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Una mano de hierro, otra de fuego

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Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Stannis Baratheon el Jue Jul 06, 2017 7:22 pm

Día III del mes VII



Hacía ya poco más de un año que Stannis Baratheon había hecho de la Fortaleza Roja su residencia habitual. Su puesto como funcionario real se lo exigía, su obligación para con la Corona y los Siete Reinos; detentaba el señorío de la fortaleza de Aguasdulces, hogar ancestral de los Tully, casa de cuna de su esposa, casa que él mismo se había encargado de extinguir. Pero su residencia estaba en Desembarco, y también su deber mayor.

Tras los muros grises de su alcoba y frente a un escritorio de roble y un candil carente de llama, el Consejero de Edictos del Rey Aerys II Targaryen revisaba documentos oficiales, cartas, manuscritos. Realizaba buena parte de las tareas pertinentes a su cargo como asesor real en materia de leyes y justicia: leer, verificar, llevar a cabo algún que otro nuevo edicto, y decretar, pocas veces. Pero le gustaba: aquello, servir y gestionar, y rendir cuentas en el campo de batalla, era lo que mejor se le daba, lo que más le satisfacía.

El día había llegado a su mitad. Stannis levantaba la cabeza de vez en cuando, para volver a bajarla de inmediato. Recto como una pica sobre su acomodo, fruncía el ceño con determinadas parrafadas, y ofrecía un rictus dubitativo para sí mismo. Se preguntaba dónde estaría su esposa, qué estaría haciendo. Cuando volvería. Tampoco moría de ansias por verla.

De repente, alguien llamó a la puerta.

Adelante —replicó tajante Stannis, sin alzar la cabeza del mar de pergaminos que inundaba su mesa. Permitió que el individuo entrase, sin dirigirle aún la mirada ni advertir su persona. Podía ser Lysa, o Syreo, su Espada. Por fin alzó la cabeza para reconocer la figura del segundo, sin mostrar asombro ni sorpresa. De hecho, el mismo Stannis había sido el que lo había hecho llamar.



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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Syreo de Volantis el Vie Jul 07, 2017 5:25 pm

Syreo venìa desde sus aposentos, nada muy pomposo ni recargardo, por el contraria sus dependencias eran humildes y sencillas, al punto de que cualquier noble de Poniente podrìa haberse sentido incomodo en ellos. A decir verdad Syreo no necesitaba más, su cama y una cajonera para dejar su ropa, ademàs de un atril para sus armas y armadura. Con eso era feliz, además que casi no pasaba en sus aposentos.

Al escuchar la autorizaciòn para entrar, giro el pomo de la puerta y empujo la pieza de madera reforzada con hierro haciendo chirriar las bisagras. Al entrar vio a Stannis sumergido en su trabajo, como de costumbre, con la vista clavada en los papeles y la pluma en su diestra, presta a garabatear o firmar los documentos. La vida de ambos había cambiado bastante desde el nombramiento del Baratheon como Consejero de Edictos, habían dejado la relativa paz y tranquilidad de Tormentas por la vida agitada y las calles atiborradas de gente de la capital.

- ¿Mandaste llamar por mi? - Sabía que así había sido, un mozo de la fortaleza le había ido a dar el aviso de que Ser Stannis lo quería en su despacho, pero preguntaba para confirmar aquello. El tiempo había pasado y muchas cosas se sucedieron en ese período, pero sin embargo la que mas llamaba su atención era la increible recuperación de Stannis, cuandolo conoció era un tullido, apenas podía mantenerse sentado y caminar era una tarea titánica, inclusive la cicatriz en su cuello parecía haberse atenuado dejando atrás la marca rosada que resaltaba sobre su piel blanca, hasta convertirse en una tenue linea que por cualquier desconocido, podría ser atribuida a una marca de vejez o a un pliegue de la piel. Su mente divagaba en estos pensamientos, mientras esperaba la respuesta de su señor.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Lysa Baratheon el Vie Jul 07, 2017 8:52 pm

