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Mis Señores

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Mis Señores

Mensaje por Robert Baratheon* el Miér Jun 29, 2016 5:10 am

Caia el frío atardecer en Bastión de tormentas, el naranja del sol besando el horizonte se fundia con el gris que caracterizaba las tierras donde vivia. Lord Baratheon iba ataviado con un jubón negro con pequeños ciervos rampantes en gris, unos calzones a juego y una capa de color verde pino. entro al gran Salón donde lo esperaban sus vasallos a zancadas con la capa ondeando a su espalda, se oyó al fondo el chirrido de la puerta y despues solo los pasos hacían eco en el salon. Sabia que las personas que estaban ahí eran gente de fiar soldados y hombres... y mujer... fieros en batalla, aguerridos y hábiles con las armas.

Muy pocas veces había tenido que dar discursos pero no por esto se sentía nervioso, lo que lo llenaba eran las ansias de ver de nuevo aquellos ojos grises que lo habían desafiado en Harrenhal, esa sonrisa llena de fortaleza que adornaba el rostro de su amada; de Rhaegar se había olvidado por un momento, no quería amargar la creciente ilusión que sentía con solo pensar en su prometida. Las palabras eran pocas y ya estaban acomodadas en su cabeza, prefirió no beber nada, quería estar lúcido ante cualquier pregunta que surgiera en esta situación, por fin llegó al trono de su casa el cual era de madera el espaldar estaba labrado en forma de dos ciervos rampantes enfrentados y sus cornamentas se unian para dar el toque final a la parte superior del mismo. se oía el sonido amortiguado de las olas golpeando el risco en el que estaba construido la fortaleza.

se aclaró la garganta y repasó a sus convocados, el maestre Cressen estaba parado en la derecha de todos sobándose las manos mientras se fundía en sus pensamientos, a su lado se encontraban Lord Bryen Caron, Lord Morrigen (de quien Robert sabía ya su identidad), su tio Lomas Estermont con su típica sonrisa galante y Stannis recién recuperándose de su infortunio, sonrió y clavo su mirada en cada uno de ellos. -Mis Señores... Como ya os he dicho antes la guerra esta mas cercana de lo que todos esperábamos y ahora aún más.- Tomó la carta de Ned y la movió en su mano. -Ahora sabemos donde esta mi prometida Lyanna Stark y como sabrán no me quedaré aqui sentado esperando, asi que partiré al sur, a la Torre de la Alegría en Dorne. Ire en una tropa pequeña con 8 hombres y el maestre Cressen, Necesito que La... Lord Morrigen haga lo mismo, vamos a partir con medio dia de diferencia y evitando a toda costa alcanzarnos, no quiero que vean un grupo tan grande, serás mi refuerzo en caso de que algo salga mal.-

El siguiente era su tío Lomas asi que se rasco la barba y habló a él mirándolo fijamente -Tío, tu tienes la tarea mas importante que pueda encomendarte. Stannis partirá hoy mismo a Aguasdulces a concretar su boda. por esto el castillo no puede quedar solo y tu eres el encargado de que eso se cumpla, desde este momento eres el castellano de Bastión de Tormentas hasta que alguno de los dos vuelva, cuida de mis tierras y de mis vasallos lo mejor que puedas. tienes completa autoridad en las decisiones que se tengan que tomar, por ello te hago responsable de las cuentas y de las tierras.- Suspiró confiado en que su tío daba la talla para la tarea.

El señor de Nocturnia iba último, -Lord Caron, por ahora necesito que refuerces y entrenes a tus hombres para la batalla y te quedes en Nocturnia, en caso de necesitarte lo haré allá, bien sea para mas hombres, alimentos o medicina. cuento con vos y con todos ustedes- pasó su mirada una vez mas por sus vasallos -no olvidaré que me han servido y lo que están arriesgando al irse en esta locura conmigo. Maestre Cressen, lleva cuervos para Nocturnia solo uno, creo que lo necesitaremos.- El gran venado se sentó en su silla y suspiró - ¿alguna pregunta?-


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Re: Mis Señores

Mensaje por Melara Morrigen el Sáb Jul 02, 2016 12:46 am

La mirada felina de Melara Morrigen estaba puesta sobre Robert Baratheon, Lord de Bastión de Tormentas, cuyo nombre había sido doblegado por el dragón Targaryen. La Tormenta se había hecho esperar y ahora con la fuerza de mil potencias, caería sobre el pecador que había ofendido al Guardián de esas gloriosas tierras que su padre había defendido en vida.

