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Initiation — Slava Hightower

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Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Talina el Dom Jul 09, 2017 9:32 pm

Initiation
Slava Hightower | Antigua |  XVI - VI - 284


La petición de la Señora de Antigua había levantado el revuelo, días antes, en Siete Santuarios. Para Talina todos esos comentarios sobre su convocatoria al Faro le resultaban recurrentes como el rumor del Canal de los Susurros, incluso más: algo repetitivo y predecible como las mismas plegarias. Notaba la envidia en los ojos de sus compañeras, quienes lo darían todo por servir como septas de una Casa tan importante como la Hightower y no paraban de repetir esa posibilidad, sin duda, con la esperanza de gafarla o para, en caso de que ocurriera, poder decir que ya lo habían anticipado. Ella, por su parte, tenía las aspiraciones muy lejos de aquella posibilidad. Sólo en el teatro se sentía plácida, la Isla Batalla fácilmente mudaría en una cárcel más.

Eso pensaba la joven mientras se observaba en un espejo y bañaba con el suave perfume su cuello. La esencia de rosas remataba su blanco virginal atuendo, el que solía vestir a menudo y que le daba una apariencia etérea y sobrenatural. Ya estaba preparada, así que salió a los jardines donde le esperaba su escolta de seis hombres encapuchados y de pardos ropajes. La rodearon y el mutismo los envolvió mientras se sucedía la marcha. Ahí va la Flor de Miel y su corte de abejorros, pensarían algunos. La joven dominense se abandonó a sus pensamientos, ajena al entorno que le rodeaba. Lady Slava era una mujer con una extraña reputación, difícil de definir y en opinión de muchos “con más vidas que un gatosombra”. Se preguntó si, en aquella ocasión, le dejaría ver al pequeño Garbranth, o incluso tomarlo entre sus brazos.

Esta fue su última divagación antes de presentarse en la puerta de la imponente fortaleza, entonces le asaltó la pereza, imaginando que tendría que subir a bastante altura. A partir de ese punto le escoltarían los hombres de la Casa Hightower, quienes le guiaron en la ascensión. Era un rico lenguaje simbólico: la escalera era la senda que te elevaba hacia la luz, esa que nunca se extingue: el faro y la iluminación. ¿Realmente valdría para la tarea que le habían encomendado? Aún veía lejos el último peldaño, si era sincera consigo misma. A decir verdad, en ocasiones soñaba con salirse del camino, ¿cómo iba a dar lecciones sobre él?




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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Slava Hightower el Sáb Jul 15, 2017 3:05 pm

Iniciemos con buen pie. No te equivoques
El día había llegado y aunque la ansiedad recorría su cuerpo nadie se daba cuenta. Slava era maestra de las máscaras, cuando le daba la gana. Era cierto que tenía un descaro propio de los extranjeros y, aparte, potenciada por su cultura dorniense pero con cada mes que pasaba como Señora de Antigua se volvía más cautelosa. Garth le había propuesto compartir objetivos juntos y, no lo negaría, ella lo había hecho por el sexo...Y otras cosas. ¿Amor? En ese momento, no ¿Ambición? Mucho menos. Tenía libertad como bastarda para hacer lo que quería pero… Joder, era Garth. Era Garth. El dueño de esos ojos grises que cada vez que la veían centelleaban como las estrellas.

Su madre le había soltado “Una bruja roja me lo había dicho”, cuando les tocó viajar a Lys a informarle de su alianza y casarse ante la Diosa. Slava se había quedado rígida. No era diestra en las religiones, es más, poco le importaban. Ella vivía para el placer en el lecho y en el campo de batalla pero su madre lo sabía.-Sí- Había continuado ante la estática reacción de su hija -Me dijo que tenía que enviarte a Poniente, porque tu misión era ser la llama en la oscuridad. Ahora lo veo claro, eres la llama del Torrenegra. Eres la luz de su faro- Le había dicho mientras terminaba de darle los aceites corporales que le había pedido -¿Por qué nunca me lo dijiste?- Había cuestionado Slava con la nariz fruncida -¿Qué hubiese cambiado?- La dorniense miró a su madre con el ceño fruncido y en un revuelo de seda naranja desapareció de la estancia. Aquellas palabras habían hecho un cambio en ella. Porque tampoco podía olvidar su propuesta, Garth le había dicho que no sería una esposa trofeo. Le había dado libertades que otras damas no tenían, ella las gozaba todas y, sin falta alguna en el lecho, era satisfacida en numerosas ocasiones al día.