Había puesto flores en su cabello, blancas como la piel suave de su cuerpo. Le recordaban a aquellas que crecían en los jardines de su hogar de la infancia y, a pesar de ser tan reciente la pérdida, Lysa intentaba acallar los pensamientos en su mente llevándolos a otro lado. No a lo que había pasado, sino a la belleza de las flores.
Ese gesto se volvió rutina mientras se miraba en los espejos de su alcoba, girando en sí misma para encontrar cualquier tipo de imperfección en sus cabellos rojos pero no, sus ojos distantes no encontraron nada. Las emociones que la ultima hija de los Tully callaba estaban encerradas debajo de muros tan gruesos como los del castillo donde vivía.

Catelyn, Catelyn, el blanco destaca en tu cabello…—decía a sí misma, siendo esa frase la que la nana de Tierra de los Rios le remarcaba de pequeña a ella y a su hermana. Sus dedos buscaron otra pequeña flor para agregar a su pequeño ajuar mientras sus ojos permanecían firmemente puestos sobre el reflejo que el espejo le devolvía. Fue entonces que pareció entender lo que acababa de decir y su rostro así como sus dedos se congelaron — Lysa…Quise decir Lysa. —

Por un instante vio como sus ojos se humedecían y sus labios buscaron separarse para tomar aire y tratar de calmar sus pensamientos. Apretó su boca y bajó el rostro, mirando alrededor, como si esperase que alguien le dijese algo por su pequeño malentendido a pesar de estar sola. Catelyn no tenía cabello ni cabeza para ponerle flores. A Catelyn ya no le quedaban bien las flores como a ella.

Necesitaba tomar aire y salir de ese cuarto, tratando así de volver a olvidar aquel recuerdo perdido que invadió su cabeza de repente. Ella tenía un esposo que la amaba y amaría como le quedaba su cabello mientras que Catelyn solo tuvo un esposo que la había mandado a morir

¡Por los Siete, deja de pensar en ella!
Tal como si fuese una treta, mientras más intentaba olvidar, más latente aparecía la figura de su hermana en su mente, como si la mirase y la juzgase en silencio.

Veloz era su paso mientras el largo vestido de detalles verdes y blancos parecía pelear con sus piernas. Sin saber a dónde dirigirse, solo buscando dejar de pensar, giró en uno de los pasillos buscando el despacho de Stannis, quien siempre tenía algo que decir. Seguramente notaría sus flores y diría que, efectivamente, eso complementaba en su rostro. Si no hablaba, seguramente la miraría y eso diría más que el discurso más largo.

...Sí, seguramente eso pasaría…

Acercó sus delicados dedos a la puerta, temblorosa sin razón alguna cuando escuchó una voz en el interior. Stannis no estaba solo. Cada centímetro de su cuerpo se congeló. ¿Podría ser el rey? ¿Podría ser ese horrible hombre que habla en nombre del rey? Dio un paso hacia atrás y miró a su alrededor. Algunas doncellas pasaban; algunos caballeros deambulaban. Pero ahí continuaba ella, como una flor fuera de su propio jardín sin atreverse si quiera a tocar la puerta.
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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Stannis Baratheon el Dom Jul 09, 2017 2:33 pm

Tras echar una nueva y última ojeada, rápida, a uno de los documentos que reposaban sobre la superficie de su escritorio, se puso en pie, con rectitud, retirando con su mano hábil la silla por el respaldo para poder abrirse paso más fácilmente por el espacio de la alcoba.

Syreo de Volantis era su consejero y confidente más loable y cercano, su tercera mano. Casi dos años hacían ya desde que el guerrero rojo pidiera cobijo y hospitalidad en Bastión de Tormentas, ante un Stannis lisiado y señor, en funciones, por la ausencia de su hermano. Robert estaba entonces jugándose la vida por Lyanna Stark: la traidora, hermana de traidores, hija de traidores. No le agradaba recordar aquello, le enfurecía.

