con una sonrisa sincera que se amplió al escuchar sus lisonjas. A pesar de sus palabras, el caballero en cuestión las hacía sonar como el simple reconocimiento de un hecho innegable y no de una adulación salamera. Ese gesto hizo que sus hombros se relajaran ligeramente; al menos no tendría que fingir con él.

Cersei solamente rió ante el comentario, si aceptaba el cumplido podría verse vanidosa y de no hacerlo sería débil. Dejó que las palabras flotaran como tal cosa, y le observó tomar del vino. Ella no solía beber, pero ésta vez hizo una excepción. Su pregunta la descolocó, Lord Benefort había hecho de lado todas las cordialidades e iba directo al punto. Esta vez Cersei ya no se ocupó de sonreírle, su lenguaje corporal cambió; ahora se mostraba más felino y, a su modo de ver, más adulto.

Está aquí para asegurarse de que el esplendor que dejó Tywin Lannister no acabe con él. —Lo miró directamente a los ojos, ni siquiera tocó la copa de su vino y agregó. —Es eso, o está muriendo. Por lo que mis ojos pueden ver usted se encuentra en excelente condición, Lord Banefort. —Esta vez sorbió el vino, repentinamente alerta. Si aquél hombre se había tomado el tiempo de venir hasta Lannisport en medio de la peste era porque dudaba de sus capacidades y eso la insultaba. —Sólo espero que primero abordemos temas de urgencia; como la enfermedad que asola a Occidente, después podemos evaluar mis aptitudes.


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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Athen Banefort el Dom Jul 30, 2017 5:45 am

El sorbo de vino se agrío un poco en el momento en que la chica respondió, claramente queriendo demeritar la labor del Lord al visitarla a medida de control de calidad. Ciertamente era una reacción esperada puesto que a nadie le gusta estar bajo la lupa, menos porque lo sientan incapaz de cumplir con su labor, aun así el comentario de la fémina no le había caído en gracia pues debía estar al menos un poco consiente de su falta de experiencia y aun así parecía que algo más le molestaba. Para su suerte no tuvo que esperar a hacer otra pregunta para entender la situación pues se presentó con un comentario a modo de sarcasmo en cuestiones de salud.

- Todos estamos muriendo en Occidente, Lady Cersei - Sentenció de manera abrupta, mirando con singular curiosidad el vino de su brebaje, pensando que tanto malestar le causaría después y si el simple hecho de beber lo suficiente le permitiría ignorar los dolores que la enfermedad inevitablemente le causaría durante la noche - No importa quien muestre síntomas y quien no, si damos por hecho que algunos no están enfermos lo único que sucederá será la reclusión, algo que la mayoría de sus vasallos ya practican con esmero... escondidos patéticamente en sus castillos, intentando evitar algo que es cuestión del tiempo... - Pausó por un momento para dar un profundo sorbo, casi acabando con el líquido que se encontraba en el recipiente, para así dejarlo en la mesa. Su mirada entonces se fijó seriamente en la chica, había un claro aire de enfado en su gesto y aun con los agradables detalles de su cara era inevitable sentir la tensión que se generaba con ella.

- Sus aptitudes y la enfermedad que asola Occidente son el mismo tema y si no puede verlo así entonces creo que sería mejor que vaya a ver a su esposo, el León de segunda que parece haberse casado con la fortuna misma - El desdén por Erik no era algo personal, simplemente no le gustaba que su nuevo líder fuera alguien tan joven, de una casa vasalla y que ni siquiera había sido probado en algo mayor que las justas y el combate individual, no en una crisis así, prefería apostar por la sangre de su viejo amigo y tutor, le debía eso y más al difundo Tywin.

