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Sangre de mi sangre.

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Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Dom Jul 09, 2017 4:42 am

Sangre de mi Sangre

Había abandonado Marea Alta a la mañana, y para la tarde ya se encontraba en Isla Zarpa. Fue recibida por su madre, quien ni siquiera se molestó en disimular su sorpresa al recibir la visita de su hija. Daerys acostumbraba a regresar a su viejo hogar muy a menudo, o al menos solía hacerlo cuando aún Monfort estaba vivo. Lord Velaryon se quejaba de que su esposa pasara casi más tiempo en su antigua fortaleza que en la de los caballitos de mar, y razón no le faltaba. Sin embargo, desde aquella vez en que vio partir al Señor de las Mareas hacia tierras norteñas, rara vez abandonó Marea Alta. Ahora estaba sola, y sus hijos, aún demasiado pequeños, solo la tenían a ella, así que rehusó a moverse de la fortaleza durante un tiempo.

Últimamente eso había cambiado. Volvía a visitar la isla de los cangrejos con mayor frecuencia, aunque también durante menos tiempo, pues alguien debía gestionar Marcaderiva, y esa persona era ella. Aer tenía tan solo un año, aunque no tenía el comportamiento que podría esperarse de un niño tan pequeño. Apenas hacía ruido, y rara vez lloraba. Muy diferente a Daenerys, quien durante su primer año de vida había arrasado con la calma que se respiraba en la fortaleza de los Velaryon como una tormenta. Ahora era una pequeña muñeca de melena plateada, cuyos ojos amatistas observaban todo con curiosidad. Se movía de un lado a otro, a todas horas, y tenía una extraña afición por correr hacia el peligro.

Se parecía demasiado a su madre, o al menos eso decía Jeyne.

La mujer no se separaba de sus nietos cuando Daerys los traía a Isla Zarpa. Jugaba con ellos e insistía en atender sus cuidados. Empezaba a hablar de tiempos lejanos que la joven ni siquiera recordaba, de cuando hubo nacido y de cuando empezaba a caminar. Le hablaba de ella, de su hermano, y empezaba a hacer comparaciones. Daerys conocía ya muchas de esas historias, pero igual fingía que era la primera vez que las escuchaba y dejaba que su madre se las relatara ensimismada.

Comieron juntas, como solían hacerlo desde que Daerys hubo regresado de su estancia en Desembarco del Rey. Luego preguntó dónde estaba su hermano, pese a saber ya la respuesta. Alyn no solía dar explicaciones sobre a dónde iba. La valyria no le dio demasiada importancia, hasta que la tarde empezó a agonizar y la luz del sol a extinguirse.

Daerys se dirigió a sus viejos aposentos, que seguían igual que siempre, no sin antes mandar que encendieran la lumbre para caldear la habitación. Una vez allí se despojó del vestido de seda gris y lo dejó en el suelo, como solía hacer cuando tenía permiso para ser un lady irresponsable. Después avanzó hacia su cama, aunque en el último segundo dio media vuelta para dirigirse al balcón, que daba a las aguas de la Bahía de los Cangrejos. Desde allí contempló cómo los colores rojizos se teñían de púrpura, y más tarde de tonos violáceos y azules, hasta que finalmente la luz se extinguió y la habitación quedó casi a oscuras, iluminada tan solo por las llamas danzantes del fuego que, como la joven, parecían temblar por la brisa marina que se colaba por el balcón y jugaba con las cortinas blancas.

Normalmente a esas horas la Celtigar no hubiera esperado ninguna visita, salvo la de lord Velaryon, pero el Señor de las Mareas ya no estaba allí para calentarla en las gélidas noches de invierno que ya habían quedado muy atrás.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Alyn Celtigar el Lun Jul 10, 2017 7:56 pm






"I still remember your light and it was streaming down and burning out my eyes"




Sus pasos eran firmes pero, a pesar de eso, no era ruidoso en su caminar. Quizás lo que más se notaba de su ajuar era la particular forma de resonar del metal de su armadura que, en el tintineo hasta parecía relajante. Era así que se sabía que el Señor de Isla de Zarpa había llegado y se procedían a llevar a cabo las preparaciones para recibirle. Si habían llegado cuervos, el Maestre era el encargado de notificarle. Si había algún reclamo, el Castellano Duncan era el que le interceptaba en el camino a su despacho. Y si todo era normal, sería su hermosa madre o su bella esposa quienes llegaban a saludarle. Alysanne, como cada día desde saberse la desaparición de su hermano, pasaba encerrada en una alcoba armada para ella. Por momentos, él trataba de consolarla puesto que verla llorar amargaba su corazón, pero era difícil hacerlo. Entonces optó por darle el tiempo necesario para arreglar las heridas de su alma y así volver a ser la radiante esposa con la que se había casado.