Con medio asentimiento de cabeza, el venado concedió respuesta a la pregunta de su mayor servidor, y comenzó a caminar por la pieza. Se detuvo ante un énser de madera con varias cajoneras; sin prisas abrió una de las mismas, extrayendo una bolsa de cuero, cerrada por un nudo.

Viró y volvió a caminar, dando la cara finalmente a Syreo. Le lanzó la bolsa al mismo, confiando en sus reflejos. El sonido metálico de la misma era capaz de revelar su contenido pecunario.

Ya sabes que soy justo con mis hombres, Syreo. Me has servido muy bien últimamente —comenzó, mirando con firmeza y seriedad al volantino—. Ve a la mejor herrería de Desembarco y cómparte una Lanza. Y de paso, llévate a un puñado de hombres y echa un vistazo por la ciudad. Ya sabes que no me fío demasiado de los capas doradas —muchos de ellos eran borrachos, ex delincuentes. Gente que había ingresado antes del nombramiento real de Stannis, no después. Ahora, los malechores de los Siete Reinos sólo tenían dos destinos: el Muro, o la muerte.



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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Syreo de Volantis el Mar Jul 11, 2017 6:22 pm

Observó a Stannis caminar por la habitación y dirigirse hasta un mueble con cajones, el sonido de sus pisadas resonaba en el salón. El lanzamiento de aquella bolsa no lo tomó por sorpresa, la coió en el aire sin mayores dificultades, no llevaba guantes por lo que pudo sentir la suavidad del paño y acompañado de esto, el peso de su contenido. El peso y el sonido delató efectivamente que era lo que contenía, de seguro algunas monedas. Stannis tenía razón, trataba bien a sus hombres y a sus sirvientes, era justo aunque severo en sus decisiones. No pudo hacer otra cosa al escuchar sus palabras, una lanza no le vendría nada de mal paara completar su equipo. - Muchas gracias mi señor, usaré estas monedas para lo que me dice. - Sabía que una lanza de primera calidad sería costosa, sin embargo dudaba que lo fuera tanto. - Aunque por el peso de esta bolsa, no creo usar todo este dinero, le traeré el sobrante. - Sentencio con tono solemne, no necesitaba mucho dinero para vivir, en la Fortaleza Roja le proveían de todo lo que necesitaba.

Escuchó atentamente las instrucciones de Stannis, compartía su sentimiento respecto a los Capas Doradas, era una institución inundada por el vicio y el pecado, la corrupción acampaba a sus anchas en los cuarteles y se había convertido en un engranaje más de la delincuencia en la capital. Afortunadamente con la llegada de Stannis a su cargo, el proceso de selección de oficiales y de la tropa se había mejorado sustancialmente, se había normado el proceso y los postulantes que tenían que pasar por pruebas, lo que sin duda los hacía mas profesionales y capacitados, ya no cualquiera podía pasar a formar parte de la guardia de la ciudad. - Como usted ordene mi señor, me llevaré a 5 hombres de inmediato. - Algo sobresaltó al Sacerdote Rojo y giró su mirada hacia la puerta de la habitación, no supo muy bien que fue, quizas un ruido, un aroma proveniente desde el exterior, volvió la mirada a Stannis con el ceño fruncido.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Lysa Baratheon el Jue Jul 13, 2017 6:22 pm



Familia, Deber y Honor

Las voces se perdían detrás de la pesada puerta, mientras la gente iba y venía, llegando algunos a verle de reojo. Lysa entonces buscó armarse del más insano de los corajes para acercar sus delicados y temblorosos dedos al picaporte cuando nuevamente la voz de Stannis resonó. Apenas si alcanzó a escuchar algo pero aquello se escapaba de su mente tan rápido como lo había oído.

