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The Evenstar — Paxter Redwyne

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The Evenstar — Paxter Redwyne

Mensaje por Talina el Mar Jul 25, 2017 8:28 pm

The Evenstar
Paxter Redwyne | Antigua | XIV - VII - 284


A pesar de la ausencia de sus señores la normalidad se imponía en Antigua: la Guardia de la Ciudad velaba por el orden, los maestres seguían con sus investigaciones y los distintos septos oficiaban sus ceremonias. Esa era la única tarde que Talina actuaría en aquel mes, un evento ensombrecido por las celebraciones en honor al Príncipe Viserys en Desembarco del Rey. No serían pocos los caballeros que estarían en la capital velando armas antes del torneo pero el pueblo de Antigua no se vería privado de una representación teatral que se hacía esperar de una luna a la siguiente.

Las escalinatas del Santuario de la Doncella servían de escenario, alzando a los intérpretes sobre los espectadores que se congregaban en el jardín frente al templete. Siete Santuarios lucía especialmente en primavera pues sus plantas trepadoras adornaban las pérgolas de madera y se mezclan con las más variadas flores. Las sombras y el aroma creaban una atmósfera muy particular, paradisíaca, que alejaba de las miserias del mundo. La joven novicia encarnaba a la Doncella, quien al final de aquel primer acto trataba de hacer comprender al Caballero Perfecto que aquel encuentro no podía durar siempre y que no podía abandonarse a su compañía desligándose de todo lo demás. Su vestido era blanco y su pelo caía sobre sus hombros, allí donde nacía la final y transparente capa que envolvía la inmaculada tela.

-Las tinieblas de la soledad no os alcanzarán, mi paladín, si la Luz es fuerte en vuestro interior -le dijo a su acompañante, que se negaba a ver partir al personaje que representaba.

-Vuestra Luz me ilumina ahora pero en el recuerdo se apagará como el Lucero de la Tarde -respondió Pennifer tratando de mostrar el pesar de un hombre desamparado.

Talina sonrió con dulzura. Aquella frase, sacada de los cuentos que leyera el maestre Willam el año anterior, le evocaba buenos recuerdos bajo la tutela del erudito. Según les dijo el de la Ciudadela los bardos de Tarth solían nombrar aquel “Lucero de la Tarde” como una alusión a la Casa regente de la isla, pero el héroe de Morne debía de nombrar a una estrella igualmente para darle sentido al relato.

-Alzaos con vuestra propia estrella, Ser Galladon. Haced brillar la nobleza con la extensión de la virtud -recitó las enigmáticas palabras que le tocaba decir antes de desaparecer entre los vapores que rebosaban desde dentro del templo y con ello cerrar el primer acto. Pennifer se quedó allí, sentado en los escalones, simulando meditar.

Ella ya no tendría que aparecer hasta el tercer acto, de modo que una vez en la intimidad del custodiado septo se desprendió del vestido y se impuso un hábito pardo con cofia y velo para ocultarse el cabello. Durante el segundo acto Ser Galladon de Morne debía de resolver el misterio de las últimas palabras dichas a fin de que regrese su musa, así que podría observarlo junto al público. Tomó la salida trasera del templete, lejos de las miradas de los asistentes y, dando un rodeo por los corredores de hiedra, se unió a los visitantes como una novicia más. Todos esperaban a que se reiniciara la obra aún con el otro intérprete petrificado.




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Re: The Evenstar — Paxter Redwyne

Mensaje por Paxter Redwyne el Miér Jul 26, 2017 4:15 am

El fulgor del día bañaba con energía a Antigua de manera que la ausencia de sus señores parecía no haber llegado a los oídos de sus pobladores, algo que no era cierto pero que evidentemente no detenía el andar cotidiano de la población. Vida, alegría, ajetreo constantes que irradiaban la satisfacción de la gente ante el liderazgo de aquellos que los representaban en el banquete real. Todo un regocijo para los pálidos ojos azulados del joven Redwyne que veía en aquel poblado lo que tanto adoraba de sus propias tierras, el color que manifestaba perfectamente la esencia del Dominio.

- Nada mal, Hightower - Musitó Paxter mientras recorría la ciudad como si de un poblador más se tratase, solo un pequeño grupo de sus hombres le seguía por protección aunque mantenía su distancia para no evidenciar su existencia. No era que se estuviese escondiendo ni mucho menos pero no tenía intención alguna de llamar la atención para causarle problemas a sus amables anfitriones, solamente quería darse el lujo de disfrutar de la vida que había perdido, quería despejar sus pensamientos del odio y la venganza. De sus familiares y de su gente. De todas sus responsabilidades... y finalmente respirar.