Fue durante su soledad en el comedor cuando vio a Alysanne acercarse. Sus ojos estaban empañados de pena pero se había esforzado por ataviarse de manera digna para ver a su esposo. Hablaron pocas palabras hasta que ella se disculpó con él por su particular lejanía. Ahora que había visto a los hijos de Monfort, comprendió lo mucho que anhelaba niños que alegrasen la fortaleza y fue con esa frase que Alyn perdió por un instante sus ojos en el plato de carne de cordero que estaba ante él.

—Ya veo. ¿Y cómo has visto a los hijos de Monfort, querida mía? — Alysanne le devolvió una mirada ligeramente perdida. —Amor mío, han venido con Daerys esta misma mañana. Pensé que sabrías  de su llegada y me sorprendió saber que te habías marchado —

Alyn le miró por cortos instantes que parecían volverse eternos para ella pero necesarios para él. Un silencio tajante que rápidamente se vio cortado por una suave sonrisa de parte del hombre de mirada amatista. Al ponerse de pie, caminó hacia su esposa, muchísimo más delgada gracias al dolor de los últimos tiempos y con suavidad, besó su frente. —Daerys no comunica jamás lo que hará. Es una mala costumbre de nuestra familia. Tendremos hijos si es eso lo que deseas. Iré a visitarte esta noche…— finalizó las cortas palabras en un beso en los labios de su esposa y se encaminó por los pasillos sin decir nada a nadie. Claro, Alysanne creía que iría a ver a sus sobrinos a esa hora puesto que era lo más acorde a un hombre como él, tan devoto de su familia.

Pero lo que Alyn hizo fue caminar hacia los aposentos de Daerys, su hermana menor. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que le vio? ¿Cuánto habría cambiado? Ya en la puerta, detuvo sus pasos. Las antorchas iluminaban un poco pero lo que realmente daba luz esa noche eran los rayos de la luna entrando por las ventanas mientras el mar hacía eco de su movimiento no muy lejos de ellos. Y entonces dos golpes fueron los que precedieron a la futura acción que ni siquiera alertó.

—Espero no haberte despertado…— fueron sus palabras al abrir la puerta y encontrar la cama inmediatamente frente a él pero completamente vacía. — ¿Daerys? — Su rostro paseó rápidamente por la habitación y entonces sintió el viento entrar por la ventana. Ahí fue cuando se encontró con la silueta de su hermana, Lady Velaryon. Pensaba que el tiempo sería tajante con ella como con todos. Pensaba que la pena la habría consumido como le pasaba a su propia esposa pero no era así. Al igual que la luna detrás de ella, Daerys se encontraba radiante.


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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Jue Jul 13, 2017 6:46 pm

Sangre de mi Sangre

Quedó ensimismada durante unos segundos, cuando los golpes en la puerta, y el sonido de esta al abrirse un instante más tarde, la devolvieron a la realidad. Aquello solía ocurrirle demasiado a menudo, desde que tenía conciencia. Al principio pensó que se trataba de su madre, así que ni siquiera hizo el amago de girarse hacia ella, pues seguramente solo venía a comunicarle que Alyn había regresado. Pero para su sorpresa, era este último el que se había presentado allí.

Aguardó un momento de espaldas, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Había pasado el tiempo, le apetecía verlo, y pensaba que tendría que esperar al día siguiente para hacerlo, pero no fue así. La curva en sus labios se fue suavizando, y solo entonces dio media vuelta y lo vio allí, con los ojos puestos en ella.
Hace frío —confesó cubriendo su pecho mientras frotaba sus brazos para calentarlos, y enseguida se separó del balcón, pasó por delante de su hermano y se inclinó sobre el fuego. Las llamas no tardaron en hacer efecto.