“Syreo” creyó escuchar. ¿Se estaba refiriendo a aquel extraño hombre que muchos decían, adoraba una fe diferente a la de los Siete? Pero lo que en realidad le hizo creer que escuchaba algo importante fue creer que Stannis le pedía a aquel hombre que espiase la ciudad. Ella no comprendía acerca de las cosas que se llevaban a cabo en Desembarco pero, a pesar de que la traten como tonta que vivía en las nubes, comprendía que de los espías se obtenía información que luego se usaba en contra de las personas. Podría entrar como si nada y hacer como que todo estaba bien pero, sabía que formular palabra le sería imposible y ni siquiera su esposo era tan apático como para no notar que estaba contrariada y ansiosa ante el temor de algo que no era más que una posibilidad.

Dio dos pasos hacia atrás cuando una de las doncellas apareció a sus espaldas, mostrándose hábilmente como un ratoncillo, con voz baja, hablando a su oído.

—¿Os encuentra bien, mi Señora? — Ojos profundos y mirada afilada, solo un tonto pensaría que Lysa se encontraba bien en ese momento pero su pregunta era claramente una forma de llegar a la mujer de cabellos rojos y mirada atemorizada —Parece que ha visto un fantasma…—

Pasó saliva la temerosa ex Tully y volvió los ojos a la puerta. Si Stannis se enteraba que estaba siendo espiado, así sea por accidente, seguramente se molestaría. Necesitaba pensar cómo complacer la pregunta de aquella doncella entrometida y, a su vez, asegurarse que su esposo no sabría jamás que ella había escuchado más de la cuenta.

—Nauseas…— alcanzó a decir mientras bajaba la mirada y llevaba sus manos hacia el estómago. —Iba a ver a mi esposo cuando sentí mareos. Acompañadme, por favor, a mi alcoba. No deseo que me vea pálida o…mareada — dijo suavemente, casi posando una mano sobre el brazo de la víbora vestida de doncella que no pudo ocultar su sorpresa ante tal pregunta.

—Mi señora ¿Y si eso es por una feliz noticia? Deberíamos comunicarle a vuestro esposo la posibilidad — empezó a decir la doncella mientras Lysa negaba con la cabeza rápidamente. —Os ruego, acompañadme, no me siento bien. —empezó a decir buscando desaparecer de ahí antes que algo llamase la atención de los hombres en el interior del despacho y le viesen, teniendo entonces que inventar la excusa más rápida del mundo para poder ocultar el accidente en el que se vio envuelta por quedarse demasiado tiempo detrás de una puerta.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Stannis Baratheon el Lun Jul 17, 2017 5:34 pm

Lo que sobre puedes gastártelo en otro tipo de acero o lo que quieras. Es tu paga —concluyó.

Cerró la cajonera de la que había extraído la bolsa, y acto seguido volvió a caminar por la habitación, esta vez con las manos a la espalda y la cabeza gacha. Pensativo, mientras su exótico subordinado aceptaba con claridad y disciplina su encargo. A Syreo de Volantis siempre le había visto como un hombre riguroso con lo que hacía, y justo, aunque su lucha final fuera bien distinta a la que perseguía el propio Stannis. Él nunca se había opuesto al empeño del essosi por propagar la Fe del Dios Rojo por Poniente; de hecho, dentro de su ateísmo, el venado sentía cierto interés por aquella devoción. Aún no olvidaba su convalecencia de años atrás, el sueño que había tenido estando postrado en cama, moribundo.

Cuando el sacerdote estuvo a punto de salir de la alcoba para cumplir con su cometido, algo ocurrió. Syreo se cercioró de ello, y también Stannis. Un sonido, una presencia, al otro lado de la puerta. Ambos cruzaron miradas de extrañeza y alerta; el Baratheon deshizo el lazo de sus manos en la espalda y apretó los puños, en tensión. Chirrió los dientes.

Parece que tenemos visita —musitó, mirando en dirección a la puerta—. Ve a ver quién es, Syreo.



