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La Eterna Niebla de Oriente

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La Eterna Niebla de Oriente

Mensaje por Petyr Baelish el Mar Jul 18, 2017 8:25 pm

La Eterna Niebla de Oriente
Día XXIX | Mes VI | Año 284 | Nido de Águilas

La mayoría de grupos de partida hacia Desembarco del Rey ya se habían movilizado, por lo que el Nido de Águilas se encontraba mucho más tranquilo. Petyr imaginaba que la actividad entre aquella fortaleza; cruzando Cielo, Nieve y Piedra; hasta las Puertas de la Luna sería frenética. Casi le apetecía asomarse por una de las Celdas del Cielo para observar a los hombres, mujeres, mulas y provisiones descender como hormigas. Aunque también era posible que la eterna niebla de Oriente impidiera ver tal espectáculo. Para el joven, que había vivido muchos años en el Tridente, esa niebla era algo más que las brumas que escondían un paraíso entre las montañas: era la seriedad de sus caballeros, la prudencia de sus damas, el silencio de los aldeanos y los pasos ocultos de las cordilleras. Salvo en Puerto Gaviota, la mirada de los lugareños daba la impresión de esconder algo a los visitantes ocasionales de sus bellas tierras. A veces, en las tabernas, con la bebida en la mano y el deber cumplido tras una larga jornada, esa imagen se difuminaba y los hombres dejaban de ser estatuas.

En aquel momento, el heredero de Los Dedos, caminaba entre estatuas de piedra. Un jardín entre las torres era el pulmón de la fortaleza, el lugar donde solía reunirse con el Belmore. Y Lord Darren lo había hecho llamar aquel día antes del viaje a la capital de los Siete Reinos, en el sitio de siempre: el centro del jardín. Justamente allí había una estatua de una mujer llorosa, quizás el último vestigio del paso de la Casa Arryn por el Nido de Águilas. La fortaleza y el trono ya pertenecieron a los que ocuparon la fortaleza antes de las águilas, que según algunas canciones eran los grifos. El Baelish suponía que lady Diana no había mandado derribar el fino monumento de piedra porque representaba a Alyssa y el recuerdo de su historia era también un homenaje al fin del dominio de los Arryn en el Valle, aunque hubiera ocurrido finalmente en la estación pasada y no hace siglos.

Así, llegó a dicha estatua y esperó a su señor, ya vestido con su capa de viaje. A pesar de que la mayoría de habitantes con una buena posición en el Nido de Águilas no tenía especial aprecio por Meñique, éste era de una edad parecida al Belmore y de este modo podía ofrecerle una compañía que, por ejemplo, su querido maestre no podía brindarle. Además, el Lord valoraba positivamente su aporte en la lucha contra los clanes en el invierno anterior y solía preguntarle por los lugares que visitaba como Recaudador de Impuestos. Cuando escuchó su llegada, hizo una leve inclinación.

Mi señor —saludó, apartándose un poco de la estatua de Alyssa.


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Re: La Eterna Niebla de Oriente

Mensaje por Darren Belmore el Sáb Jul 22, 2017 11:13 am

Se encontraba sentado en el imponente trono de arciano, en la Sala Alta del Nido de Águilas. Desde aquel trono durante siglos la casa Arryn gobernó El Valle, en un principio como reyes y luego como señores. La última revuelta al gobierno del Rey Aerys ocasionó un radical cambio de poder en El Valle. Ahora no era un águila quien se ocupaba del gobierno de esas tierras. La casa Belmore al mostrarse leal durante la rebelión fue recompensada con los títulos que previamente poseía Jon Arryn, ese era el motivo por el cual ahora Darren observaba la Sala Alta desde una posición que jamás pensó que lo haría.

Hacer de Nido de Águilas su nuevo hogar fue un cambio bastante grande. Debía acostumbrarse a la altura, a lo eterno que se le hacía el ascenso y descenso de la fortaleza, el lado positivo de esto era que también sería así para aquellos que se atrevieran a desafiar el dominio del nuevo señor. En los últimos meses la fortaleza se había poblado con sirvientes que con anterioridad trabajaron en Rapsodia, pero aun así en el lugar continuaban rondando varias caras que aún le eran ajenas y otras tantas que recientemente tuvo la oportunidad de conocer. Uno de sus nuevos conocidos tras la adquisición de Nido de Águilas era Petyr Baelish, un noble del Valle, recaudador de impuestos al servicio de la corona. Petyr rondaba la misma edad que Darren, por lo que era una buena compañía en aquella fortaleza que muchas veces se le hacía solitaria.        
Ese día tenía una reunión acordada con Baelish, por lo que se dirigió al jardín del Nido donde se encontraría con él. Al ingresar al lugar el otro joven fue lo primero que vio, por lo que caminó hacia el manteniendo una sonrisa cortés.
-Baelish.- Saludó con una leve inclinación de la cabeza. Observó la estatua en la que hasta hace un momento el otro estaba apoyado, Alyssa Arryn ¿Cuántas lagrimas derramaría si se enterara de lo que le sucedió a los últimos Arryn?  
-Espero que vuestros últimos viajes hayan sido favorables ¿Alguna novedad que contar? – Preguntó apartando la vista de la estatua y observando a su acompañante. Tenía algunas cosas específicas en mente que deseaba preguntarle al otro, aunque esperaría para ello. Si deseaba dialogar sobre asuntos que iban más allá de Nido de Águilas creía que el adecuado era alguien que se dedicaba a viajar para cumplir su trabajo, como lo era Petyr Baelish.
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Re: La Eterna Niebla de Oriente

