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Sphinx's Duality — Maestre William

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Sphinx's Duality — Maestre William

Mensaje por Talina el Jue Jul 20, 2017 9:01 pm

Sphinx's Duality
Maestre William | Antigua |  Principios de 283


Penny corrió en dirección a una de las colosales estatuas de piedra verde que flanqueaba las puertas de La Ciudadela. Al joven, otrora un huérfano pícaro del Mercado de los Ladrones, siempre le gustó auparse sobre  las garras de esa imponente figura masculina. Talina, por su parte, nunca tuvo esa energía y se limitó a caminar con calma mientras observaba sus esfuerzos. Penny, Pennifer, o más conocido como Penique por su fama en las calles sustrayendo pequeñas monedas, era su acompañante en las representaciones teatrales. Tras ese revoltoso pelo rizado, sus ojos claros y un pasado oscuro se escondía un joven que interpretaba al Caballero Perfecto... lo que para la septa Megara era algo muy apropiado: si bien ya no era un huérfano sino un Hermano de la Fe, de pícaro ladrón debía de pasar a devoto caballero.

-Vamos, Penny, debemos de estar de regreso antes de la Oración a la Vieja -le recordó al pasar al lado de la estatua. En el Septo se reunían todos los hermanos para orar siete veces al día, es decir, una por cada aspecto de la divinidad. La que correspondía a la Vieja era la que tenía lugar al ponerse el sol para que su farol y sabiduría les guiara en la oscuridad- aprovechemos la tarde -apremió sin detenerse y cruza las puertas al tiempo que se retira la capucha de la cabeza. ¿Porque esas esfinges serían masculina y femenina si allí dentro no dejaban estudiar a las muchachas como ella?

Su pequeña figura, envuelta en una capa color pardo, asomó al fin dentro del territorio de los maestres. Ese era el único lugar dentro de la Ciudadela donde se le permitía el acceso, al igual que al resto de habitantes de la ciudad: el Hogar del Escriba. Con cierto parecido a un mercado allí los hombres entregados al conocimiento prestaban diversos servicios, ya fuera para analfabetos como ellos como para letrados. Inclinó el cuerpo hacia un lado y con sus ojos llenos de curiosidad buscó al maestre William con la mirada, ese hombre tan particular que se había prestado a ayudarles. Ya se habían reunido en una ocasión con el anciano para que les leyera esos misteriosos cuentos de Tarth que custodiaban los eruditos y que no iban a ceder, y fue muy instructivo. El papel de Talina como la Doncella bebía de las oraciones y cantos que en Siete Santuarios se sabían de memoria, pero la figura del Caballero Perfecto no era tan evidente y las lecturas y comentarios de ese hombre les ayudaba a interpretar y preparar nuevas escenas. Lo encontró y saludó desde la distancia, con una sonrisa dulce, antes de acercarse. Penny le alcanzó a la carrera en apenas un momento.

-¿Que crees que le pasó en la pierna? -le preguntó el joven, en un cuchicheo, cuando aún no estaban lo suficientemente cerca del maestre.

-La guerra -dijo ella, convencida y también sombría, en un susurro que prácticamente era un siseo. Ya estaban muy cerca, lo suficiente como para que el otro notara algo raro- Maestre, gracias por reuniros con nosotros una vez más -se adelantó la novicia bajando la cabeza humildemente ante él, en el espacio que había reservado para el encuentro dentro del recinto.




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Re: Sphinx's Duality — Maestre William

Mensaje por Maestre William el Sáb Jul 22, 2017 7:01 pm

El interés de William por la ficción era tan o más grande que el que sentía por la historia teñida de fantasía. No era un maestro o erudito en los cantares, que era materia de trovadores y bardos, pero si apreciaba el arte que había tras la confección de las rimas, versos y estrofas. Requería talento y dedicación, y si era acompañado por el teatro… entonces ya era toda una confección escénica que requería trabajo en equipo y coordinación. Mal hacía cualquier Señor, pastor o monarca en desprestigiar el trabajo del músico, del actor o del bardo… al menos los que no bastardeaban la profesión.

Estaba sumido en esos pensamientos mientras descansaba sentado en un banco de piedra en el Hogar del Escriba, y no era casualidad. Mientras las palomas ingresaban por el enorme ventiluz del patio de piedra abierto al público, él pensaba y se sumía en una taciturna paz. Días atrás, para intentar distraerse de la amargura que lo recorría cada vez que pensaba en lo que podría haber hecho para frenar la destrucción de su hogar, había paseado su quebrada anatomía por ese mismo espacio para mezclarse con la gente como él, para recordar que no siempre había sído el Jefe de la Biblioteca de la Ciudadela. El destino quiso recompensarlo.