De pie, cubierta por la capa que caía como cascada de ébano, Melara sonreía en su interior por aquellas palabras. Baratheon volvería a recuperar a su amada y la ofensa se reclamaría. Ella, como mujer, era capaz de comprender la terrible situación en la cual una doncella como Lyanna había sido puesta al ser secuestrada contra su voluntad y un príncipe que sentía ese derecho por encima de los demás, no marcaba ser mejor que el rey loco que le protegía.

No habló siquiera. Un hombre hablaba en su nombre y con la voz de hombre, siempre ante ella. Marcurio era aquel elegido para tal honor. Un muchacho hábil con el arco y audaz sobre el caballo. Un susurro a su oído hizo que el muchacho asintiese y con esto, habló en voz alta.

—Lord Morrigen acudirá personalmente y con él irá una escolta. La ofensa a la casa Baratheon es asumida como propia como siempre lo ha sido, desde que el primer Guardián de Nido de Cuervos juró lealtad a vuestros antepasados.—

¿Qué clase de locura había invadido la mente de Rhaegar Targaryen para cometer tal estupidez y, para colmo, acudir a una tierra como Dorne para cubrir sus faltas? Melara sonrió en silencio y sus ojos se entrecerraron. “La misma locura que acaricia la mente frágil de Aerys II, seguramente” pensó.
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Re: Mis Señores

Mensaje por Bryen Caron el Jue Jul 28, 2016 3:09 pm

Lord Caron había arribado hasta Bastión igual que los demás señores de Las Tormentas, pero a diferencia de otros no hacía alarde de su posición, acostumbrado a andar vestido de forma más práctica y cómoda que elegante y suntuosa, solo vestía telas frescas habituales en él debido a la cercanía de su hogar con Dorne, y cubiertas de una armadura ligera de cuero sin ningún tipo de señas.

Escuchó atentamente las palabras de todos los intervinientes, hasta que le toco el tiempo a él de recibir órdenes. Hizo una mueca con su boca ladeandola ligeramente hacia el lado, por unos momentos se sintió algo ofendido por la tarea que le había sido encomendada. ¿Se quedaría en la retaguardia?. Bryen era un hombre de acción, un hombre de espada y lanza, acostumbrado a las batallas y que lo dejaran relegado a una posición que normalmente se le da a los menos capaces o a los comandantes mas ancianos, realmente lo ofuscó.

Aun así sabía que debía cumplir con esa orden y replicó a las instrucciones, aun con un gesto de molestia en su cara.

- Mi señor, alguna otra cosa? Debo esperar a algo? Una señal? Un mensaje? Cuanto tiempo debo esperar antes de entrar a Dorne a sangre y espada, si su comitiva no regresa?

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Re: Mis Señores

Mensaje por Robert Baratheon* el Sáb Jul 30, 2016 7:45 pm

La vida en Bastión de Tormentas se estaba volviendo irónicamente tormentosa, lo bueno era que su hermano se había recuperado, sonrió ante las palabras de Marcurio y asintió con la cabeza a Lady Morrigen, era una mujer con mas pantalones que muchos lores de las tierras del sur, mas pantalones que algunos tormenteños, los planes se habían organizado en su cabeza y todo andaba tal cual lo había pensado, miro a los ojos a Bryen Caron y noto su mueca de disgusto eso irritó a Robert, si había algo que no le gustaba era las muecas cuando hablara, pero lo que mas le había ofendido era su reproche, no solo en la cara se le notaba la ofuscación a Bryen sino también en la voz.