Mensaje por Petyr Baelish el Mar Ago 01, 2017 8:09 pm

La Eterna Niebla de Oriente
Día XXIX | Mes VI | Año 284 | Nido de Águilas

El joven Guardián de Oriente tenía una constitución más formada que la de Meñique y los rasgos propios de la nobleza de las Tierras de la Corona. El recaudador lo observó, ladino, mientras dejaba escapar una sonrisa. Físicamente eran dos personas muy distintas, resultando el punto en el que podrían parecerse más el tono de la tez y aún así existía cierta distancia. Seguramente Belmore no tendría ni una sola gota de sangre proveniente de Braavos, que era la ciudad que regaban los canales que eran la venas del propio Heredero de los Dedos. Pensaba en labrarse una reputación para sí mismo y sabía que en ella jamás entraría el hecho de ser hijo o heredero de alguien, muy al contrato que Darren que estaría marcado por ello.

Con vuestros modales excesivos cualquier día me obligaréis a hacer una reverencia completa —bromea, aún con aquella sonrisa pícara. El Señor del Nido de Águilas se había limitado a saludar con un gesto similar al que había recibido justo antes y era bien sabido que las personas de menos posición debían de ser más exageradas en la cortesía para sus superiores, así, por comparación, Petyr había sido un tanto desconsiderado pero como había movido ficha primero la responsabilidad final recaía en la otra persona. No era algo que fuera especialmente importante si no se trataba de una gran audiencia pero allí ya era conocido el gusto del Baelish por el humor incluso para hacerse la víctima o para situarse lejos de una posición caballeresca.

Pero ese comentario sólo había sido el aperitivo, una manera de empezar: no tardó en continuar hacia lo que de verdad le interesaba a su rubio acompañante.

La Paz del Rey parece respirarse en cada rincón de este país. Lejos queda la amenaza de los clanes y la sombra de la guerra —pinta ese bello paisaje sin faltar a la verdad pues se notaba en el ánimo de la gente. El recelo en los pueblo y villas no era el de los aldeanos con miedo a perderlo las pocas cosas que valoraban en esta vida, sino la desconfianza común a lo desconocido. Sabía que el carácter marcial de los Caballeros del Valle se reforzaba en unos ideales que los distinguía de los bárbaros de las montañas: usaban la violencia para defender esa paz y la justificaban bajo la capa de los guardianes—. Pero esta calma también tiene sus problemas. En la mayoría del Valle veo que cada hombre y mujer se conforma con la vida que tiene, pero allí donde la prosperidad es más evidente, en la única verdadera ciudad de este Reino, Puerto Gaviota, las cosas son más complicadas —expone su visión de un país dual donde las reglas de lo rural difieren bastante de las que hay en un puerto comercial de gran alcance.

Escondió los labios detrás de su dentadura por un momento como si se mordiera a sí mismo y se frotó las manos para darse un espacio de tiempo para continuar con aquello que cada vez parecía una disertación. A veces las palabras tenían que madurar una vez dichas.

Los Grafton parecen estar controlando bien la corrupción y en las aduanas hay mucho trabajo —advirtió antes de que pareciera que señalaba a alguien—  pero iré a advertir al Contador Real del riesgo que existe de una guerra de mercaderes —sentencia. La posibilidad existía, por remota que fuera, de que el juego sucio se impusiera y de tan provechoso que resultara un negocio que hubiera que subir los impuestos para hacerlo menos atractivo—. Por su parte, en los dominios de los Shett y los Royce fui tratado con todas las atenciones... bueno, con todas no, pero ya sabéis que es una manera de hablar —vuelve a hacer bromas ahora un punto de descaro, a juzgar por lo afilado de su sonrisa.


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Re: La Eterna Niebla de Oriente

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