Caminó unos pasos hacia el centro de la mesa y tomó una manzana la cual mordió sin intentar apaciguar el sonido de la misma rompiéndose contra la fuerza de su dentadura. Inmediatamente después se acercó a la mujer, mirándola de manera acusadora por un instante para después suspirar y endulzar un poco su gesto, a uno de un maestro ligeramente decepcionado, como cuando sientes que tu alumno estrella simplemente no lo está intentando - Lady Cersei, su padre era un viejo amigo mío y su pérdida es algo que me afecta tanto como al resto de Occidente, si bien nadie estaba preparado para el cambio abismal y me imagino que usted es la más desconcertada. Más vale que deje de ser la niña que se siente odiada por todos y empiece a ser la Leona que debe ser temida por todos - Dejó la manzana mordida en la mesa, justo frente a la fémina y continuo su caminar para postrarse cerca de una de las grandes ventanas que daban al área portuaria donde todo continuaba aunque a un paso más lento por los terrores de la plaga - Ahora... ¿comprende a que he venido? La cura y su mandato, revisaremos eso hasta que lo entienda - Sentenció, su silueta fantasmal formando una gran sombra sobre la mesa gracias al fulgor que invadía desde la ventana.
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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Cersei Lannister el Dom Jul 30, 2017 6:37 am

El rugido entre las sombras

El tono de aquél hombre le recordaba a su padre. Lo odió por eso; sin embargo lo escuchaba atentamente a pesar de su renuencia a hacerlo. Cersei era obstinada y joven, por eso mismo estaba dispuesta a aprender. Ahora no tendría que actuar desde las sombras, era el momento de demostrar esa autonombrada inteligencia. Dejaría de lado sus impulsos femeninos que solamente la hacían débil y patética.

La reclusión sólo empeora la situación, mi Lord. El maestre de Roca Casterly nos recomienda hacer ejercicio para que la enfermedad salga del cuerpo; eso y una buena alimentación. Pero aún no hay indicios e una cura; o de comprensión de la enfermedad. —Se sinceró, estaba harta de que Erik hiciera de oídos sordos. Estaba completamente embelesado por el torneo próximo en Desembarco del Rey, y ella no estaba de humor como para hacer que la escuchara en la cama.

La mención a su esposo sólo la hizo sonreír; no tenía nada en contra de Erik Lannister, sin embargo no podría evitar pensar que sus habilidades en combate eran superiores a sus capacidades como gobernante. Impulsivo y arrogante como ella, la joven mujer se obligaba a sí misma a ser lo contrario. Ella escucharía y esperaría de ser necesario.

Si mi Lord hubiese tenido la intención de hablar con mi esposo le habría escrito directamente a él. En su lugar usted envió un cuervo con mi nombre; ambos sabemos que no tengo la experiencia ni el temple.
Tampoco tengo una espada entre las piernas, pero tengo algo más poderoso: la sangre de Tywin Lannister de Roca Casterly y por primera vez -como única ocasión- me admitiré ignorante.
—Esta era una nueva faceta de sí misma que no conocía; las siguientes palabras del hombre que tenía allí resonaron en su interior, haciendo mella de su orgullo, su vanidad y su amor propio.

Le tendré siempre una habitación disponible de ahora en adelante. —Se levantó de su asiento y lo encontró en el otro lado del salón, mirándolo directamente a los ojos, le extendió la mano. —Vayamos a la torre del maestre. Ahí está toda la información de enfermedades similares. —Cersei esperaba no arrepentirse de lo que acababa de hacer; pero pensó que su padre tenía a su tío Kevan a su lado, no sólo eso: su padre mismo había confiado en aquél hombre a niveles que ningún otro súbdito había sido merecedor. Al final del día Cersei se creía lo suficientemente inteligente como para poner límites entre los pensamientos de Athen Benefort y los de la señora de Roca Casterly.


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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Athen Banefort el Dom Jul 30, 2017 8:29 am

- Jhm.... - Inició un gesto que pareció algún tipo de mofa cuando se le mencionó el siquiera considerar la plática con el otro Lannister, por supuesto que no lo había considerado como una opción, simplemente sabía que chocaría contra la personalidad el impetuoso leoncillo y terminaría en una rencilla infructífera, y si algo odiaba Athen era perder el tiempo en cosas inútiles - No es necesario fingir inocencia o jugar a lo políticamente correcto, no estoy conforme con que un león que ni cazar sabe de la nada se al líder de la manada. Ese niñato impetuoso podría llevar todo lo que tenemos a la basura por su orgullo, justamente porque tiene esa espada entre las piernas de la que usted se lamenta el no tener. Más que un arma pareciera ser un juguete para los niños incompetentes - Espetó, finalmente demostraba que la cordialidad no tenía cabida en la manera de expresarse, él había aprendido algo mejor, el hecho de poder decir lo que quería de frente y medir a sus antagonistas con el simple despliegue de palabras. Al fin y al cabo los que se ofendían fácilmente poca amenaza demostraban y los que no podían responder a un comentario así no poseían las facultades para el juego de tronos.