Los pasos le guiaron entre las calles, la gente caminando a su alrededor sin notar gran cosa de él, sonriendo, saludando, alegrando la mañana del joven que pronto se encontró a si mismo en la plaza central donde el Santuario de la Doncella había logrado captar la atención del populacho, y con ello del noble también. Se acercó con cuidado y se acomodó a un costado del "escenario" para poder ver desde la periferia todo lo que sucedía sin llamar la atención pero sin perderse el más mínimo detalle. El teatro y la poesía era un gusto que su tío Ben había intentado inculcarle aunque ciertamente había quedado más en su hermana, no en él, más ahora que ninguno de los dos estaba presente parecía que el gusto se había heredado al señor de El Rejo quien con un suspiro y toda la melancolía de la memoria se dispuso a deleitarse con la actuación y las aperladas palabras de aquellos jóvenes. Sin darse cuenta se vio ligeramente hechizado por las palabras que aquella pareja ficticia intercambiaba, su cerero divagando en la promesa de un evento similar, algo que pudiera mover su corazón en la dirección correcta, algo que pudiese llenar el vacío que el odio estaba generando.

- Haced brillar la nobleza con la extensión de la virtud - Repitió aquella frase, como si el significado de esas palabras hubiera generado algo en su interior, se había evocado a su labor como líder de su noble casa, como señor de sus propias tierras, como uno de los últimos vestigios de fidelidad a los extintos Tyrell. Los vocablos recorrieron su mente una y otra vez como intentando encontrar un lugar en el cual embonar pero que simplemente parecía no existir, de la nada se encontró con que a su lado estaba la misma chica que había espetado momentos antes tales palabras, oculta entre la gente, disfrutando del espectáculo del que ella formaba parte. ¿La habían notado? No... no existía mejor lugar para ocultarse que a plena vista, el mismo lo estaba experimentando, y no arruinaría su coartada, simplemente sería discreto, pero, tenía que encontrar el significado de esas palabras, de esa misteriosa poesía.

- Ese tipo de poesía... es raro de escuchar incluso en Antigua. Señorita - Musitó, susurrándole a la actriz que se encontraba a su lado. - ¿Sería tan amable de compartirme un poco más de esos cantares? - Cuestionó amable, con una cálida sonrisa mientras ladeaba sus orbes color cielo para encarar a la rubia, claramente no temía ser reconocido, su curiosidad iba más allá de ese tipo de miedos.
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Re: The Evenstar — Paxter Redwyne

Mensaje por Talina el Vie Jul 28, 2017 8:33 pm

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Paxter Redwyne | Antigua | XIV - VII - 284


“Entiendo la magia que personificas y lo que significas para mucha gente del pueblo porque he estado allí, he oído los comentarios”

Esas palabras que le dedicara la señora de Antigua en el ciclo lunar anterior habían martilleado su cabeza durante semanas hasta llegar a ser el motivo de su presencia allí entre el público de la misma manera que supuestamente lo había hecho la dorniense. ¿Acaso habría más secretos escondidos al otro lado del escenario que en el de los actores? Eso sería antinatural. No fue difícil conseguir un acto entero sin personarse en el escenario, aunque ella habría preferido dos.

Aquel Ser Galladon permanecía parado, ensimismado, con la mano en su pecho acariciando distraídamente el tahalí que cruzaba su torso para sostener el escudo que colgaba de su espalda. Aunque por su boca no se emitía palabra alguna, el intérprete movía la boca de vez en cuando: era fácil imaginar que se repetía las palabras dichas por la Doncella, algo que se discutía en el entorno. Talina escuchaba los comentarios cuando alguien se dirigió a ella sutilmente, un hombre joven que parecía haberla reconocido. La mejillas de la novicia se sonrojaron y bajó la mirada un momento por el aprieto para ganar el tiempo suficiente a fin de reponerse. No le conocía y tampoco le resultaba familiar su rostro.