Un joven maestre que apenas había logrado forjar una cadena que le rodeara el cuello de forma apretada se quejaba sonoramente de las tareas que le encomendaba la Ciudadela al tener que cumplir horas del día ayudando a la plebe a confeccionar documentos escritos o a leer cartas por ellos. En su casilla había dos figuras: la de un niño y la de una muchacha, ambos de aspecto humilde pero no desgarbado ni zaparrastroso. William enarcó una ceja ante la mala actitud del joven y prestó él la ayuda, averiguando las identidades de sus “clientes” así como sus intenciones.

Talina y Pennifer pertenecían a la Fé, o estaban en vías de hacerlo. A su vez se encontraban en búsqueda de alguien que los ayudara a interpretar los textos relacionados con una figura sagrada para la religión de los Siete y que también era centro de interpretación para varias obras teatrales: Ser Galladon de Morne. Pese a tratarse de un cuento moralizante y cuyo mensaje era funcional a la organización esotérica a la que William no adscribía, pero a la que sí le debía mucho, sonrió ampliamente al escuchar aquello y prometió buscar y arrojar Luz sobre el asunto para los dos jóvenes.

Y allí estaba, esperándolos. Nuevamente la media sonrisa con tintes de tristeza apareció en el viejo erudito, recordando el calor que la tierna juventud podía regalar solo con su mera presencia. Levantó la vista y vio, entonces, a sus clientes ingresando para encontrarse con él y respondió al saludo con un gesto cándido. Se levantó, apoyándose en el bastón con una mano y rodeando un enorme tomo con la otra. “Jovenes, alegría de veros, y no hay nada que agradecer. Es mi trabajo… y muchos otros de mis colegas deberían recordarlo más a menudo.” Les guiñó un ojo y alzó la mano zurda, sosteniendo el cayado para señalar la celda donde los atendería. “Acompañadme, hay mucho de lo que debemos hablar”

Sus pasos de madera eran constantes. William ya estaba acostumbrado a renguear, y no recordaba haberse caído jamás usando el bastón. No pretendía dar pena a nadie… su fuerza no era física después de todo. La celda era un ordenado espacio de paredes de madera bien tallada aunque simple. Una mesa con tres sillas y una jarra de agua con sus respectivos vasos los esperaban, así como un plato con algo de pan y fruta. “Podéis sentaros y serviros, la Ciudadela está a su disposición aquí dentro.” El rivereño dejó el tomo sobre la mesa y acto seguido se sentó. En la pared había engarzada una campana que servía para llamar a los novicios en caso de necesitar sus servicios.

“Antes de comenzar, os diré que encontré mucho sobre lo que me pedísteis buscar… pero mi curiosidad es muy grande pese a mi edad, así que me veo en la obligación de preguntaros ¿Exactamente para qué queréis interpretar con mayor profundidad la historia de Ser Galladon?” No tenía todos los detalles después de todo.
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Re: Sphinx's Duality — Maestre William

Mensaje por Talina el Jue Jul 27, 2017 9:14 pm

Sphinx's Duality
Maestre William | Antigua |  Principios de 283


Confiaba en no haber hecho esperar demasiado a aquel hombre, aunque intuía en que si fuera así él nunca lo destacaría. Parecía la clase de persona que disfrutaba de una espera tranquila, sin impaciencia, y observando el mundo que le rodeaba. Se atrevería hasta a pensar que se deleitaría en la paz de una demora de la misma manera que en el olor de una flor o el canto de un pájaro. Sonrío, sin llegar a abrir la boca, como respuesta a sus amables palabras. Sabía que Penny tenía algunos amigos dentro de la Ciudadela, chicos jóvenes como ellos, que eran acólitos y se llamaban a sí mismos los Caballeros de la Esfinge. Desconocía si tenían la misma vocación de servir que aquel erudito.

-Dicen que el agradecimiento es de quien lo da y la ofensa de quien la recibe -recuerda con esas palabras la soberanía que tenía a la hora de regalar el cumplido y como, con piedad, se podía perdonar las faltas de los demás. En el septo le habían dicho que el orgullo arruina esta perspectiva apropiándose los reconocimientos y achacando los insultos a otros. La dominense también acariciaba la vanidad en su papel como actriz y conocía bien ese pecado con el que su consciencia estaba muy tranquila: siempre que se hiciera más daño a ella misma que a los demás se justificaba. Por desgracia era un círculo vicioso ya que este sentimiento le hacía sentirse moralmente superior a los que obraban justamente al revés. Tan cerca y tan lejos de lo que había dicho.