Por eso había tomado la decisión de aprender la religión de Garth y de Poniente, si bien no era ajena, ella adoraba otra deidad y los dornienses también. Pero su ignorancia nunca le serviría de protección así que después de indagar en la ciudad con su habilidad para pasar desapercibida se había fijado en una muchacha que participaba en representaciones teatrales siempre como La Doncella. Era la imagen canónica, la que toda dama debía seguir. Si ella podía instruirla de qué es lo que se esperaba de una joven, si llegaba a tener una hija, podía ayudarla. Si Gabranth, que ahora jugueteaba con una especie de espada de madera con punta roma, le hacía una consulta no podía dejar de responderle. El pequeño heredero debía crecer bajo la fe de Los Siete y ella debía aceptarlo, aunque lo haría sensible al resto de las religiones. No sería un ignorante.

Desparratada sobre uno de los sofás, Slava vestía de negro de pies a cabeza, a excepción de sus pies descalzos. El escote profundo entre sus senos, hasta el ombligo,  y la ligereza de las telas dejaba que su figura se apreciara con mucha certeza bajo la ropa. A la correcta luz, podían adivinarse incluso sus senos e intimidad al descubierto -No, que no haga eso- Musitó alzando una mano hacia la doncella que cuidaba a su hijo  -Las armas a la boca no, cuando tome una espada de verdad no quiero que termine sin lengua, Daella- Añadió antes de beber vino. Daella era una doncella que le había costado encontrar. Porque sólo lo hizo en las sombras de una esquina cuando un caballero la tenía empotrada contra la pared. Hija de una casa noble, pero suficientemente inteligente para darse a lo que quería, aparentaba ser una dama respetable pero escondía una llama lujuriosa en su interior. Es la que más tiempo tenía con ella, antes que el resto del séquito.

La puerta se abrió lentamente después de que Slava permitiera que pasaran, informando entonces de la llegada de Talina, como se hacía llamar la chica. La dorniense no se movió un ápice en su comodidad y puso su mirada en la puerta mientras bebía un poco del vino. En cuanto la doncella cruzó la puerta, la Señora del Faro clavó su mirada amatista y ámbar sobre la de la muchacha con curiosidad. -Que no nos molesten…- Añadió mirando hacia la guardia y luego haciendo un gesto suave para que cerraran la puerta -Talina, la Flor de Miel- Dijo, saboreando el nombre con una sonrisa felina en los labios, que se escondió, nuevamente, tras la copa de vino antes de incorporarse un poco.

El pequeño lord hizo un ruidito de emoción al ver una cara nueva y extendió sus manos para levantarse con ayuda de Daella. Slava entrecerró los ojos con suavidad y dejó que su hijo siguiera su avance, iba directo hacia Talina. ¿Por qué? Que lo definiera la niña.



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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Talina el Lun Jul 17, 2017 8:12 pm

Initiation
Slava Hightower | Antigua |  XVI - VI - 284


Desconocía la necesidad que había movido a los maestros constructores de hacer esa estructura tan alta: ¿Tan lejos querían que llegara la luz del Faro? Le resultaban fastidiosas tantas escaleras y sospechaba que la llama podría ser fácilmente ocultada por las nubes. “Creer, persistir y seguir” la habría dicho en el Septo.  Si había algo que le gustaba de Siete Santuarios eran los jardines y la naturaleza que en ellos se respiraba. Se detuvo un momento y tomó aire, como queriendo aspirar esa paz. La esencia del vergel primaveral. El resto del ascenso le resultó menos pesado, aunque notaba a los guardias incómodos tras aquel breve reposo que se había concedido. Y como no dijeron nada, ella tampoco.

Cuando entraron en la dependencia de la Señora ellos parecieron desvanecerse, primero ajustándose a un segundo plano y después acatando las órdenes que la otra mujer les encomendaba. Tras el primer cruce de miradas, la joven se sintió un tanto incómoda y apartó la mirada, encontrando otros destinos. ¡Se mostraba tan opuesta! De negro y en extremo provocativa, parecía encerrar en su alma la esencia salvaje de la noche y el pecado. Poseía algo hipnótico y no deseaba someterse a ese hechizo. La dulzura tuvo un segundo para alcanzar su rostro al descubrir el pequeño heredero, antes de que la dominense volviera su atención a su anfitriona, quien le invocó ineludiblemente. ¿Que encerraba aquella sonrisa? Nada que le resultara familiar.