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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Syreo de Volantis el Mar Jul 18, 2017 5:58 pm

Sin mas preámbulos, ante la orden de Stannis asintió con la cabeza y automaticamente se llevó la mano al pomo de su espada mientras con la otra guardaba la bolsa con monedas en sus ropajes. Con paso firme y decidido aunque sin emitir ruidos para tomar al posible espía por sorpresa llegó hasta la puerta y la abrió jalando de ella rápidamente. a primera vista en el exterior no había nadie por lo que avanzó hasta el medio del pasillo y miró a ambos lados. Pudo divisar un par de siluetas en la distancia, el pasillo era largo y las dos personas casí se perdían en una curva al final. - Alto ahí! - Exclamó con voz fuerte, casi gritando, antes de salir al trote detras de ambas siluetas.

Corrió por el pasillo sin fijarse en realidad si las personas se habían detenido o no, estabamos en la capital y si alguien estaba espiando a Stannis, era un peligro que había que contener. Al llegar hasta las siluetas, se detuvo de golpe, algo sorprendido al reconocer a una de las personas. - Mi... Mi señora... - Syreo se sintió algo avergonzado, no había sido su intención hacer sentir mal a la esposa de su señor, pero era su deber y a la distancia era imposible distinguir quien era quien, a la otra mujer no la conocía pero supuso que erauna sirvienta de la Fortaleza. El sacerdote hizo una reverencia con su cabeza en señal de saludo, respeto y hasta cierto punto de disculpa, por haberla importunado.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Lysa Baratheon el Mar Jul 18, 2017 8:00 pm



Familia, Deber y Honor

El grito en el pasillo golpeó como un eco aterrador en sus oídos. Sin darse cuenta, ella misma había ahogado un grito mientras sus dedos se volvían garras que sostenían a la sirvienta por el brazo. De haber podido correr, tal como si fuese el impulso de un animal aterrado, lo habría hecho. Ese hombre sabía todo lo que había pasado y venía a decirle que había cometido traición ¡Eso era! Ese lugar era un infierno y ella estaba en medio de él.

—¡Déjame ir! — exclamó entre sollozos mientras veía a la sirvienta, cada vez más confusa ante aquel desplante de la mujer de Stannis Baratheon. No había hecho nada, solamente trataba de convencerle de ir a hablar con su esposo luego de verla congelada frente a la puerta de su despacho pero ahora Lysa parecía estar a punto de sufrir un ataque de nervios ante ella.

—Mi señora, yo no…—

Lysa vio como Syreo se acercaba a ambas y rápidamente fue hacia él y se puso en un estado de nervios notorio, con las manos temblorosas, señalando a la joven.
—¡No sé qué quiere! ¡Dígale que me deje en paz! —estaba a punto de romper en llanto cuando la sirvienta se notaba contrariada ante el giro que acababan de tomar las cosas.

—Yo no…Mi señora me dijo que se sentía mal y le sugerí que podría estar esperando un niño y…que deberíamos comunicarle eso a su esposo…—

Lysa ahora se encontraba en una situación donde nunca pensó verse y esas palabras, tajantes como un cuchillo, más allá de ciertas, tocaron su corazón. Seguramente ella sabía que no podía estar embarazada porque todos en la maldita fortaleza sabían todo. Seguramente sabía que ella y su esposo no yacían juntos y se estaba burlando de ella como todas las doncellas en la Fortaleza Roja. Seguramente quería ganarse la confianza de todos arrastrándose en su presencia a la alcoba de su propio esposo ¿No era eso lo que hacían? ¿No era eso lo que en más de una ocasión llegó a notar cuando ellas susurraban unas con otras en su presencia incluso?