No se giró hacia el Celtigar, y fueron unos segundos los que transcurrieron hasta que la joven lady volviera a hablar, esta vez en su lengua madre. Siempre solía utilizar el alto valyrio con su familia, básicamente porque no tenía a nadie más con quién hablarlo, y temía olvidar su propio idioma. Solía hacerlo también con Rhaella, recordó, y sintió una punzada de dolor que intentó ignorar.
Mi lord, ¿no deberíais estar en vuestros aposentos con Lady Celtigar? —Preguntó entonces con voz descaradamente frágil e inocente mientras volvía a ponerse en pie, solo para ver qué reacción se reflejaba en su rostro.

No había ningún trasfondo detrás de las palabras de Daerys, solo picardía, como siempre que le soltaba alguno de aquellos comentarios a Alyn. Le divertía provocarle, porque a ella le encantaban aquellos juegos en los que ponía a prueba la paciencia del contrario, como había hecho con el mismo Monfort tiempo atrás, aunque entonces sus palabras no pretendían quedarse en una simple broma.

Lady Celtigar sonaba raro en su boca, porque ella siempre había sido Lady Celtigar, hasta que llegó Alysanne, a quien seguía viendo como a una Velaryon, del mismo modo que su corazón seguía inclinándose más por la casa de los cangrejos, en la que nació, que por la de los caballitos de mar. Pero ahora las cosas eran diferentes y se esforzaba por no darle demasiadas vueltas a lo que ya estaba hecho. Aún si pudiera, no volvería el tiempo atrás, para pasar por todo aquello que la hizo sufrir. No, ahora era Lady Velaryon. Su familia estaba bien. Ella estaba bien. Y todo les iba a ir mejor.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Alyn Celtigar el Jue Jul 13, 2017 10:07 pm






"I still remember your light and it was streaming down and burning out my eyes"




El momento en que ella volteó para devolverle la mirada suavizó por completo no solo su temperamento, sino también su espíritu. Una sonrisa fue lo que le devolvió mientras la veía pasearse suavemente como un ser sobrenatural cubierta con las ropas lujosas que le acompañaban al lecho. Alyn se mantenía en su sitio, viéndola acercarse al fuego para finalmente cerrar la puerta tras él y así, acercarse también, poniéndose a su lado. Uno junto al otro parecían totalmente opuestos, siendo la altura y el tamaño de Alyn amplio en comparación al de su hermana. Y aun así parecían compartir pequeños rasgos que no se habían perdido por completo.

—¿Tan rápido olvidaste el clima de la isla? Jmjm es tan frío como  tú a veces…— agregó con voz suave mientras tomaba asiento para observarla buscar el calor de las llamas. Había paz en el lugar y también en él mismo. Una paz que se le había olvidado que existía, como si un animal dentro suyo estuviese exigiendo algo que no podía darle y que, ahora, teniéndola en la misma habitación, bajo el mismo techo, llegó a comprender. Después de tanto tiempo ella había vuelto a casa y todo parecía volver a la normalidad.

Nadie, ni siquiera su madre, le hablaba en el Alto Valyrio. Una vez, Alysanne le escuchó responder en esa lengua y, a pesar de negarlo, él pudo comprender que le había molestado. Fue ese momento en que recién ella había llegado a la Isla y tenía la necesidad de hacerla sentir en casa. Sin saber por qué, Alyn le habló en esa lengua respondiendo una pregunta y ella, al no saber qué decir, le hizo sentir más desinteresado de lo que ya había demostrado. Podía ser amable, dulce incluso con ella, pero la veía vulgar a pesar de su familia. Y cada error en el cuál su esposa caía hacía que más y más se desinteresase de ella. Quizás en el fondo, cuando respondió en esa lengua, esperaba que ella le demostrase que podía, siquiera por un instante, ser un mínimo de perfección, solo un porcentaje pequeño, de la mujer que tenía ahora cerca de él. Pero Alysanne era distinta…Tan diferente…Tan débil y tan frágil.

—Lady Celtigar está cansada. Los eventos del pasado aun dañan su corazón. Le acompaño en su dolor pero es tiempo lo que necesita…Tiempo que le doy. Ella me dijo que habías llegado hoy… — agregó con suavidad en perfecto valyrio, con el rostro afirmado en la palma de una de sus pesadas manos, mientras observaba a Daerys para, finalmente, sonreír — No has cambiado un palmo, hermana mía. Sigues siendo igual de baja… bromeó, echando hacia atrás la espalda mientras decía para sí mismo lo cruel que era el destino. Ni siquiera dos hijos y tiempo eran capaces de arrebatarle a Daerys la belleza de su cuerpo y la juventud de su espíritu.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Miér Jul 19, 2017 7:53 pm

Sangre de mi Sangre

¿Yo fría? —Exclamó incrédula. Ella se hubiera atribuido cualquier adjetivo menos ese, tal vez porque su madre siempre le había dicho que tenía un temperamento ardiente. ¿O es que era tan fría que quemaba? No, Daerys no se consideraba una persona fría, menos con su hermano. No tenía derecho a quejarse.
Durante un segundo lo miró con desconfianza, igual se estaba burlando de ella.