-Para serviros -respondió ella, con una pequeña reverencia en la que bajaba el rostro y ampliaba su falda a fin de facilitar el movimiento y lucirla. Los pliegues que se ocultaban por el grácil caminar de la joven se abrieron como las flores del jazmín en las noches de verano para intensificar su olor. Y en verdad aquella parte de la prenda simulaba a unos pétalos, mostrando una extraña apariencia arrugada en los pliegos, escondiendo esos tonos rosas que se difuminaban con el inmaculado.

El abanico brindado por ese movimiento y su prenda, ya popular en sus obras, pero sin el acompañamiento de las abejas despertó curiosidad en Garbranth. El niño se acercaba, impresionado, y Talina dejó brotar la risa de su interior, como de su de un manantial se tratara, antes de girar sobre sí misma y con recato mostrar de nuevo los pliegos de su larga falda, y aún así hacer que el pequeño no le alcanzara. No dejaba de ser un juego más.

-Mi señora, podéis llamarme Hermana -dijo, aún cohibida con la misteriosa Slava- en nuestra orden nos dan ese rango para que nos sintamos todas iguales. Pero de igual manera se estipula que todos los hijos de la Madre son hermosos y vos pensaréis que el vuestro lo es más -añade uno de los detalles por los que los religiosos no tenían hijos: la mirada sobre los descendientes estaba demasiado cargada de amor, excluyente, y el servicio era universal- así, que como gustéis -aclara. La Flor de Miel era un sobrenombre que no estaba bien visto por la Fe, pero el público era soberano y lo había impuesto.




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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Slava Hightower el Vie Jul 21, 2017 10:42 am

Iniciemos con buen pie. No te equivoques
Dedicó una sonrisa vaga a Talina cuando indicó aquello de serviros. Recordó cuando era ella la que decía eso. Generalmente, para molestar a Doran, Elia u Oberyn; sus hermanos no consanguíneos. El hecho de que la tomaran como una Martell más había sido un recibimiento cálido desde el primer momento, sin embargo, Slava sabía perfectamente los límites que habían entre ambos. Sobre todo con Doran, no sólo por la edad, sino por ser el heredero y posteriormente, cuando asumió el control de Dorne, se convirtió en su más fiel servidora. Llegando a matar en su nombre porque así se requería, sin preguntar, sin cuestionar. Había sido con Mellario con quien había tenido inconvenientes porque no creía que tomara decisiones buenas, como lo ocurrido con Daemon Velaryon…

Bebió vino nuevamente mientras la doncella jugaba con Gabranth. Mientras la miraba acuciosamente, Slava entendía entonces la frase “Tan pura e inocente como una flor”. La Flor de Miel, se repitió para si misma. Dulce, delicada, graciosa. La personificación de la Doncella, con aquel rostro que parecía cincelado por los dioses. La mirada multicolor de la dorniense se detenía en cada detalle y movimiento. Por ejemplo, no se le había pasado por alto que no le había sostenido la mirada. No le gustaba eso, pero si el aroma que la acompañaba. Tan particular y delicioso, tan precioso como toda ella. Comprendía muchas cosas de lo que la gente veía en Talina y entendía a los hombres de Poniente que deseaban una muchachita así sólo para corrumpirla con el sexo. Ella también lo haría. Se preguntó que tan roja se pondrían sus mejillas cuando su líbido aumentara. O el brillo de sus ojos. Se relamió los labios, Slava sería dulce pero los caballeros de poniente sólo querían imponer  su poderío masculino y utilizarlas como un vientre hasta que estuviesen marchitas..Entonces si los Dioses eran buenos le darían otra cría para procrear. Tragó más vino, pero el sabor dulce se convirtió en amargo.