Miro al Lord de Nocturnia y la ira centelleaba en los ojos del Venado de Bastión, no permitiría que lo desautorizaran nisiquiera si era un amigo como él lo era. -Lord Caron- bajo las escalas y se paró frente a él sin atisbo de enfrentamiento -Bryen, en batalla cualquier hombre es prescindible, todos somos mortales y no te ofendas- miró a Melara Morrigen o a lo que podía ver -Lord Morrigen esta herido y no va a entrar en batalla, algo que comparto, porque si es cierto que es bravo y valiente en batalla, no quiero que cometa un suicidio. Lord Bryen, tú eres un hombre bueno en batalla, remarcable y por eso necesito que sigas vivo, nos vamos a enfrentar a Arthur Dayne y aunque seamos mayoría no dudo que serás el primer en batalla, moririas por mí y eso lo se... por eso mismo te necesito para la rebelión que se esta construyendo, a ti y a tus fuerzas. - Respiró profundo, no quería armar un drama en su propio castillo. -Nocturnia esta cerca de la torre según lo veo, a... una hora a caballo o menos. Te necesito, muchos vamos a morir otros vamos a resultar herido, Lord Morrigen vive en Nido de Cuervos, si sabes de geografía sabrás que queda muy lejos, casi tan lejos como Bastión. Asi que... Como tu señor te ordeno que aguardes en Nocturnia a que lleguen los heridos para abrirnos las puertas, asimismo que tengas el salón de tu Maestre preparado para recibir al mio y curar a los enfermos antes que mueran. Si Lyanna... esta herida o algo le pasa confió en lo cerca que esta tu castillo. - La ira se apoderaba de el nuevamente, no le parecía justo que le cuestionara, después de lo que le había dicho en Nocturnia, pero por mas Robert no era un chiquillo y no iba a hacer pataletas baratas o a sacar conversaciones pasadas pero lo miro con sus frios ojos azules para que el entendiera lo que quería decir. -Si algo extraño pasa, un caballo ira por ti y tus fuerzas, la idea de Eddard Stark es que no hayan bajas, por eso mismo no vamos a pelear a menos que sea el último recurso, pregunto de nuevo - se acercó mas a el y lo miró a los ojos, hablo en voz muy baja -¿Estan claras mis ordenes Bryen?- puso su mano en el hombro y le sonrió con camaradería, por mas que estuviera molesto detestaba pelear con quienes no eran sus enemigos. Se forzó a calmarse -Hagamos las cosas como las digo y verás que nada saldrá tan mal, necesito tus fuerzas Bryen en el verdadero campo de batalla, necesito un Caron en Nocturnia cuando mueras, Necesitas un heredero, tus tierras son tan importantes como las mías, eres nuestro límite con Dorne, si por alguna razón se unen a la Rebelión tu serás el puente entre las tormentas y los soles de Dorne, eres tan importante para mí como todos los lores de las tormentas y si te delegó esa posición es por el futuro de todos, ahora no lo entiendes... Pero si alguien muere en combate no quiero que sea un señor de las tormentas, ni tú ni Lord Morrigen, ni mi tío Lomas- suspiró esperando que sus palabras calmaran la furia de batalla y las ganas de sangre de lord Caron. Una tormenta se acercaba y sus territorios tenían que estar unidos.


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Re: Mis Señores

Mensaje por Bryen Caron el Dom Jul 31, 2016 6:19 am

Bryen asintió a las palabras de Robert, si bien quería entrar pronto en acción sabía que debía cumplir con sus órdenes, sea cuales fueren y sobre todo si provenían directamente de su Lord.

- Como usted ordene, se hará mi señor.

Por un segundo entendió la posible ofuscación de Robert, sus grandes ojos lo observaron directo a los suyos propios, penetrando casi hasta su alma. Si bien eran amigos y camaradas, Lord Baratheon estaba un peldaño por sobre Lord Caron en la pirámide social de poniente.

- Mi fortaleza y ejército es suyo mi Lord y siempre mis puertas estarán abiertas.

Golpeo su pecho fuertemente con su puño cerrado en señal de lealtad y compromiso y luego bajó su mano hasta su cinturón.

- Ahora si no hay nada más que discutir... Y con su permiso mi Lord, volveré a Nocturnia, tengo preparativos que hacer y el viaje es cansador.

Hizo una reverencia ante Lord Baratheon y un gesto con la cabeza a los demás señores tormenteños presentes para dar media vuelta y retirarse, saliendo al galope desde Bastion de Tormentas con rumbo a Nocturnia.
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Re: Mis Señores