-¿Creéis que un velo muestra más de lo que esconde? -pregunta con una sonrisa nerviosa tras volver a levantar los ojos. Empezaba a pensar que ese elemento del atuendo atraía más la mirada que la evadía y despertaba la curiosidad por saber que había debajo. En las mujeres ancianas los demás se contentaban con las respuestas que se daba cada cual al observarlas, pero para las que no llegaban a cierta edad no- estas obras, me temo, no son tan conocidas aquí como en la Isla Zafiro -dice refiriéndose a Tarth, el lugar donde más se habían desarrollado aquellos cantares por los bardos locales. Ella nunca había estado allí, de hecho, jamás había salido de El Dominio pero se sentía ligada de alguna forma a aquella tierra que en su mente era virgen y salvaje. No dudaba que a sus padres les habría encantado a pesar de que cada vez los recuerdos sobre ellos eran más borrosos y ese tipo de cosas tan vitales no se podían guardar en los libros que custodiaban los cuentos que representaba- pero en esta ciudad tenemos inmortalizados a los mejores escritores y cronistas de la historia -adorna la mención a la Biblioteca de la Ciudadela con la más límpida de sus sonrisas: ya se había recobrado lo suficiente.

Hacía apenas un par de meses que el Maestre William se había marchado y la guía que había dejado sobre los actores había sido suficiente como para que en aquellos momentos estuvieran preparando incluso un ciclo más, el del Rey Hugor de la Colina junto a otras personas.

-¿Sois caballero? -pregunta observándole con minuciosidad, curiosa de su interés por en una obra cuyo principal protagonista representaba el ideal de la caballería. Era un hombre que le resultaba difícil de encuadrar y suponía que su nombre le diría poco.




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Re: The Evenstar — Paxter Redwyne

Mensaje por Paxter Redwyne el Dom Jul 30, 2017 1:40 am

Quedo ligeramente sorprendido por el gesto inicial de la joven actriz. No esperaba sorprenderla de esa manera, mucho menos que la reacción le causase esa extraña sensación ya que incluso el tenía que admitir que ver ese ligero sonrojo había sido... encantador. Más eso no cambiaba el hecho de que tenía curiosidad, tal vez por distraer su mente, tal vez por seguir encontrando respuestas a preguntas que seguían atormentándolo. Lo importante era saber de donde venía esa línea de pensamiento y que había más allá de la misma, en esos momentos toda enseñanza era bien recibida.

- Creo que hasta algo que está a simple vista esconde algo, así que un velo no es más que la ventana a un mundo de misterios a mi parecer - Y era cierto, para él ya ni lo evidente era evidente, había aprendido de mal modo que juzgar a primeras era uno de los principales errores, siempre era mejor esperar más de lo que realmente podría pasar, una forma de cautela que quería empezar a practicar en sus próximos planes. Entonces escuchó la procedencia de sus relatos, una isla que él ya había visitado con anterioridad acompañando a su tío en uno de los navíos mercantiles no solo para concretar una entrega sino para visitar las tierras de las tormentas en lo que sería un trato con las casas que ahí regían, tal vez todos esos viajes habían dado como fruto su compromiso con Lady Bárbara Estermont, de la quien se decían muchas cosas pero que a Paxter solo le interesaba una, la fama de que su sonrisa podía iluminar incluso las cortes del Rey Loco. Inevitablemente sonrió ante el recuerdo y ante la segura posibilidad de que ese matrimonio se había derrumbado con la caída de su casa, era curioso, como a pesar de no haber conocido a la mujer, la promesa de una vida tranquila le había causado cierto grado de seguridad y en un solo momento había sido arrojado a la realidad por los desastres del destino.

- Antigua esconde muchos hermosos secretos, pero el mejor de todos ellos es que sus navíos llegan a partes inimaginables, incluso a los parajes más alejados de Poniente. Probablemente ésta obra sea resultado de una danza entre culturas de Poniente y de Esso pues tengo entendido que de ahí vienen otros estilos de literatura como ni siquiera los grandes maestres del pasado han podido recopilar en su totalidad - Su sonrisa se volvió algo más que amable, había crecido hasta volverse honesta alegría y la promesa de aventura. Había olvidado que la gente podía vivir por cosas más allá de la batalla, claro, el aun tenía la suya pero por un momento se le había escapado de la mente que en el horizonte de sus contiendas existía la posibilidad, así, a secas, eso era todo lo que necesitaba. La posibilidad.