-Tuve una hermana y se suicidó en la Fortaleza Roja, Talina. Te llamaré por tu nombre, porque esa es tu identidad- Dijo, severa mientras sentía que se le revolvían las tripas de sólo recordar a Elia -Comprendo y respeto el comportamiento que tienen dentro de su orden pero ni soy practicante de vuestra fe ni estás en el Septo. Esto es el Faro y aquí te comportarás como mejor te sientas. ¿Entendido?- Cuestionó incorporándose mirandola con curiosidad -Mírame a los ojos- Ordenó dejando la copa a un lado y haciendo una seña a Daella para que tomara a Gabranth en brazos. Finalmente se incorporó en toda su altura, la seda cayó delineando su figura mientras la Sirena de Dorne se desplazaba hasta Talina. Buscó su mirada nuevamente -Si estais para servirme, entonces quiero que me digais qué es exactamente lo que ves en mí. Necesito saber qué es lo que el pueblo de Antigua ve en su señora y nadie mejor que la personificación de la Doncella, para ello…- Esperó - No te he convocado aquí para esto, pero considero que es el primer paso. Te he comprendido en los escasos segundos que llevas aquí, entiendo la magia que personificas y lo que significas para mucha gente del pueblo porque he estado allí, he oído los comentarios. Pero en aquellos rumores pocas cosas he escuchado sobre la Señora de Antigua. ¿Tú?- Cuestionó y se llevó las manos a la cadera con un gesto ligeramente impaciente, justo antes de que Gabranth hiciese un ruido. Era evidente que quería seguir jugando. La imponente Slava se giró hacia su hijo y extendió los brazos para tomarlo en ellos. El heredero de Antigua, con una alegría nacida de su pura inocencia, se puso a jugar con los brillantes del escote de su madre...Seguramente buscando su pecho para mamar, pero no era el momento.


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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Talina el Miér Jul 26, 2017 8:45 pm

Initiation
Slava Hightower | Antigua |  XVI - VI - 284


Saber del destino funesto de aquella hermana le entristeció y, sorprendida, se llevó una mano a la boca pensando que nunca debió de haber dicho aquello. ¿Que clase de sufrimiento arrastra a una persona hasta el suicidio? Esa desolación estaba muy alejada de la pobreza, que era el mayor mal al que estaba acostumbrada. Aquella dorniense seguramente no pasó necesidad ni vejaciones, simplemente se le acabarían las ganas de vivir en aquel mundo. Su modestia se voy reforzada por aquel desliz que había sido un simple comentario inocente y resultó tener inesperadas espinas ocultas.

Cohibida, luchó por satisfecer la petición de la Señora de Antigua y le sostuvo la mirada, titubeante, con la tensión de una vela de cera encendida en sus pupilas, asintiendo con la cabeza en respuesta a su primera pregunta. Aquel era su reino y debía de someterse a sus reglas, ¿acaso tenía ella la osadía para oponerse? Quizás podría ignorar a una septa anciana pero no una mujer de esa sangre caliente. Aún con todo ese poderío desplegado, para Talina era imposible sacudirse de años de educación religiosa con la que habían logrado reprimirle hasta los vestigios su identidad: el nombre de Hermana y el uniforme era ejemplos muy claros. Tan sólo el teatro y el papel de La Doncella le dieron el refugio donde guardar las partes de sí que no debían morir. Iba vestida como su personaje y no como una novicia, de modo que podía intentar desarrollar a la Flor de Miel en aquella torre. Partiendo de esa base en su cabeza se convenció de que cada vez le resultaría menos tensa su fijación sobre la anfitriona. Cada parpadeo un soplo de aire, cada segundo un paso más.

Había escuchado que los ojos de colores dispares eran un signo demoníaco, al igual que la lujuria. Lo impúdica que parecía le resultaba chocante y, al estar obligada a fijar su atención en ella, pudo experimentar como aquel cuerpo y aquel vestido invitaban a los ojos a recorrer unos caminos determinados de la misma manera que las cañadas, en su niñez, habían marcado la senda a recorrer por el rebaño de ovejas de sus padres.

-No puedo hablar en nombre del pueblo, mi señora -señaló con humildad- pero sí que admito escucharle y os diré cuanto creo saber... -dijo con bastante cuidado. Y aunque sonrió a Slava por primera vez desde que aceptara sus ojos, sintió cierto apuro- vos sois... -siguió con dificultad, cogiendo aire antes de continuar- a sus ojos, sois... dorniense -terminó por soltar, sin encontrar una palabra mejor. Y en verdad no era una mala manera de expresarlo. Aunque desconocía la historia sabía que en algún momento los hijos del desierto habían atacado la urbe y la reputación de los dornienses se enfrentaba a una ciudad tan tradicional y vieja como Antigua, donde además había más septos que en ninguna otra, según se decía.