La mirada directa de la fémina fue diferente, había perdido aquellos destellos de inferioridad, probablemente por la bofetada verbal que había sido espetada por el joven de negros ropajes, quizás el orgullo de Cersei que despertaba ante tantos ataques aparentes pues en ningún punto parecía haber recibido mucho respeto, simplemente se le había tratado como si no supiera nada y ahora en cambio quería mostrar lo contrario. El hombre levantó un poco su rostro pero sin retirar los ojos de los de ella, como intentando analizar, predecir lo siguiente, pero no pudo... simplemente se dejo ir por la curiosidad. Tendría que medirla con respecto a lo que siguiera así que sin vacilar se limitó a seguirla no sin antes asegurarse de que alguno de los sirvientes llenase su copa nuevamente, no se iría a encaminar sin tener algún tipo de entretenimiento de por medio.

- Podríamos repasar todas las similitudes, sin embargo no creo que encontremos algo que los maestres no hayan visto o al menos no estén investigando. Debo admitir que estoy un poco más intrigado por lo que tiene planeado ahora que es líder de la casa - Comentó mientras recorrían la distancia, sus ojos se fijaban en lo que le rodeaba, la vista de los pasillos, la perfecta estructura y, de vez en cuando, el andar de la joven Lannister, al fin y al cabo, aun con todo lo que tenía en mente, un hombre era un hombre y podía darse su lujo de ver.

- La invitación a la celebración en Desembarco del Rey un tema que debería preocuparle un poco más que la cura, esa puede ser delegada a los maestres por el momento - Vociferó de repente, dando después un sorbo a su copa, sabiendo que aquella afirmación haría que la mujer se frenase ya que seguramente tenía su idea ya realizada con respecto al evento y no esperaba ser encarada contra ello. Él quería escuchar eso, sus ojos inquisitivos lo gritaban aun en el silencio de su mueca expectante.

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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Cersei Lannister el Lun Jul 31, 2017 1:23 am

El rugido entre las sombras

Cersei no se detuvo ante el hombre, le pidió con un gesto a Dimas que llevara una botella de ese vino a donde iba; se adentró en los pasillos oscuros y reducidos de la torre del maestre con una antorcha en la mano, las escaleras no eran ni tan altas ni tan inclinadas; su padre había mandado a reconstruirlas para la edad del maestre. Ella recordó que solía decir 'Un maestre lento es igual de inútil que un bastardo'. Ahora lo entendía.

Escuchó distraídamente las preocupaciones de Athen Banefort con respecto a su próximo viaje y sólo pudo sonreír audiblemente, no se detuvo pues poco faltaba para llegar. En cambio recordó las noches que había pasado en vela pensando e ideando alguna estrategia. Tal vez le contara a aquél hombre de su visita a la Isla de los Farman... aún no podía decidirlo.