La menor de los Celtigar no había olvidado el clima de la isla, de su isla. Había añorado Isla de Zarpa desde la primera noche que tuvo que pasar en Marcaderiva, como hizo cuando aún era una niña y se marchó a Desembarco por pronunciar las palabras equivocadas en el momento menos indicado. Sabía que se trataba tan solo de un simple comentario, pero aquel tipo de cosas sin importancia punzaban su corazón como agujas envenenadas de nostalgia.

Le acompaño en su dolor. Daerys confiaba en su hermano, y no se hubiera atrevido a poner en duda sus palabras -al menos no aquellas-, pero durante un segundo dudó. Era perfectamente consciente de que Alysanne nunca había sido del agrado de Alyn, no por por nada que hiciese mal, sino desde el momento en el que la vio por primera vez. Ambos, desde que regresaron de su visita a Marcaderiva, se habían mofado juntos de los hermanos Velaryon. De la galantería con la que hablaba Monfort; de la fragilidad que siempre mostraba Alysanne. El Señor de las Mareas parecía a simple vista el caballero ideal, y su hermana la reencarnación de la Doncella, como él mismo solía presumir de la menor. Ambos encajaban en el perfil de aquellos príncipes y princesas ficticios sobre los que los bardos cantaban y relataban sus cuentos. Lástima que los Celtigar nunca hubieran sido muy dados a ellos.
Aún así, Daerys confiaba en que su hermano, en todo este tiempo, habría desarrollado cierto cariño y aprecio por la dulce Alysanne.

Frunció el ceño en cuanto escuchó el comentario de su hermano, y apenas un segundo más tarde ya se encontraba de pie frente a él, con sus ojos violáceos clavados, desde arriba, en el valyrio.
¿Qué tienes que decir ahora? —Exclamó victoriosa, jactándose como solía hacerlo cuando era pequeña. A Daerys nunca le había gustado perder y, al final del día, todos acababan dejándose vencer para no despertar su ira, lo que la enfurecía aún más.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Alyn Celtigar el Vie Jul 21, 2017 6:58 pm






"I still remember your light and it was streaming down and burning out my eyes"




—Desapareces por años, volviéndote Señora de las Mareas, ¿crees que eso no es frío? —si bien sonreía cuando hablaba, mirándole con ese extraño gesto que no dejaba claro si bromeaba o no, en el fondo el corazón de Alyn estaba resentido. Más allá de siempre asegurarse de justificar cualquier acción de Daerys, como el hecho de que su ausencia era culpa de la muerte del Velaryon, él había pasado meses terribles. Después de tanto, como siempre, terminó acostumbrándose pero eso no era algo que le quitase la amargura. Ya había vivido algo similar cuando se marchó a Coronas como doncella de la Reina y él tuvo que quedarse solo en Isla de Zarpa porque era “El heredero”. Lo terrible era que conocía lo suficientemente bien a su hermana para saber o presentir que estaba afectándole con palabras a pesar de no obtener una respuesta de su parte y por un instante, corto como un parpadeo, retorció ese cuchillo en el corazón de ella y saboreó la malsana venganza por ser la causa de su amargura.

Pero aquello se desvaneció cuando ante él se presentó tan desnuda como la luna cada noche y viéndole tratando de ser victoriosa, como cuando era niña. Por Daerys sentía muchas cosas y siempre le preocupó no poder emular aquello con nadie más. Al verla, era como si todas las preocupaciones desapareciesen de repente, como una caricia que le daba el tiempo para calmar su ansiedad. No por nada se volvía taciturno ante su ausencia y cada rincón de la fortaleza parecía empeñado a recordársela.