Lina sabía que por más que se oficiaran actos en honor a los Siete y se asistiera a ellos no se ganaba la santidad, pero los dornienses se enaltecían de sus costumbres libertinas. Aún corrían historias del paso de Oberyn Martell por la Ciudadela y como había dejado una encinta a una prostituta. En aquellos momento se sintió incómoda, tal y como saltaba a la vista. Había algo más pero le daba vergüenza decirlo, tanto era así que el rubor alcanzó su rostro e inevitablemente sus manos jugaron con el rugoso pliego de la falda.

-Po-por ello muchas mujeres os dedican su recelo -continuó al fin- pero me temo que para bastantes hombres es... diferente -tragó saliva y se escogió bien las palabras para no faltar a su sagrado juramento. Si no decía nombres ni concretaba no fallaría- La hija de un artesano de los gremios me reveló, en confesión -parecía bastante tensa de revelar los secretos entregados durante su servicio religioso-, que su padre y sus amigos habían adaptado versos de la canción “la Mujer del Dorniense” para referirse a vuestra persona. El negro acero y el aguijón del escorpión, dijo, habían mutado a alusiones a Torrenegra -dijo todo aquello rápidamente, de seguido, para desembarazarse del apuro, y tras hacerlo, no pudo evitar bajar la mirada. Era una canción soez y le daba vergüenza nombrarla, es algo que en el Septo nunca haría pero allí le habían puesto en el compromiso de hacerlo.

Una vez dicho esto quedaba patente que aún siendo tan opuestas, la figura tanto de una como de otra estaba presente en las calles de la ciudad. Los comentarios sobre la Señora de El Faro estaban más relegados a un ámbito más privado y discreto: sólo el oficio de confesora podrían, muchas veces, arrancarlos de las sombras. La magia que despertaba ella diferente a la de la dominense, mucho más oscura.




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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Slava Hightower el Mar Ago 01, 2017 2:46 pm

Iniciemos con buen pie. No te equivoques
Una risita surgió de los labios de la dorniense cuando Talina la identificó como lo que era, una dorniense. La risa fue sincera, tan natural y extrovertida como era Slava y la Señora del Faro apoyó una mano sobre el hombro de Talina para quitarle cierta presión. Había notado que su respuesta la había puesto tensa y no desebaa eso de su futura maestra. -¿Sabeis que eso es bueno, no Talina?- Cuestionó alejándose de ella para dirigirse hacia los balcones. Aquellos ventanales que protegían del exterior estaban completamente abiertos para que la brisa marítima pasara y dejara su aroma particular sobre la habitación. Mientras lo hacía, la seda coqueta se resbalaba por su piel tersa para jugar con el aire. Slava respiro profundamente -Soy Lysena, Talina. Mi madre nació en Lys y me trajo a la vida en la ciudad del sexo y el amor.  Así que que me vean como dorniense quiere decir que, al menos, no me ven como una extranjera, eso podría ser peor y negativo para Garth.

Apoyó las manos en la formación de piedra, sintiendo la textura rugosa y fría del material, mientras miraba pensativa la ciudad. Escuchó entonces los comentarios sobre la canción percibiendo, aún de espaldas, que el tono que ponía indicaba que no estaba cómoda con la situación -Comprendo- Expresó y se giró sobre sí misma para mirar a Talina alzando un hombro, restándole un poco de importancia -Es mi culpa. Una doncella nos molestó mientras me tomaba y dije cosas alusivas a su virilidad. Lo siento, Talina, pero soy una mujer que ama a su esposo y adoro entregarme a él- Indicó diciendolo con total sinceridad para después humedecerse los labios -Pero a diferencia de las damas, no tengo miedo a esconderlo. El pueblo quiere hijos, quiere que haya descendientes de sus señores pero se sonrojan al pensar que sus señores deben ir al lecho para concebirlos. Yo no. Y, además, disfruto de ello. ¿Es eso un pecado?- Preguntó con genuina curiosidad debido a que quería comprender mucho mejor  a la comunidad que se suponía que debía regir -¿Está mal manifestar tu amor por tu esposo y disfrutar haciéndolo ?- Volvió a inquirir.


