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Nosotros Recordamos - soliloquio

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Nosotros Recordamos - soliloquio

Mensaje por Ysilla Royce el Lun Jul 17, 2017 2:15 am

Ocurre con la llegada del cuervo de Lady Diana Belmore desde la Fortaleza Roja

Nosotros Recordamos
Día XXIX | Mes VI | Año 284 | Piedra de las Runas | Yor & Yhon Royce PNJ


Un cuervo había llegado desde la Fortaleza Roja e Ysilla se había apresurado en abrirlo. Había pasado cerca de una hora desde que había abierto la nota y aún no podía creer lo que sus ojos leían. Básicamente la madre de Lord Belmore había tomado de muy mala gana su regalo; un símbolo de paz entre las dos centenarias familias. Y si bien era cierto que su padre no había intervenido con los salvajes como muy "valientemente" habían hecho los Belmore, todo aquello se debía a su deber de esperar por la decisión correcta de Lord Arryn.

El traidor.

"Os invito a prestar más atención a lo que ocurre más allá de Piedra de Runas. Si queréis reuniros con mi familia, tan dividida en Poniente, tendréis que hacer un mayor esfuerzo." Aquellas palabras escritas por el puño y letra de Lady Belmore le cayeron como una patada en el estomago. Nada había salido como ella esperaba, eso era más que una realidad. Ysilla cambió su mirada para evitar que las lágrimas de frustración corrieran por sus mejillas. Estaba enoja, se sentía humillada y frustrada.

—Hay que dejarlo todo preparado para cuando vayamos a Desembarco del Rey. Procura que...— Lord Yor entró al salón siendo seguido por Yhon. Ambos se detuvieron de inmediato al ver la imagen de la doncella Royce. Con mejillas pálidas y ojos rojos por las lágrimas contenidas, la imagen de Ysilla era una que no habían visto desde hacía muchísimo tiempo. Siempre serena, recta y orgullosa, la más joven de los Royce era una digna dama. Y sin embargo, allí estaba frente a ellos; descompuesta. —¿Qué ha sucedido?— demandó su padre con voz alta, mostrando la preocupación en su fuerte entonación.

¿Ysilla? ¿Qué ha ocurrido?— cuestionó en voz más baja Yhon, sus ojos oscuros brillando por la preocupación.

La doncella negó la cabeza, apresurándose para ocultar tras de sí el pergamino. —No es nada, no ha ocurrido nada,— No pasó mucho para que su padre se moviera y abriera la palma de su mano frente a ella. —Padre...—

—Dame el pergamino, Ysilla.— La muchacha mordió su labio inferior, sus dedos temblando. Su padre no tenía ni la más mínima idea de qué ella había hecho. Ella sí le había informado que enviaría un regalo al Nido de Águilas, sin embargo, no le había mencionado el pequeño detalle de que haría lo mismo con Lady Belmore. —Ahora.—

Tragó seco y titubeante le entregó el documento doblado y arrugado por sus impulsos. —Padre, yo...—

—¿Qué hiciste, Ysilla?— preguntó Yhor mientras su padre leía el documento en silencio, apartado de los dos jóvenes Royce.

La doncella observó a su hermano, avergonzada. —Le envié un bordado a Lady Belmore a la Fortaleza Roja...— Ante la mirada inquieta del heredero de Piedra de las Runas, prosiguió. —Parece ser que no lo tomó bien. Yo solo creí...—

—Esta será la primera y última vez que tendrás contacto alguno con un Belmore, Ysilla. ¿Entiendes?— Lord Yor, imponente por su estatura y figura, y con ojos tan oscuros y fríos que parecían una noche sin estrellas, se acercó a la joven. Ysilla miró a los ojos de su padre, sintiéndose como el ser más pequeño y mísero de todo Poniente. —No volverás a mencionar el nombre del Señor de estas tierras, no tendrás contacto alguno con el Nido de Águilas y tampoco con Lady Belmore, ¿me entiendes?—

—Padre...—

—NO QUIERO ESCUCHAR TUS EXCUSAS DE NUEVO, NIÑA INSOLENTE,— el grito del Señor de Piedras de las Runas hizo eco en la habitación, sorprendiendo a los dos jóvenes Royce. Con la misma fuerza con la que sus palabras escaparon de su boca, el hombre tomó a Ysilla por los hombros y la sacudió con brusquedad.En sus dieciséis días del nombre, Ysilla jamás había visto a su padre reaccionar de aquella forma. Nunca en su vida había recibido un regaño tan salvaje como aquel. Su padre parecía ser otra persona; la furia latente en su mirada y voz. La joven intentó mantener la compostura pero le fue imposible evitar las lágrimas del miedo, vergüenza y deshonor. Ella, Ysilla Royce, la hija mimada de Lord Royce, la chiquilla caprichosa que recibía todo lo que deseaba, estaba siendo brutalmente regañada por su padre. Estaba segura que no había sirviente en la fortaleza que hubiera sido incapaz de escuchar los gritos de Yor. —NO VOLVERÁS A MENCIONAR ESE APELLIDO UNA VEZ MÁS. NO QUIERO VOLVER A ESCUCHARLO DE TU BOCA.—