Para Alyn no era difícil entender lo que pasaba y lo que su corazón trataba de decir. Él tenía perfectamente claro que la amaba más que nadie pero el miedo por esas emociones llegó a él en su noche de bodas. Sabía también que esa noche, ella estaría en los brazos del maldito Velaryon y recordó haber bebido más de la cuenta, más que cualquier otro festejo. Alysanne en la cama le revolvió el estómago y el gallardo caballero se volvió una sombra en ese momento. No quería ver su rostro. Y cuando en medio del alcohol y las sombras se acercó a su esposa, cumpliendo con un deber impuesto y creyó ver a Daerys entre las sábanas, fue cuando terminó de comprender todo: No la amaba como un hermano sino como otra cosa. Y eso era una sombra que crecía lenta y poderosamente en su interior llevándolo a hacer cosas que solo servían para calmar su dolor, su ansiedad y el odio al destino que les había tocado vivir.

Se puso también de pie, ahora midiendo alturas. Viendo hacia abajo con ambas cejas levantadas mientras posaba una de sus pesadas manos sobre la cabeza de ella, blanca como la nieve.
—Que sigues siendo baja…— sonrió victorioso, llegando a liberar al final una carcajada hacia ella. Tal como había dicho el viejo Maestre, cada vez que Alyn estaba cerca de Daerys volvía a ser feliz y eso lo reflejaba ante toda la fortaleza.


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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Vie Jul 21, 2017 10:31 pm

Sangre de mi Sangre

Los labios de la Celtigar se abrieron para protestar, pero ninguna palabra salió de ellos, como si en ese mismo instante su mente se hubiese quedado en blanco. Pero no era así. Aquel comentario le había molestado, y sabía muy bien el porqué: A nadie, ni siquiera a su mismo hermano, le había dolido más su ausencia en Isla Zarpa que a ella. Él tenía a Jeyne, tenía a Alysanne. Daerys había perdido a Monfort, y había tenido que permanecer en una tierra que no era la suya para gobernarla y ocuparse sola de dos hijos. Se quejaba y le reprochaba su ausencia como si hubiese sido su decisión, como si hubiera tenido elección. Sabían los dioses que no había nada más importante para la joven que su familia, y que, cada día que había tenido que pasar lejos de ella, había deseado embarcar y volver a la fortaleza en la que nació. Pero había tenido que madurar, y que sacrificar sus caprichos y deseos para cumplir con su deber, y su deber ahora estaba en Marcaderiva.
Alyn estaba siendo egoísta.

Sus labios volvieron a cerrarse, sin soltar palabra. No le apetecía discutir, ni tampoco reprocharle nada, como estaba haciendo él porque, de modo jocoso o no, lo hacía.

Fue entonces cuando se plantó victoriosa ante él, hasta que este la imitó y se vio obligada a alzar la cabeza para alcanzarlo con sus ojos amatistas. Quiso mantener una expresión seria, pero la risa de su hermano se lo impidió, y al final una sonrisa se acabó dibujando en el rostro de porcelana. Luego quedó unos segundos en silencio, con la vista fija en él, mientras se decía lo mucho que deseaba que todos los días fueran así, como antes. Antes de que se casara con el Velaryon, antes incluso de que marchase a Desembarco. Antes, cuando eran niños y podían jugar juntos. Antes, cuando Bartimos aún vivía y Jeyne se veía feliz.

Cuando se quiso dar cuenta, su sonrisa ya se había desvanecido, y sus ojos miraban al suelo. Los cerró, tomó aire, y luego abrió los brazos para apresar a su hermano en ellos.
Os he echado de menos —confesó en un susurro sincero, deseando sacar de sí todas aquellas cosas que había tenido que tragarse en silencio, emociones envenenadas que la habían estado pudriendo durante los últimos años por dentro. Nunca las había revelado ante nadie, Monfort nunca fue su confidente. Solo con Rhaella había compartido sus inquietudes, y con Jeyne antes que ella. Desde entonces jamás había mostrado sus debilidades. No, a ojo de todos Daerys  era de piedra. La joven cinérea debía alzarse ante ellos como una estatua de mármol, fuerte y bella.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Alyn Celtigar el Lun Jul 24, 2017 7:28 pm






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Della princesa de la oscuridad, solo la luna podría ser capaz de acariciarle en esos momentos y eso generaba en Alyn un nudo de impotencia ante lo que se abría ante él. Conocía a su hermana tan bien como para saber cuándo ocultaba palabras con tal de no estallar y él había logrado algo que no debía: La había hecho sentir mal.