Respiró profundamente  y fue en busca de su copa de vino -¿Deseas algo para tomar?- Preguntó cortésmente, porque después de todo había sido criada por los Martell, no se podía decir que la Sirena de Dorne era una absoluta ignorante -He pedido que vengas aquí, Talina porque soy una mujer que se casó bajo la fe de Los Siete y no la entiendo. Crecí toda mi vida rindiendo honores a la Diosa del Amor porque creo fervientemente que el amor es lo que mueve al mundo. Generalmente, los cultos de mi diosa están más vinculados hacia al amor fraternal o apasionado pero existen personas que reconocen que tienen amor por dinero y poder y también le rezan- Le explicó mientras le acercaba, aunque no quisiera, algo para que se sintiera cómoda. Sabía que subir al faro, pese a los ascensores por poleas, no era nada fácil. -Soy Señora de Antigua y Antigua se rige por la Fe de los Siete, lo respeto, y mis hijos crecerán bajo esa fe por lo que deseo aprender de ella y tú has sido la elegida para ilustrarme. Espero estés de acuerdo- Indicó, aunque los “no” no era muy bien recibidos por la Sirena.

Era una decisión que había tardado mucho en realizar y Garth en realidad aún no lo sabía, pero aún así. Ya le hablaría después de esta reunión con la chica. Slava no pretendía alejarla de su religión ni convertirla en otra cosa, pero consideraba prudente dejarle en claro quien era ella en realidad, sus pensamientos y el simple hecho de que no cambiaría de religión porque sí.  Los Siete Rostros de un sólo Dios no le parecía un buen argumento, por el contrario, lo veía sectario y hasta racista, pero no eran opiniones que iba a vociferar allí. Lo haría en la intimidad con su esposo aunque él ya lo sabía, le gustaba discutir con él que tenía tan basta experiencia en Dioses como sí misma. Incluso habían hablado de la curiosidad de ambos por los sacerdotes rojos de R'hllor. Pero en la inestabilidad de El Dominio mejor era no salir de los cánones.

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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Talina el Dom Ago 06, 2017 11:52 am

Initiation
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Una mano en el hombro era un gesto habitual de apoyo, era algo que había aprendido en el septo. La joven no veía a aquella dorniense como una enemiga, nunca lo había enfocado así, de modo que desde su perspectiva no se trataba de algo antinatural. Lo que sí que le parecía violento era hablar de la vida sexual de unas personas. Esperó a que diera las explicaciones de porque aquello podría ser bueno, callada, como solía estar. La argumentación no le resultó del todo satisfactoria pues para las gente del pueblo los dornienses era tan extranjeros como podían ser los lysenos, aunque imaginaba que había una distancia enorme entre ambos pueblos desde la mirada de la nobleza. Lord Hightower tenía sus vasallos, Casas que ocupaban los grandes cargos de la ciudad, ya fuera en el puerto o en la guardia de la ciudad.

Escucho como Slava se inculpaba por lo ocurrido con aquella canción y Lina comprendió que no era una mujer soberbia, que se creyera con facultades de hacer cosas que sus siervos no pudieran hacer: tan sólo pedía lo mismo para todos. Pero con una evidente falta de pudor. Cuando replicó, al hablar sobre la moral religiosa, lo hizo con mayor soltura con bastante menos vergüenza de la demostrada anteriormente, pues se la había inculcado durante años.

-El Padre y la Madre dieron forma a nuestros cuerpos para que el hombre se uniera con la mujer y engendrara hijos -recita aquel pasaje de “La Estrella de Siete Puntas” que tantas veces había escuchado- no hay ningún mal en ello, ya que no forzáis a nadie -dice con voz suave. No en vano, el aspecto de la divinidad que era la Doncella, a la que tan vinculada estaba ella, trataba de evitar las violaciones y abusos- aceptaría un poco de vino, gracias -accedió a su ofrecimiento. Estaba bajo la hospitalidad de la dama y sería una auténtica descortesía negar algo tan trivial- como bien decís, la codicia y la envidia también llenan los corazones y ahí si existe el pecado -responde cuando le dice sobre los cultos de su Diosa del Amor- es uno de los motivos por los que la Fe aconseja intimidad y discreción en el matrimonio -regresa por un momento al asunto anterior, aunque sin brusquedad y esperando después para continuar. No tenía intención de darlo por zanjado ni hacer gala de la falta de tolerancia que muchas veces exhibían los septones- cada uno es responsable de sus faltas pero es de piadosos el no empujar a los demás a hundirse en ellas.

Era fácil de decir pero difícil de hacer. A ella misma le gustaba mostrarse radiante y hermosa sobre el escenario y, en verdad, así podía despertar la ternura en el público, representando la hija que todos querían proteger. Pero también despertaba otros sentimientos más impuros, inevitablemente. Su cuerpo ya mostraba curvas y su rostro, lo sabía, era hermoso. No podía ser una niña siempre y le encantaba el teatro. Mucho más que la religión.