- ¿Caballero? ¿Yo? - Soltó una ligera risa antes de que sus ojos albicelestes volvieran a encontrarse con la encantadora y multifacética rubia, sin duda los elegantes ropajes que portaba habían dado esa imagen pero no tenía aun el entrenamiento ni las capacidades físicas de siquiera proponerse algo por el estilo - Me temo que no tengo la habilidad para obtener ese título, señorita, pero creo que puedo al menos decirle mi nombre. Paxter - Musitó en tono algo juguetón, mientras extendía su mano para sujetar la de la fémina en un gesto de saludo cordial. Tal vez era un noble pero el trato a las personas siempre había sido uno de sus mejores puntos, especialmente porque gustaba de ver lo que la gente podía ofrecer, parte de sus grandes errores dentro del juego de tronos.
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Re: The Evenstar — Paxter Redwyne

Mensaje por Talina el Dom Jul 30, 2017 8:41 pm

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La primera pregunta sólo había sido una manera de entrar en la conversación, así que cuando él contestó simplemente sonrió con humildad: un gesto ligero de suave curvatura en sus labios que no llega a asomar los dientes. No hacía falta añadir nada más para reconocer que gracias a un detalle como ese, un velo, había sido descubierta. No eran pocas las veces que deseaba vestir con menos monotonía y se conformaba con el uso de perfumes. Por suerte la regla sobre los hábitos de las novicias no era tan rigurosa como la de las septas pero seguían pesando como cadenas de hierro sobre el espíritu de la juventud y la frescura que era la primavera de su vida.

Desconocía realmente si la reflexión de ese misterioso varón era acertada, de la misma manera que solía ignorar el origen de muchas otras cosas. Gracias a La Estrella de Siete Puntas sabía que la Fe y la Caballería, que eran alma y corazón de la representación, venían de tierras más lejanas y orientales que la propia Tarth. Aunque los cuentos del Dominio recordaban John el Roble, hijo de Garth Manoverde, como el Primer Caballero. ¿Quien era ella para cuestionar tanto una cosa como la otra? Por más que le gustaran esos relatos antiguos que le contaran de pequeña sabía que colisionaban con las creencias de los Siete y nunca fue una polemista.

-Me temo que podría llegar a decepcionaros el saber que... -suspiró y volvió a bajar la mirada a la par que su mano diestra jugueteaba con la tela del velo que le cubría. Reguló a la baja el tono más aún, al nivel de la confidencia y el secreto de palabras que sólo quien se esforzara podría escuchar- no podemos leer... recordamos los versos repitiéndolos -susurra, sabiendo que ese era el caso de Pennifer. Ella tenía voto de silencio en seis de cada siete días y debía de evocar las palabras en su mente-. Muchas partes nos las tenemos que inventar porque hace ya varias lunas que se nos recitaron los pasajes -termina por confesar que esa literatura estaba siendo alterada por ellos inevitablemente. No era algo por lo que se sintiera culpable pero en honor a la verdad se sentía obligada a destacarlo, siendo además uno de los elementos que añadía un íntimo orgullo a su trabajo. De momento nadie les había acusado de nada malo, así que debían de estar haciendo las cosas bien... o del gusto de la mayoría al menos.

Desvió los ojos hacia el otro actor, que en aquel momento se quitaba el escudo de la espalda y lo dejaba sobre la escalinata con sumo cuidado, como si fuera de cristal y se pudiera quebrar en cualquier momento. Después, atraída por la risa, su atención regresó a la conversación que mantenía. Sus facciones, instintivamente, mostraron cierta decepción al escuchar que no era caballero. No porque porque idealizara a los poseedores de aquel título sino porque eran los hombres con los que estaba acostumbrada tratar, ya fuera en los oficios del septo como en las ficciones del teatro. De hecho, según miraba esa mano tendida, dudaba si debía de aceptarla ya que ella era una novicia y esas cortesías sólo se aceptaban por parte de los ungidos por los siete óleos sacros. ¿Que escondería tras ese nombre, Paxter? Podría ser un comerciante de productos exóticos. Había mencionado a Essos y sería posible que hubiera cruzado varios mares. Ojos verdes ojos se volvieron a posar en Paxter antes de volver a hablar.

-Pues tenéis la cortesía de un buen caballero -dijo antes de adelantar su mano y, en parte, para justificarse. El camino del paladín de la Fe era iniciático: el caballero antes tenía que ser paje y escudero, en la preparación debían de inculcarse los valores además del entrenamiento guerrero. Quizás hubiera pasado por esa senda y ganara las espuelas, así podría haber terminado de mercader. Dotó de delicadeza al gesto de su mano: mostró el dorso y encogió los dedos un poco, dejando que fuera el otro el que alcanzara el contacto en lugar de buscarlo ella- y también la humildad. Por ello me sorprende que sea la primera vez que observáis esta obra, ¿que creéis que puede aportaros este Ser Galladon entonces? -pregunta aún con la mano tendida. Faltaba a la reciprocidad y no se presentaba por el momento.




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Re: The Evenstar — Paxter Redwyne

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