Como si de una mano invisible se tratase, pasó saliva por su garganta y la sintió presionada, quizás por la culpa. Eso era algo que solía pasar, más de una vez, pero siempre con Daerys, nunca con otra persona. Alysanne sufría en voz alta sus dolores y él la observaba y contenía pero porque era su deber hacerlo. Cada vez que ella lloraba aferrada a su pecho, llenando de sus amargas lágrimas la pechera de su armadura, él acariciaba los cabellos con real dolor en sus formas, pero en el interior, solo deseaba que se callase. Había una realidad y era que cuando pasó lo de Monfort, él ni siquiera pensó o recordó que era hermano de su esposa.

¿Eso lo hacía un hombre cruel o sincero? No le importaba.

Y eso se notó en la mirada de hielo que le dedicaba a su hermana sumido en sus más profundos pensamientos. Alysanne se había roto ante él y él no sintió nada. Pero Daerys bajaba apenas la cabeza y Alyn notaba como su corazón se quebraba al instante, haciéndole sentir vergüenza por sus acciones. Bajó la cabeza, aun de pie, notando la cabellera plateada de la joven, tan suave como siempre mientras ella le envolvía con sus delicados brazos, haciendo así que sus cuerpos se juntasen después de tantos años.

Respiró como quien por años ha aguantado la respiración y envolvió el pequeño cuerpo frente a él en sus propios brazos, bajando la cabeza llegando a posar su barbilla sobre ella. La mirada de Alyn, violeta y distante, estaba puesta en el fuego que palpitaba a solo unos pasos de ambos en medio de chispas y explosiones producto del carbón mientras sus labios se separaban para poder respirar con más libertad. Estaba petrificado pero no quería hacerlo notar. Manifestar tal debilidad ante Daerys sería algo imperdonable para él, incluso ahora, en medio de la noche, con el fuego cómo único testigo.

—Me has hecho falta…— susurró sin mirarle, con el gesto perdido y triste enfocado en la lejanía —Mucho…Es todo tan distinto aquí sin ti, Dary…— esas palabras, ese pequeño apodo que le colocó cuando eran niños y nunca había desaparecido. Dary, así fue como Alyn le llamó cuando su voz no era capaz de entender y formular claramente su nombre tal como era y luego quedó como un código para ambos.

Soltó un suspiro y ese abrazo que al principio fue inercia se volvió poderoso por parte de él, como si de un titán partido en mil pedazos se tratase. Ella, a pesar de no verle,  podría sentir su cabeza negando desde lo alto, respirando con rapidez mientras bajaba la mirada.
—Miénteme y dime que no te irás de nuevo…-



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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Mar Jul 25, 2017 8:26 pm

Sangre de mi Sangre

El calor de los brazos de quien te quiere siempre es más reconfortante que el del mismo fuego; eso pensó la Celtigar en ese instante en el que se aferraba a su hermano y enterraba el rostro en él. Daerys no se caracterizaba por mostrarse como una persona especialmente afectiva, incluso de niña su orgullo se lo impedía, pero era algo que tras mucho tiempo necesitaba. Era una de las razones por las que le gustaba regresar a Isla Zarpa. Su madre no esperaba a que la menor diera el primer paso, siempre se adelantaba y la llenaba de abrazos cada vez que la veía. Aunque Jeyne siempre tenía abrazos para sus hijos. Eso la hacía sentir bien.

Sin saber el porqué, sintió la increíble necesidad de querer echarse a llorar, pero ni la más pequeña lágrima brotó de sus ojos. Cuando abandonó por primera vez Isla Zarpa para mudarse a Desembarco del Rey estuvo llorando durante horas, hasta que los ojos empezaron a dolerle y se fueron manchando de rojo. Estuvo haciendo lo mismo las semanas que le siguieron, todas las noches, recordando a Alyn, a Jeyne y a Bartimos, así hasta que el cansancio la acababa derrotando y se quedaba dormida. Desde entonces jamás volvió a llorar. No lloraba cuando se caía, ni cuando recordaba a su familia. Tampoco lloró cuando recibió aquel cuervo con la noticia de que su marido había muerto por más que quiso hacerlo, y se sintió mal por ello.