—Ella estaba detrás de la puerta del despacho de mi esposo. Estaba escuchando…Yo la vi y cuando me vio, me sujetó del brazo y comenzó a llevarme... — empezó a decir Lysa ahora con las manos sosteniendo el brazo de Syreo como buscando en él una defensa. Sus ojos lloraban más allá de no pestañear, viendo fijamente a la doncella que estaba totalmente atónita ante aquello. — Le rogué que me dejase pero no lo hacía. ¿Por qué espiabas a mi esposo? ¡Qué estabas haciendo ahí! — elevó su voz un poco más mientras la muchacha negaba sin comprender, buscando en el hombre que las había detenido un poco de apoyo.

—¡Usted estaba detrás de la puerta! ¡Yo la vi! Le juro que yo no…yo la vi ahí y…—
Lysa había tenido miedo antes pero nunca, jamás como en ese momento. Su cuerpo era una hoja de papel al viento y así de pálida estaba también pero había tanta rabia contenida con las doncellas y la misma fortaleza que su accionar fue automático. Retrocedió un par de pasos y luego miró a Syreo como si no entendiese de lo que la sirviente estaba hablando. Pocas cosas sabía Lysa Tully Baratheon pero una era casi palabra santa entre las altas cortes: Aquello que una sirviente tenga que decir nunca era más importante que la voz de una Dama.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Stannis Baratheon el Miér Jul 19, 2017 1:46 am

No mutó un ápice de su postura ni de su gesto mientras Syreo se incorporaba para asir el pomo de la puerta y abrirlo, tampoco cuando bajo el umbral quedó descubierto el intruso que les espiaba desde fuera. Estaba huyendo, tarde para reconocerlo. El volantino inició la carrera tras de él, y Stannis Baratheon le siguió, con paso calmo y pies de plomo, por los pasillos de aquella torre. ¿Quién podía estar interesado en indagar en una conversación tan banal como la que estaba teniendo hasta ahora con su consejero? A no ser, claro, que aquel espionaje fuera práctica habitual. Mientras avanzaba por el empedrado, la ira comenzaba a crecer en él, como una llama, de los pies a la cabeza, imaginándose aquel último escenario, cuando…

¿Lysa? —preguntó, atónito. Contadas eran las veces que había llamado a su esposa por su nombre, y lo cierto era que pocas veces le había puesto en una tesitura como aquella. La ex Tully se encontraba junto a Syreo y una muchacha a la que Stannis conocía de pasadas; era una de las damas de compañía de su mujer, o algo del estilo.

Se quedó en silencio algunos segundos, con el ceño fruncido y la quijada firme y tensa, mientras observaba aquella absurda y aparatosa escena. Así la veía Stannis, más allá de que su condición le obligase a juzgar lo que veía y escuchaba.

Sé que alguien estaba al otro lado de la puerta, y aunque en este lugar tan cínico es práctica habitual, el espionaje es un delito que se pena. ¿Quién estaba escuchando mi conversación con Syreo?



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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Syreo de Volantis el Miér Jul 19, 2017 7:06 pm

Ante la importante acusación que estaba realizando Lady Baratheon, Syreo no dudo ni un segundo en tomar por el brazo a la sirvienta, de seguro ser Stannis querrìa interrogarla para saber que estaba haciendo. La tomó lo suficientemente fuerte para que no pudiera escapar, pero lo necesariamente suave para no provocarle un daño mayor, aunque era conciente que si se intentaba liberar tendría que someterla. Con su brazo libre, intento poner a salva a su señora desplazándola suavemente hasta colocarla detrás de él, cubriendola así con su cuerpo.

Pocos segundos despues llegó Stannis, con el rostro sombreado por la tensión quien inmediatamente preguntó por lo ocurrido. Syreo se apresuró a responder. - Su esposa señala que esta sirvienta habría estado escuchando tras su puerta, y que al ser sorprendida por su esposa, la habría tomado contra su voluntad y justamente ahora, se la llevaba a algun lugar desconocido. - Syreo no parecía contrariado, solo repetía lo que había escuchado y esperaba alguna orden por parte de Stannis. Observó a la sirvienta mientras la desplazaba contra una de las paredes del muro para tenerla más segura. - Mi señor... Que quiere que haga con ella? - Apuntó a la sirvienta con un gesto de su cabeza.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Lysa Baratheon el Miér Jul 19, 2017 7:28 pm