Tras la estela del maestre, Talina era seguida por un callado Penny que cerraba la marcha. La Ciudadela impresionaba al visitante, incluso si ya había pasado por allí un puñado de veces se esperaba encontrar algo fascinante en cualquier rincón: si no ¿porque tanto misterio y reclusión? Para la joven no era tanto así pues pensaba que un libro tiene valor para quien sabe leer, no para ella. Como el teatro, sin las personas, el conocimiento y la sabiduría estaban huecos. Dentro de la celda, se sentó y cruzó las piernas con delicadeza esperando a que su compañero respondiera a la pregunta del miembro de esa orden de sabios. Estaba deseando escuchar todos esos cuentos para poder interpretar más escenas que las evidentes, pero supo esperar, cediendo la iniciativa.

-Las gentes del Dominio conocemos a Florian y Jonquil pero no tanto a Ser Galladon -dijo el joven para destacar cierto paralelismo entre ambas parejas y, quizás, parte del éxito de sus obras- y por eso creemos que despierta curiosidad. Nos es familiar el código de caballería y nos han leído el Libro de la Doncella cientos de veces... pero tememos que con lo escaso que sabemos de las aventuras de ese Caballero Perfecto terminemos copiando pasajes del Florian inconscientemente.

La novicia asintió, mientras tanto le había servido el agua tanto a Penny como a William.

-Nuestro mentor, Ser Lycken Beesbury, desapareció hace meses con las revueltas. Se dice que murió luchando por los Tyrell... sin él estamos perdidos -desveló aquello con voz suave, pero sin con la franqueza y sin rodeos-. Tenía el respaldo de la Fe como dramaturgo a pesar de ser sólo un caballero más. Hemos trabajado este tiempo sobre la pista que nos dejó pero nadie en el septo nos puede ayudar -fue entonces cuando les ofreció los vasos para que pudiera beber. La reputación de Ser Lycken en Antigua no era la mejor pero era un buen hombre.




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Re: Sphinx's Duality — Maestre William

Mensaje por Maestre William el Vie Ago 11, 2017 7:47 pm

El joven muchacho tomo la iniciativa para responder los interrogantes del viejo Maestre. William mantuvo su rostro sereno e introspectivo mientras escuchaba con atención, genuinamente interesado en lo que sus invitados tenían para decir respecto al teatro y las leyendas que eran adaptadas para ello. Asintió, conforme con la respuesta de Penny “La inconsistencia histórica… o más bien, inconsistencia de leyendas superpuestas. Ese es el problema y lo comprendo… han hecho bien en averiguar, y eso da la pauta de que el trabajo del artista no consiste solamente en subir a escena, sino también en averiguar cuál será la piel que se colocará antes de subir.”

William no pudo evitar sonreír abiertamente ante un pensamiento propio, pero pronto la doncella Talina trató temas algo más lúgubres. “Ser Lycken… he escuchado hablar de su nombre, pero no demasiado, solo lo que murmuran las calles de Antigua. Por lo que se dice es un hombre poco ortodoxo… lamento que os haya dejado en vilo y esperemos que su desaparición no sea definitiva.” Por más que el Maestre era sincero con sus palabras y que sentía verdadera empatía, no dejaba de resultar demasiado directo. Se dio cuenta de aquello y rápidamente intentó desviar el tema a lo que los había reunido allí.

“Este tomo es de la colección privada de un viejo Maestre que la donó a la Ciudadela hace años. Dicho colega sirvió a la casa Tarth tiempo atrás, y entre sus libros estaba el que os estoy mostrando.” Lo extendió un poco hacia sus acompañantes y lo abrió con cierta emoción. “Es un hermoso escrito titulado “La parentela del Ciervo”, y es obra del Maestre Hubert.” Acarició las letras doradas en cada inicio de párrafo, adornadas con diseños intrincados de caligrafía. Era un enorme árbol genealógico de muchas familias de la Tierra de las Tormentas, pero en un apartado en particular había “Leyendas” o enigmas de cada linaje.