Quiso corresponder al ruego de su hermano, decirle que se quedaría en su amada fortaleza, y quiso también creerse sus propias palabras. Pero sabía que no sería así, ambos lo sabían. No quería mentirse, ni a sí misma ni tampoco a él. Hacerlo solo haría más doloroso el impacto cuando volviesen a chocar con la realidad.
No puedo hacer eso —se negó, deshaciendo aquel abrazo para poder clavar la vista en él, y extendió la mano para acariciar su mejilla—. Seguiremos juntos. Tú, mamá y Alysanne podéis venir a Marcaderiva siempre que queráis, podéis ver a Daenerys y Aer.
Destruía sus utopías con un consuelo de niños, era consciente de ello, pero ¿qué otra cosa podía hacer? No podía entregarse a sus caprichos solo para contentarle, por más que quisiera. Era inmaduro e irresponsable, Daerys se había estado comportando así durante demasiado tiempo, y además ahora se disponía a hacer otra estupidez.

Se alejó de Alyn bruscamente y recorrió la estancia en busca de algo con lo que cubrirse.
No voy a ir a la celebración del día del nombre de Viserys —le anunció entonces—. Le mandé ayer un cuervo a Diana.
Se distrajo dirigiéndose al otro extremo de la alcoba, donde solo había dos prendas casi idénticas colgadas al lado de la puerta, aunque tardó en decidirse por una. Esperaba que su hermano le dirigiese una expresión de desaprobación, y no quería verla.

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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Alyn Celtigar el Mar Ago 01, 2017 11:02 pm






"I still remember your light and it was streaming down and burning out my eyes"




No es lo mismo, Daerys —refunfuñó su voz como un destilante hilo que escapaba de sus labios contra su voluntad. Claro que era diferente y ella tenía razón. Por momentos, sentía que la niña que era, completamente incapaz de seguir órdenes se había muerto junto con el Velaryon que había logrado domesticarla. La idea le molestaba, ahogándole un poco pero debía lidiar con ello. Quería creer, en el fondo, que Daerys sufría su destino y no lo disfrutaba pero, por otro lado el corazón se le partía a la mitad. Desde que el tiempo decidió que debían tomar caminos separados, Alyn se reconoció a sí mismo como un hombre amargado y desdichado. A pesar de sentirla en sus brazos como una pequeña paloma que se negaba a volar, en su alma notaba el poder de su fortaleza y por eso asintió a dejarla alejarse cuando buscó vestirse. Pasó saliva sin que ella lo notase, pero la mirada del Celtigar ahora estaba posada en cada curva de su cuerpo blanco de espaldas.

¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? A pesar de El Desconocido haber arrebatado la vida al Velaryon, ella debía volver a marcharse. ¿Acaso eso no era obvio? Sus pensamientos estaban perdidos en aquello cuando la voz de su hermana manifestó un cambio de tema rotundo. ¿Viserys? ¿Diana? ¿Ahora debían rendir explicaciones también a Diana de lo que hacían? Condenada bruja. No había evitado el doble matrimonio donde su hermana fue llevada como una mujer cualquiera a la cama del Velaryon y donde le hicieron entrega de una mujer débil y frágil a él que en nada servía a sus propósitos y ¿además le debían explicaciones?

—Ya veo. Es…entendible, Dary. Aun estás de luto. — susurró tragándose su furia que empezaba a generarle deseos de decirle que el príncipe podía morirse y Diana igual. Su cumpleaños le importaba tan poco como el color de los zapatos de un pescador pero, recordaba lo que había pasado con los Stark en el Norte y todos los que fueron parte de una rebelión. —Dudo que consideren una ofensa tu decisión. Posiblemente yo vaya solo. Alysanne aun…no está de humor para ese tipo de reuniones — dijo. Pero claramente, él no pensaba en lo que su mujer pidiese. De hecho, era más que posible que la llevase contra su voluntad para así mostrarle al Rey que los Velaryon festejaban el cumpleaños de su hijo también. A pesar de todo, ella era la tía de sus sobrinos y, mal o bien, necesitaba mostrarla en sociedad para que éstos viesen el devoto esposo que él era.

Fue entonces que descubrió algo que no había hecho. Sin siquiera notarlo, cortó el espacio que le separaba de su hermana y sin decir palabra, le envolvió con sus brazos por la espalda. Había sido tan ególatra que no había recordado algo vital para Daerys. Monfort estaba muerto; eso no era nuevo y ella, esposo o no, seguramente no sufría tanto su partida. Pero otra persona había muerto también que sí entendía, era cercana a su hermana menor.

—Querida mía, lo lamento tanto. Lo olvidé por completo. Ahora Diana es…— “La querida” del rey, iba a decir, pero sus palabras murieron en sus labios mientras buscaba cómo reemplazarlas. Cada sinonimo que llegaba a su mente no era mejor que el anterior por lo que Alyn buscó refinar su frase — Ahora la reina no está ¿Cómo…te encuentras después de ello? —

Habían hablado por cartas pero Daerys no era muy efusiva a través del papel. Quizás ahora, que estaban en el mismo cuarto, ella se sinceraría con él.
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Re: Sangre de mi sangre.