Familia, Deber y Honor

Temblaba, por supuesto que lo hacía. El tamaño de aquel extraño llamado Syreo era como una gran pared que la separaba a ella de esa horrible y entrometida mujer. Sus ojos verdes eran como los de un borrego aterrado y en gran parte lo estaba. Veía el pavor en los ojos de la sirvienta que rogaba en medio de balbuceos y lágrimas que dijese la verdad. Pero Lysa solo le miraba y sus delicados dedos se aferraban al guardián de su marido como si de un pilar de contención se tratase.

Cuando escuchó la voz de Stannis, por alguna razón, sintió que él vendría a juzgarle y sin darse cuenta, lejos de soltar a Syreo, le tomó con más firmeza como pidiéndole, en silencio y con el solo lenguaje corporal que la protegiese también de Stannis.

—Ella estaba…ella estab…Estaba tras su puerta no sé por qué.— estaba tartamudeando mientras veía la mirada oscura de él, y en su mente pensaba que estaba dudando de ella ¿Cómo dudar de ella? Pues, estaba mintiendo y Stannis no era tonto. Pero era tanto el pavor de su cuerpo y su mente en ese momento que sus lágrimas le vencieron y rompió en llanto sincero mientras miraba ahora a la sirvienta, tan o más aterrada que ella. Aunque, pensándolo realmente, nadie estaba más aterrado que ella. Nadie vivía a diario la tortura de ser observada y juzgada en silencio como ella.


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Stannis Baratheon el Jue Jul 20, 2017 7:00 pm

De aquel esperpéntico escenario, Stannis sólo podía tener certeza de una persona: Syreo. El volantino siempre le había sido leal, y franco, también, era la única persona que había merecido su confianza íntegra en todo momento. Así pues, fue a él a quien atendió, procesando con rigor su relato de los hechos. Y cuando este terminó, miró a Lysa. Su mirada pretendió ser inquisidora, fulminante. La confidencia con su esposa ni se acercaba a la que compartía con el sacerdote de R'hllor, pero con ella compartía un vínculo personal que le tocaba y afectaba más aún, moralmente hablando.

«Joder, otra vez llorando», pensó, hastiado. Emitió un suspiro de exhasperación, emitiendo una especie de gruñido, a la par. Se cruzó de brazos.

Entonces, según decís, esta sirvienta me estaba espiando —reseñó. Miró a la muchacha en cuestión, la cual si bien no había roto a llorar como Lysa, transmitía con su rostro un pavor que no fue inadvertido para Stannis. Se dijo que no sería demasiado duro con ella, pero sí justo— ¿Eso es verdad? —le inquirió.

Sabía que su respuesta, de ser negativa, no arreglaría nada. Dos testimonios opuestos. El venado entrecerró los ojos, ciñendo la quijada, pensativo. Podría darle la razón a su mujer; al fin y al cabo era eso, su cónyuge, y su posición social era mayor a lo de la otra. Es lo que haría la mayoría de la gente, pero no él. Chasqueó la lengua cuando ya hubo tomado una decisión. Stannis Baratheon no prevaricaba, jamás.

No sabemos si ella miente o no. Y si lo hace, está claro que viene encargada por alguien, pagada o amenazada —retomó, dirigiéndose ahora a Syreo. A partir de ahora, era el único que contemplaba en aquella conversación—. Acompáñala a su alcoba, y hazle algunas preguntas cuando esté más relajada. Ah, y de camino busca al capitán de mi guardia, dile que te ceda un centinela. Quiero mi despacho vigilado de sol a sol, a ver quién se atreve a pegar la oreja a la puerta a partir de ahora —Terminó con él y le indicó con la cabeza que se marchase a cumplir. Syreo tenía ahora tres tareas a su cargo, pero confiaba en que las cumpliría a la perfección. Así como también sabía que el volantino había entendido perfectamente la intención de las preguntas. Ya sólo le quedaba su esposa, a la que le dedicó una mirada seria pero piadosa; no le gustaba verla llorar. Le irritaba, y algo más—. Mi esposa puede venir a verme más tarde, cuando esté ás relajada. Ahora me marcho, tengo trabajo que hacer, y poco tiempo para gastarlo en estas estupideces —Y así dio media vuelta y emprendió la marcha sobre sus pasos, de vuelta a su alcoba.