Mensaje por Robert Baratheon* el Jue Ago 04, 2016 5:18 am

Robert estaba esperando que algunos de sus lores tomara alguna otra palabra, bien fuera para aclarar dudas sobre la Rebelión o simplemente con la misión de la Torre, cuando Bryen se fue no sabía como sentirse, su reacción no fue la que esperaba, ¿no le había dicho que era su amigo?, ya comprendería luego porque había hecho las cosas como las hice, si en algo estaba seguro es que muchos iban a caer ese día, y necesitábamos a alguien de valor allá. -Señores, Tio Lomas, Lord Morrigen, Stannis, ustedes y sus casas menores y sus caballeros son importantes, no los descuiden ahora, no queremos sublevados.- volvió para sentarse "Me falta alguien, donde esta ese imbécil de Lyonel... debe estar embriagandose otra vez, o acostandose con alguien. Ya lo agarrare solo." Sus pensamientos parecieron llamar al joven, las puertas del Gran salón se abrieron y entro con su típica sonrisa. el Gran Venado se acomodo en la silla principal nuevamente, apoyó la cabeza en la mano y esta en un brazo de la silla.

lo miró de arriba a abajo y le sonrió con la mirada, su camaradería no se podía mostrar delante de los lores, aunque quisiera preguntar que tanto había hecho se limitó a la formalidad del momento -Ser Lyonel, temo que ha llegado muy tarde a una reunión importante- La risa estaba que le brotaba de la garganta -Ser Lyonel, te adelantaré ya que simplemente necesitamos a todos nuestros hombres. El principe Rhaegar Targaryen ha secuestrado a Lyanna Stark, mi prometida, por este motivo yo voy a marchar con Lord Morrigen al sur, hasta Dorne. - Su tono se tornó serio nuevamente, las memorias y la imaginación de Rhaegar y Lyanna lo tensionarón -Una gran guerra, una Rebelión contra el trono estrallará pronto, tenemos a los Arryn, los Stark y a los Tully, sin embargo, las tormentas también apoyan la rebelión y necesito tantos hombres como sea posible, por esto, te enviare a PiedraVerde a que envies el mensaje a Lord Estermont, Necesito que reuna a sus hombres, a todos, y enviaré un cuervo para que los traiga a Bastión, vamos a marchar juntos. Esa es tu misión y espero poder confiar en ti.- Se le había olvidado que estaba bromeando con él, el tema era tan serio como las vidas que se iban a perder por culpa del capricho de un Pincipucho con delirios de grandeza.



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Re: Mis Señores

Mensaje por Lyonel Estermont el Jue Ago 04, 2016 6:51 am

Esa mañana había sido mejor de lo habitual, pues normalmente se despertaba y simplemente hacía sus cosas del día a día, batallar, comer y beber, cosas que si bien no le desagradaban en su totalidad, ya se habían vuelto casi monótonas para el joven Lyonel. Se había despertado al lado de una joven de no mucha más edad que él a la cual había pagado sus buenos servicios y que estuvo con él como si hubiera sido el último de sus días, justo como le había pedido. Había además, ido a comprar una botella de vino después de darse cuenta que no tenía otra botella entre sus reservas, y había decidido que ese buen día no se terminaría por él no poseer su bebida favorita, después de comprarla y tomarla por supuesto, descubrió que era uno de los mejores vinos que había probado y ni siquiera el del Rejo que había probado ya hace mucho había sido comparación para su sabor.

Así que se llevó otras cuatro más. Y al probar el vino llegó a él un vago recuerdo de algo que debía hacer, algo relacionado con una... «Meh, no debe ser nada importante». Siguió su camino hacia su aposento, donde se encontró nuevamente con la dama de buenos servicios, se metió a la cama nuevamente tras desvestirse no sin antes darle otro dragón de oro a la dama. Qué bonita había sido esa mañana.

Pero, como todo lo bueno, siempre había algo que debía de hacerlo más gris, así que tras levantarse de la cama, se quedó pensando unos momentos en lo que debía de hacer «... Robert... Vasallos... ¡REUNIÓN, MIERDA!». Salió corriendo de su cama, no sin antes soltar una estruendosa carcajada en los pasillos de Bastión de Tormentas al recordar que aún no se vestía, tomó sus vestimentas y las acomodó nuevamente en él, ahora sin que sus partes íntimas se vieran, acudió a la reunión, con su botella de vino, claro está, nada haría que se separara de su amorcito de invierno.

Buscó entre todas las puertas de Bastión intentando localizar ésta ya que claramente no recordaba donde estarían aquellos hombres. Llegó a la reunión con prisa y con sus pantalones cayéndose pues no los había puesto del todo bien gracias al apuro, así antes de entrar a donde se encontraban los demás se acomodó los pantalones y entró con una sonrisa de satisfacción tras tomar un poco más de la botella del vino que tanto amaba formando así un pequeño bigote color carmesí en la parte superior de sus labios. Todo parecía tan aburrido al entrar que casi se duerme gracias a lo soporífero que estaba el ambiente. Vio caras conocidas, como la de Morrigen o la de Caron, pero su objetivo era Robert, que seguramente no estaría muy contento con que se apareciera en aquél momento tras un largo rato de haber empezado la reunión.