“Para no haceros larga la explicación, mis jóvenes amigos. Hubert usa la razón, como todos los caballeros del conocimiento, y da una serie de datos que vinculan a Ser Galladon con una figura mucho más antigua que se origina en la Edad de los Héroes, cuando todavía no existía la caballería en los Siete Reinos. Probablemente un Señor de la Guerra que puso bajo su mando a todo Tarth.” Dijo el anciano, con los ojos marrones brillando de expectativa ante el hecho de iluminar las mentes ajenas. “Pero… hay un pequeño detalle que complica el asunto.”


El rivereño se giró y sacó otro tomo, más pequeño, cuyo título era “Viajes por las Islas del Oeste”. “Aquí dice que Morne fue un poblado que amenazó con volverse un castillo debido a los pequeños reyes que allí habitaron, pero que sus ruinas no son de los Primeros Hombres… sino de los Ándalos. Por tanto, si Morne no fue creado hasta que los invasores del Este pisaron Poniente, Ser Galladon no podría haber existido durante la Edad de los Héroes.” Dictaminó con una sonrisa, señalando el párrafo donde se avalaba lo que él expresaba.
“Pero si me preguntan, la diferencia sustancial entre Florian y Jonquil, y Ser Galladon y la Doncella es que uno es un relato para el pueblo y otro es uno esotérico… hecho para alzar los corazones hacia la Fé del amor puro y la virtud de los caballeros como medio para hacerlo.” William no veía demasiadas formas de equivocarse una figura con la otra. “Para estar seguros de la existencia o no de Ser Galladon os puedo ofrecer buscar en el árbol genealógico de la familia Tarth o de sus banderizos. En el caso de Florian conocer de su verdadera existencia resultaría inútil, porque todos los relatos lo sitúan como un hombre de baja cuna.”
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Re: Sphinx's Duality — Maestre William

Mensaje por Talina el Mar Ago 15, 2017 10:43 am

Sphinx's Duality
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Los novicios parecieron satisfechos con la manera en la que el erudito puso nombre al problema que les enfrentaba el horizonte y, a pesar de la sombra que suponía la caída de Ser Lycken, podrían afrontar en lugar de hundirse en la oscuridad de la pérdida. Talina tragó saliva y rápidamente el maestre continuó con su intervención de manera que no tuviera que añadir nada más sobre el caballero. Le extrañaba y confiaba en que hubiera sobrevivido al conflicto.

El tomo se abrió ante ellos y se inclinaron para observarlo. Ninguno de los dos sabían leer pero el olor de un libro viejo era algo que solía atrapar a los jóvenes y la dominense no era una excepción. Penny por su parte parecía fijarse en la caligrafía y la búsqueda de ilustraciones. Pero pronto esas páginas perdieron importancia frente a las palabras que salían de la boca del erudito. Para la novicia la existencia de inconsistencias en la historia no suponía una novedad a pesar de su corto entender. Tan sólo había que pararse a escuchar los cuentos del Dominio y la doctrina de la Fe para darse cuenta de que son disonantes con respecto al origen de la caballería.

-¿Qué sería algo esotérico? -preguntó Talina fascinada con la palabra. Sonaba bien pero nunca la había escuchado a pesar de que su mente le decía que de seguro sabía lo que era pero que jamás le había puesto un nombre. A pesar de todo lo escuchado había un detalle fundamental que aún no había salido a relucir en el resumen y le concernía a su papel. ¿Donde encajaba la Doncella en esas versiones? Debía de haber alguna figura femenina que inspirara al héroe- entonces... ¿Hubert no nombra ninguna musa de Ser Galladon? En ese caso sólo nos quedarían esas genealogías... -la joven parecía algo confusa ante esas revelaciones. Tomó su agua y bebió generosamente deseando que realmente pudiera haber en aquel libro material para nuevas escenas aunque el nombre correspondiera en esas páginas a otra mujer.

A Penny, por su parte, le pareció gracioso el comentario de Talina y sonrió. Él era mucho más despreocupado y confiaba en que todo podría arreglarse sobre la marcha, no resultando ningún contratiempo definitivo.

-Quizás todos tengan razón y Ser Galladon nunca fue caballero. O sí lo sería sin saberlo -puntualiza el chico.

Esa era la reflexión que podría de todo lo que había escuchado, inspirado en esa pequeña mención a los “Caballeros del Conocimiento”, un nombre muy parecido al del grupo de acólitos que conocía, los Caballeros de la Esfinge. La muchacha por su parte, se había fijado más en otra palabra: esotérico, naturalmente.




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Re: Sphinx's Duality — Maestre William

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