Mensaje por Daerys Velaryon el Vie Ago 04, 2017 8:35 pm

Sangre de mi Sangre

Claro que no era lo mismo, era muy consciente de ello, pero es que todo había cambiado, nada era como antes, ni volvería a serlo. Ya no era una niña, no podía seguir huyendo de las responsabilidades como había estado haciendo siempre, mucho menos ahora que Monfort ya no estaba y todo el peso de Marcaderiva recaía directamente sobre sus hombros. Tenía que aprender a liderar una casa, algo que no había hecho nunca, y se rodeaba de hombres leales a los Velaryon que parecían saber de todo mucho más que ella, quien se sentía una extraña en lo que desde hacía casi dos años era su "hogar". Amaba a sus hijos, pero en ocasiones, cuando sentía que toda aquella situación la sobrepasaba, deseaba que aquel enlace jamás hubiera tenido lugar. Que su hermano se hubiera casado con Alysanne, y ella siguiera viviendo en Isla Zarpa. Aquel doble matrimonio aún a día de hoy le seguía pareciendo absurdo. Pero era lo que había. No podía cambiarlo, solo aceptar la situación y adaptarse a ella lo mejor que podía. De nada servía lamentarse.

Le sorprendió gratamente que su hermano pareciera entender su decisión de no acudir a aquella celebración, pero pronto aquella sensación se evaporó apenas de sus labios salió la palabra luto. ¿Cómo decirle que no era el dolor por la muerte de su marido lo que le impedía presentarse en la Fortaleza Roja, sino el miedo? Daerys siempre se mostraba fuerte y valiente, pero en realidad volvía a comportarse como una niña pequeña, débil y temerosa. No quería mostrar esa faceta de sí misma, la odiaba, y le repugnaba la idea de que su hermano la viera así y la tratara con condescendencia, pero quería ser sincera con él, así que negó con la cabeza, aún dándole la espalda.
No pienso volver a poner un pie en esa fortaleza. Nunca.
Nunca salvo que el mismo rey en persona la citara allí, entonces no podría negarse. Pero si podía evitarlo, lo haría a toda costa. Aquel lugar solo le traía malos recuerdos, la hacía sentir mal, y la idea de volver a encontrarse con Aerys le causaba tanto terror como odio. Pero ¿cómo explicarle eso a Alyn? Había demasiadas cosas que él no sabía, cosas que no podía contarle. Jamás podría entenderlo.

Notó, con sorpresa, cómo el mayor volvía a abrazarla espontáneamente, para después mencionar algo sobre Diana que la Celtigar no alcanzó a escuchar. En cambio, la pregunta sobre la reina sí se hizo eco en sus oídos.
Todos dicen que Rhaella era débil y enfermiza —dijo en un murmullo, casi como si bajo aquella excusa pudiera aceptar su pérdida, como había hecho Poniente. Tragó saliva, con la cabeza gacha y los mechones de plata cubriendo sus ojos húmedos, mientras luchaba por desatar el nudo que tenía en la garganta—. Pero no es cierto —sentenció con rabia—, Rhaella era la mujer más fuerte que he conocido nunca.

Inconscientemente, sus uñas se clavaron en los brazos de su hermano, como si desahogando toda aquella fuerza en él pudiera retener las lágrimas. Pero le costaba. Nunca había hablado de aquello, nunca había vuelto a mencionar el nombre de su amada reina, porque su recuerdo era demasiado doloroso. La Reina Dragón había sido su segunda madre, y la había amado como tal. Había sido testigo de sus tormentos, la había visto agonizar cientos de veces, pero no había estado allí el día de su muerte. Daerys podía pecar en ocasiones de ilusa, pero una cosa había tenido muy clara desde que aquella noticia llegó a sus oídos: Rhaella no había fallecido, había sido asesinada por Aerys Targaryen. Y un mes más tarde casualmente Diana se presentaba como la Querida del Rey.

Todo aquello la asqueaba,  la llenaba de odio, de rabia, de cólera, y sentía que aquel fuego la consumía.

Día X Mes VII Año 284 | Aposentos de Daerys Celtigar, Isla Zarpa


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