Las palabras de Robert llegaron a sus oídos tras que se sentara casi tirándose en su asiento correspondiente cercano al del Gran Venado gracias a su amistad. Las palabras de Robert no parecían propias de él puesto que su amistad iba mucho más allá de los términos con lo que debía nombrarse o las palabras sofisticadas, así que abrió la boca y dijo dejando escapar una carcajada. —¡Conmigo no uses tus palabras complicadas! —Y tras decir eso soltó una carcajada aún más estruendosa. —Nada de ser Lyonel, y nada de príncipe, di lo que es. ¡El malnacido Targaryen te robó a tu prometida, ve a por ella! —Exclamó recordando la ira de Robert cuando se había enterado y por consecuente, la derrota que sufrió a manos de él en el siguiente combate que tuvieron.

Tras terminar sus palabras dio una palmada fuertemente a su espalda esperando marcarla. Soltó una nueva maldición cuando Robert nombró a su padre, hace bastante tiempo que no lo veía y no poseía muchas ganas de verlo, era un hombre seco y sin mucho parecido a él, agradeció a los Dioses que se había criado con los venados o habría tenido la misma lentitud que las tortugas, y no quería pedirle nada a su padre. —Sabes que puedes confiar en mí. Iré, amigo mío, por la amistad que nos une. —Y por eso iba, pues no tenía otra razón para ir. Esperó que su padre fuera tan fiel a los Baratheon como recordaba que era, ya que en ese momento en que la guerra estaba cada vez más cerca necesitarían todo tipo de animales, desde pequeñas tortugas y truchas a grandes lobos huargos, águilas y demás, y cualquiera que se opusiera a Robert sabría porqué era el Gran Venado y él dejaría de ser la Tortuga que Ríe, como lo llamaban los idiotas que se burlaban, a ser la Tormenta que Ríe, puesto que a pesar de que los Baratheon reinaban en las tormentas, no eran los únicos que vivían allí y que poseían una furia implacable, y él era muestra viviente de ello.
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Re: Mis Señores

Mensaje por Robert Baratheon* el Mar Ago 09, 2016 9:40 am

off: SI TODOS ESTAMOS DE ACUERDO CERRARÉ ESTE TEMA CON ESTE ULTIMO POST. SI ALGUIEN MAS QUIERE POSTEAR AVÍSENME POR MEDIO DEL GRUPO DE WHATSAPP O POR MEDIO DE MP

La natural alegría de Lyonel hacía las cosas un poco mas llevaderas, no era fácil, planear una guerra, rescatar a tu prometida y además lidiar con problemas internos bien fuera del castillo o de el pueblo llano. Una sonrisa brotó de los labios de Robert esfumando temporalmente su ira, el chico Estermont tenía razón, no era momento de andarse con rodeos, volvió a su posición normal, mientras reía un poco de lo que decía su amigo de piedraverde. Si bien era cierto que los formalismos eran con los señores, los pocos que habían en ese salón eran gente de fiar a quien Robert consideraba mas cercanos. -Claro que iré amigo, lo sabrías su no hubieras llegado tarde a la reunión, espero que haya sido por una buena razón- su mirada señalo hacía sus manos las cuales estaban haciendo un gesto parecido a unos pechos grandes. -En este momento realmente no me importa si lo fue o no... luego me contarás- La lealtad de los Estermont no era algo de lo que se pudiera dudar en momento de paz y armonía pero ninguna lealtad era segura a la hora de una guerra contra la mismísima corona, si las cosas no salían bien casas enteras desaparecerían y muchas doblarían rodilla al bando ganador.

Palmeó de vuelta la espalda de Lyonel, su manos eran mas grandes su golpe sonó mas duró, esperó que el chico se sobara el golpe y soltó una carcajada, su ofuscación se había ido rápida y momentáneamente -Bueno mis señores y Lyonel... tenemos demasiado que hacer y poco tiempo, espero que podamos volver a vernos en este mismo salón para celebrar la recuperación de mi prometida-. Robert se levantó, abrió los brazos y despidió a los invitados para que todos cumplieran con su respectivo deber.


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