—¡Padre!— Yhon tomó a su padre por los hombros y lo separó de la doncella.  —Padre, Ysilla es demasiado joven para entender,—

Yor se apartó de su hijo con furia. —Si es tan joven para entender que no debe jugar con gente tan peligrosa como la Belmore, entonces es demasiado joven para continuar recibiendo visitas de sus amigas y enviando presentes a Señores de estas tierras.—

—¡Papá!—

—Desde este momento, como tú padre... ¡no! Como tú Señor a quien debes lealtad y respeto, te PROHÍBO terminantemente el tener algún contacto con un Belmore. Te prohíbo la sola mención del Nido de Águilas.— Las lágrimas  calientes descendieron por las mejillas de la joven, mientras que sus labios temblaban. —¿Está claro?—

Asintió, su menudo cuerpo temblando. —E-Esta claro, m-mi Lord.— [/color]

—Anne,— gritó, llamando a una de las sirvientas más fieles de la casa. No pasó mucho para que una dama de mejillas regordetas y cabellos rojos entrase al salón. Realizó una reverencia a Lord Royce y esperó en silencio el mandamiento de él. —A partir de este momento acompañarás a todos lados a Lady Royce. A todos lados, Anne. Todo lo que haga, todo lo que diga y todo lo que escriba me será reportado. ¿Entendido?—

—¡Padre! ¡Por favor, es demasiado injusto!—

—No quiero escucharte, Ysilla.— Yor se volteó y la miró con ira. —¿Has visto lo que tú capricho ha provocado? Diana Belmore, la zorra del Rey te ha mandado un cuervo hablando sobre los sucesos ocurridos meses atrás. ¿Sabes lo que implica? ¿Sabes el riesgo en el que nos has metido por tú maldito capricho? Deberías darle gracias a los Siete de que no decida pegarte frente a todos los sirvientes de este castillo por tú decisión de irte en contra de lo ordenado por tú Señor.— Arrugó el pergamino y lo lanzó al fuego de la chimenea, viendo como éste se consumía con rapidez. Por unos minutos hubo un silencio sepulcral; Lord Yor observaba la chimenea mientras Yhon se mantuvo quieto, mirando con lástima como los hombros de su hermana se movían por sus sollozos. —Nada de lo ocurrido esta tarde saldrá de este salón. Si algo llegase a salir, no importa quien haya sido el causante,— observó a las tres personas frente a él, —recibirá una pena de cincuenta latigazos, proporcionados por mi propia persona.—

—Sí, Señor,— Tres voces al sonaron al unisono, todas con una emoción distinta. Respeto, miedo y vergüenza.

—Pueden retirarse. No tengo nada más que decir.— Yhon y Anne asintieron y se marcharon.

—P-papá,— Ysilla rompió el silencio, su voz delgada y rota. Se sentía humillada y destrozada. Su padre estaba furioso y ella no tenía idea alguna de cómo hacer para que él dejara de estar molesto con ella.

—Los he mandado a retirar, Ysilla. No tengo nada más que escuchar,— el tono cortante y la mirada fría de Lord Yor provocó que el corazón de la joven doncella se quebrara un poco más.

Una lagrima se deslizó por una de sus mejillas. —Y-yo lo siento, papá... no fue mi intención. Yo no pensé que...—

Yor Royce se acercó a ella, esta vez sin intenciones de herirle. Su dedo índice limpió el rastro de humedad de la mejilla de la muchacha, su ceño fruncido. —Es precisamente eso lo que me ha hecho tomar tan drásticas decisiones, Ysilla. El hecho de que no eres capaz de pensar más allá de tus caprichos. El no pensar provocó que el Príncipe Rhaegar culminara como un traidor. El no pesar provocó que Jon Arryn, Rickard Stark y Hoster Tully también vieran sus cabezas rodas. Y eso no es lo que queremos con nuestra familia, ¿no?— Ella negó la cabeza. Nosotros recordamos. Nuestro lema, nuestra forma de vida. Los Royce no olvidamos, mi querida y tonta niña.— Su padre le besó la frente, provocando que ella lo observase confundida. Todos los gritos y sacudidas... —Los Royce no olvidamos una ofensa como esa, Ysilla. Y si bien tú imprudencia te ha ganado un castigo nunca antes recibido, eso no quita que yo olvidaré que Lady Belmore, la zorra del Rey haya humillado a mi hija con sus palabras.— No dijo nada más antes de partir.

Ysilla, temblorosa y con sus ojos rojos por las lágrimas, sintió como una sonrisa se curvó en sus labios. Sí, su padre la había castigado y le había gritado frente a todos. Sí, su padre la había lastimado al haberle sacudido con violencia. Pero, nada importaba ya. Su padre no iba a olvidar la carta enviada por Lady Belmore. Él no olvidaría que aquella mujer la había tratado como una doncella cualquiera.

Y aquello la hacía sentir feliz.

—Nosotros no olvidamos, Lady Belmore.—[/color][/color]


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