-Puedo mostraros a los Siete si tal es vuestro deseo -se mostró conforme, mostrando una sonrisa amable-, pero debéis de tener paciencia. Sin fe es muy difícil de comprender, es la razón por la que nos enseñan la religión desde tan jóvenes. Además... -se detuvo ante la dificultad de explicar ese punto, tan personal- sólo podréis escuchar mi voz un día de cada siete. Tengo impuesto ese voto -volvía a sentir cierta vergüenza pero sabía como combatirla-. ¿Querríais ir a verme ensayar y actuar? Como sabéis representamos los misterios de la Fe y os despertarían más preguntas -pregunta, buscando llevar las cosas al terreno donde más cómoda se podía sentir.




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Re: Initiation — Slava Hightower

Mensaje por Slava Hightower el Lun Ago 14, 2017 2:21 pm

Iniciemos con buen pie. No te equivoques
Notó que la muchacha, poco  a poco, estaba más relajada y eso era lo único que deseaba Slava, estar con alguien con la que pudiera hablar abiertamente sobre distintos temas, sobre todo, la religión y su opinión de Antigua. Si algo había aprendido rápidamente de Doran es que no podías conocer a tu pueblo si vivías por encima de él, tenías que hallar la manera de mezclarte con todos los círculos sociales pero no sólo para aparentar estar, sino para conocerlos de verdad...Saber cómo piensan, qué tan grande es su conocimiento, su poder y así predecir sus futuros ataques.

Escuchó muy atentamente las palabras de Talina para después saborearse los labios pensativa -Y aún así, Talina, percibo miradas de desagrado de parte de casi todo el mundo. Especialmente de las damas. No las incumbo en mis asuntos. Ni siquiera hablo con ellas de lo que hago con Garth. ¿Bajo que argumento me juzgan?- Preguntó, no con molestia, no era algo que realmente la hiciera perder más de dos segundos de razonamiento pero sin duda buscaba entender las mujeres que formaban la corte de Antigua y de El Dominio.

Sirvió el vino que le dijo Talina y se lo acercó mientras esperaba su respuesta. Las palabras de la muchacha la hicieron pensar, elevando su vista hacia el balcón nuevamente -Es decir, si no daño o incluyo a nadie en mis actos como mujer no deberían estar tan ariscos a mi alrededor. Al menos en cuanto a fallas impúdicas. ¿No es así?- Preguntó, tratando de resumir las palabras de Talina y sus labios se tensaron un poco. -Bien…¿Cuáles son las virtudes más importantes de una dama?- Inquirió con tranquilidad mientra movía su falda con la mano para caminar de nuevo al sofá donde estaba sentada y hacer lo consiguiente, pero sin echarse, quedándose sentada con las piernas cruzadas y los brazos apoyados en los codos mirando hacia la novicia con interés renovado.

-Perfecto- Respondió hacia ella cuando accedió a enseñarle - Bueno...Pero podemos buscar matices que puedan entablar una relación entre ambas religiones, no lo crees? Para mí la fe es un concepto abstracto, Talina. Le rezo a la Diosa del Amor pero bien es cierto que nunca he tenido otra bendición que el corazón de Garth y Gabranth. Tampoco se ha presentado ante mi, ni siquiera en sueños. Confío en ella porque creo, realmente, que el amor es el único capaz de mover las cosas. Es la razón por la que me despierto todos los días y por la que hago lo que hago. Amor a Gabranth, a Garth, a los Martell y Yronwood, a Antigua y a Dorne. ¿Como puedes mostrarme que el amor también forma parte de la religión de los Siete?- Cuestionó. Slava era una mujer de agudas convicciones. Tampoco andaba vociferando que pertenecía a una religión o a otra, no iba a cultos, ni nada por el estilo. Por un tiempo su madre pensó que era atea, hasta que la vio prepararse para una misión.

-Entonces ese día será el que vengas a El Faro, a menos que tengas alguna obra... Y si no, siempre podrás escribir ¿No es así?-  Indicó y luego sonrió con placer -¿Cómo crees que te encontré? Hace mucho tiempo que voy a las obras pero allí no puedo elevar preguntas ni plantear cuestionamientos. Sobre todo, porque no va Slava Hightower, va otra persona- Expresó y miró significativamente a Talina esperando que comprendiera.


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Re: Initiation — Slava Hightower

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