Ambos temas son inherentes; si no tenemos una cura en Desembarco se nos tratará peor que a los perros. —Le preocupaba y ocupaba cómo los verían todos los señores de las grandes casas por primera vez. Era vital que pensasen en algo. —Lord Lannister —Aun le costaba decir esas palabras para referirse a Erik sin que la hiel invadiera su garganta. —Está muy confiado en sus habilidades de combate y me ha prometido nombrarme reina del amor. —Su tono era hastiado, poco o nada le importaban tales promesas banas. —Por otro lado he mandado a construir tres talismanes. —Cogió un pequeño cofre y sacó dos gemas iguales que se vislumbraba a lo lejos su procedencia. Eran de un corte elegante y simple. —Provienen de Essos y los ingenuos aseguran que previenen todas las enfermedades. Yo no creo las historias de viejas, pero en Desembarco son en su mayoría estúpidos que se creen todo lo que su Gorrión Supremo les diga. —Dejó para el final el último amuleto que venía en forma de prendedor. En el centro estaba el talismán rodeado de el dragón de tres cabezas de los Targaryen, hecho con oro y rubíes a modo de ojos. Era una pieza de joyería exquisita. Se la extendió. —Nuestro regalo para el príncipe Viserys. —Esperó a que el hombre le diera su opinión, su consejo. A esas alturas no tenía nada más para protegerse de las habladurías.


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Re: El rugido entre las sombras

Mensaje por Athen Banefort el Jue Ago 17, 2017 4:43 am

- Estamos totalmente de acuerdo en esa correlación - Pudo asentir, respondiendo a la sonora sonrisa de la chica con un gesto propio, no alegre, simplemente como una afirmación dedicada por un muy ligero movimiento de su cabeza - Sin embargo... - La interrupción se hizo en el instante que los ojos de aquel hombre vieron su copa de vino, el líquido carmesí moviéndose turbiamente por el agitar de su mano, estaba simulando a las personas de Desembarco del Rey y el bullicio que ocasionaban siempre - ...Ahí nos tratarán con desdén de una manera u otra. El Rey Loco no entenderá jamás que nos hayamos curado de nuestra "inconveniencia". No lo perdonará - No lo decía con odio, ni siquiera con miedo, lo decía con una especie de decepción, era imposible para él esconder el como se sentía por que el poder más alto del continente estuviera en manos del hombre más incompetente de entre todos los Nobles-

Chasqueó la boca al escuchar sobre Erik y sus justas, no por que no fuera un ávido seguidor de ellas, él mismo era reconocido como uno de los mejores competidores de Occidente habiéndose ganado su primer reconocimiento por parte del viejo león dorado en uno de los tantos torneos que la casa Lannister organizaba. Lo que le molestaba es que a pesar de que su habilidad era prometedora, y eso hasta Athen tenía que admitirlo, se iba a enfrentar a hombres de renombre global y el caer en combate, con la enfermedad sonando en todas las mesas, el camino estaba más que abierto a que la conversación se centrara en él, algo que los jóvenes Lannister debían evitar en todo sentido. Por primera vez en la casa de oro, ninguno de sus miembros tenía que llamar la atención.

Su preocupación, tan fuerte como era, fue diseminada gracias a la presentación de los tres talismanes. Exquisito diseño el de cada uno de esos, especialmente el que planeaban regalar al príncipe dragón. Con sus ojos pudo admirar cada fino detalle así como la confección que evidentemente no pertenecía a la herrería de Occidente, ni siquiera a Poniente, sin lugar a dudas venía de un lugar más místico y lejano - Bien... si algo supera el cuchicheo de la nobleza de Desembarco, es la credulidad hacia el misticismo. Esos hombres matarían a sus propios hijos si un septo les dijera que es una peticipon de los Siete - Estaba satisfecho, la sonrisa que finalmente asomaba de su rostro lo indicaba perfectamente.

Dio un sorbo más, profundo, que acabó con la copa y sin mucha delicadeza o reparo se la entregó al joven que le seguía con la jarra a medio llenar - Me alegra ver que has planeado las cosas. Solo te daré un consejo fundamental - Volteó a ver al chico con una mirada que le dijo lo suficiente, que se retirara, para después caminar hacia la rubia, sus ojos tan fríos y penetrantes como siempre clavados cuales dagas en el rostro de la fémina - Ningún león deberá rugir - Contra las palabras mismas del estandarte se atrevió a decirle lo único que tenía en mente, el hecho de que los Lannister debían permanecer por vez primera en su vida en las sombras, pasar desapercibidos - Si hacen algo, no solo nos tacharán de enfermos, sino de inestables... creerán que Occidente está débil - Y lo estaba, por eso se aseguraba de no mostrarlo.
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