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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Syreo de Volantis el Lun Jul 24, 2017 6:21 pm

El sacerdote rojo escuchaba con atencion cada uno de los nuevos aportes que se iban dando, sin soltar a la sirvienta a la que poco a poco se le iba poniendo el brazo de color rojo, por la presión de la mano. Entendió la instrucción y asintió intentando recordar el orden de los turnos para poder discernir la ubicación actual del jefe de la guardia. Hizo una pequeña reverencia a Stannis y Lysa y se retiró sin soltar a la sirvienta, la que iba extremadamente asustada caminando por el pasillo. A medida que se alejaban y la presencia de los Baratheon se perdía perdía a sus espaldas, poco a poco fue soltando su mano hasta solo sostenerla. No era adivina ni juez, pero sospechaba lo que podría haber pasado, aun así tenía una orden que cumplir y no dudo en hacerlo. Condujo a la sirvienta hasta su dormitorio, era un espacio desprovisto de varias cosas, aunque se parecía un poco al propio, pensó por unos segundos.

Le indicó que se sentará en el camastro mientras cerraba la puerta a sus espaldas. Lo primero que hizo Syreo fue pedirle que le contara todo, con lujo de detalles de lo que había ocurrido, acercó una silla y se sentó frente a ella para escucharla atentamente.

((Fin de mi participacion en este temaa. Gracias!))


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Re: Una mano de hierro, otra de fuego

Mensaje por Lysa Baratheon el Mar Jul 25, 2017 9:48 pm



Familia, Deber y Honor

Lysa observó como una simple niña todo lo que acababa de suceder y con el corazón apretado por un puño invisible, sus ojos no se despegaron de la mujer que Syreo, el hombre leal a Stannis, se llevaba contra su voluntad. Debía sentir temor, pena al menos pero su primer y más horrenda sensación fue de alivio. Al menos, no era ella.

La mirada de Stannis sobre ella fue un respiro de calma puesto que, era evidente que él no la culpaba pero, ahora quedaba la más marcada interrogante ¿Y si le creían a esa sirviente? No, no podía darse el lujo de pensar en ello. Nadie le creería más a una sirviente que a la esposa de un miembro del Consejo del Rey…
De cualquier forma volvió a su alcoba y se encerró ahí en completa soledad. Otra doncella quiso entrar a consolarle pero Lysa la echó sin explicaciones. Necesitaba pensar, era todo lo que quería hacer.

—¿Qué hice? ¿Qué hice? —empezó a preguntarse sin que las palabras saliesen de sus labios. Estos solamente se movían rápidamente como una letanía invisible. Sentía como la quijada temblaba ante esa acción y la mirada de la sirviente, totalmente aterrada. Pero entonces, recordó esas palabras malintencionadas de esa mujer para con ella.

—Mi señora ¿Y si eso es por una feliz noticia? Deberíamos comunicarle a vuestro esposo la posibilidad —
Sus facciones de porcelana se endurecieron entonces, apretando sus labios mientras se arrancaba las flores del cabello, rompiendo así su precioso peinado cayendo sus bucles de fuego sobre el rostro y el pecho a medio descubrir.

—…Lo correcto…— susurró para sí misma viendo frente al espejo su rostro enrojecido por el llanto y sus cabellos despeinados. —Fue correcto. Ella se burló de mi — pensó casi como si confesase su pecado ante su propio reflejo justificando así un acto de suprema cobardía.


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